Volver al Coronel Perón

El 4 de junio de 1943 se produjo días después del anuncio surgido de la Cámara de Comercio Argentino-Británica de que el próximo presidente sería Robustiano Patrón Costa, socio de los ingleses en el monopolio del azúcar. Allí comenzamos a conocer al Coronel Juan Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.

Su mensaje era directo y simple señalando con obras al enemigo principal de aquellos tiempos: el Imperio Británico. Este dominaba nuestra economía y finanzas y por ende la política nacional y la cultura. La historia misma del país estaba amoldada a sus intereses, borrando un pasado glorioso de luchas populares. Todos los intentos de colonizarnos por la fuerza fracasaron. Pero luego, corrompiendo aun más a la oligarquía siempre cipaya, nos redujeron a una republiqueta bananera. Nos convertimos en exportadores de alimentos y materias primas e importadores de manufacturas, todo en manos de los ingleses. “Una virtual colonia británica”, según lo declarara el vicepresidente “Julito” Roca.

Explotación desvergonzada

Los barcos ingleses partían de Buenos Aires y Rosario cargados de granos y carnes que ellos revendían en Europa. Más las pocas manufacturas que traían esas naves les obligaba a volver con lastre para poder navegar. Y hasta ese peso muerto lo aprovechaban con piedras trabajadas en el viejo mundo como adoquines. Con ellos “pavimentaron” todas las ciudades del país, incluso en las provincias situadas al pie de la cordillera. Los jóvenes no podíamos creerlo. Como llevarse nuestros cueros y vendernos las pelotas de fútbol y el calzado para el pueblo era la alpargata. Y seguían las burlas depredadoras.

El Coronel Juan Perón pronto nos llenó de orgullo demostrándonos con hechos que salíamos de la esclavitud.

 

El nacionalismo se hizo bandera

Antes de Perón ya existía un nacionalismo en minorías acalladas por la prepotencia del dinero y gobernantes surgidos del fraude que llamaban “patriótico”. Pero tomaron fuerza e influencia los maestros del patriotismo nacional.

Los jóvenes de entonces leíamos esos libros “malditos” que editaba el valeroso Arturo Peña Lillo. Era poco lo que podíamos hacer detrás de ellos, salvo manifestaciones por Malvinas o contra el imperialismo, al precio de duras represiones policiales y la cárcel.

Cuando apareció el Coronel Perón todo comenzó a cambiar. Los nacionalistas aceptaron la popularidad que la justicia social reforzaba sus ideas de soberanía política e independencia económica. Así, con esas seis palabras de color azul y blanco y con una intensa obra para concretarlas como ideales innegociables, el criollaje aumentó su autoestima y lo siguió.

Ni Braden ni la oligarquía pudieron con esas olas humanas que ganaron pacíficamente las calles a cada convocatoria del líder y hasta se autoconvocaban para darle ánimo y defenderlo, como ocurriera el 17 de octubre de 1945. El buenazo de Yrigóyen, tan querido, ni ningún otro político había provocado en la historia una pueblada tan decidida a abrirse las camisas y poner el pecho.

 

Perón sigue convocando a la unidad

Según las últimas elecciones presidenciales, los justicialistas han demostrado que continúan siendo mayoría. Pero traiciones, clientelismo y apetitos desmedidos, siguen dividiendo para entregarnos al nuevo imperialismo, ahora anglo-yanqui.

El visionario estadista en que se convirtió el Coronel, dijo en 1974, poco antes de morir, cuando no se miente, frente al grabador del compañero Enrique Pavón Pereyra y escritas en el libro “Yo Perón” (pág. 418) algo que no nos cansamos de repetir:

“Si alguna vez llegase a haber otro golpe (que lo hubo), el pueblo quedará tan derrotado, que la vuelta constitucional servirá solamente para garantizar con el voto popular, los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos”.

Pero los golpes no nos mataron. Sabido es que “el tirano al único que no puede matar es al heredero”. Y el peronismo los tiene y bien adoctrinados.

No faltan los mamarrachos (“cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel”) que forman partiditos para una banca en el Congreso. Hacer la unidad bajo las tres banderas fundacionales del Coronel es hoy un deber. No debemos escatimar    sacrificios ni costos. Como diría el General San Martín, “andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios, pues lo primero es ser libres. Lo demás no importa.”

Con ese objetivo debemos volver a ganar las calles y la Plaza de Mayo con determinación y la alegría de tiempos pasados. Si los “dirigentes” lo comprenden, por esa vía de las tres banderas, y solo por ese camino, obtendrían el compromiso del pueblo para vencer al imperialismo y llevarnos a concretar el sueño de San Martín y Bolívar: la Patria Grande.Suramericana.

 

Podemos

Un compañero de la Resistencia Peronista, Osvaldo Agosto, ha dicho con razón que “hay muchos ‘peronistas’ pero no hay peronismo”.

Uno de los primeros grupos que surgió en setiembre de 1955 iniciando la heroica Resistencia Peronista, protestones incorregibles sin ninguna militancia comiteril, al ser derrocado por la traición el líder, formaron los llamados “Comandos Coronel Perón”. Lucharon hasta el sacrificio y retornó.

Volver al Coronel es volver a las fuentes más puras, estimulando a la unidad nacional y a la Unión Suramericana, llamando en su nombre a defendernos como él lo decía directamente. Ahora el enemigo no es una interna más, es el  imperialismo.

Por la Patria Grande,

¡¡VOLVAMOS AL CORONEL PERÓN!!

  • Visto: 2561

PERÓN ... Vence al tiempo © 2003 a la Eternidad.
Todos los derechos reservados a defender a la Patria.