Peronismo y la moneda

...Decía hace unos momentos que ningún bien económico es, en el sentir de nuestra doctrina, propiedad absoluta del individuo o del Estado.

La reforma bancaria, su consecuente reforma de nuestro sistema monetario y la inversión del sistema crediticio son, acaso, las mas visibles aplicaciones de aquel principio económico esencial.

En el sistema Capitalista la moneda es un fin y no un medio, y a su valor absoluto todo se subordina, incluso el hombre.

En la memoria de todos nosotros está el recuerdo de los tiempos en que toda la economía nacional giraba en torno del valor del peso.  La economía –y por lo tanto el bienestar social- estaba subordinada al valor del dinero y esta constituía el primer dogma inviolable de la economía capitalista.

Nosotros invertimos aquella escala de valores y decidimos que el valor del dinero debía subordinarse a la economía del bienestar social: Desatamos nuestro peso de su sagrado respaldo en oro.

Ello no significa negar el valor del oro. En un mundo que lo utiliza como moneda internacional, nosotros no podemos despreciarlo en su calidad de medio de pago internacional, aún cuando estemos convencidos de que, por lo general es mejor tener trigo y carne que dólares y oro.

Pero en el orden interno, la economía social de nuestra doctrina establece que la moneda es un servicio público que crece o decrece, se valoriza o desvaloriza en razón directa de la riqueza que produce el trabajo de la Nación.

Yo me pregunto si acaso es posible tener en circulación en 1951, con 13.000 millones de pesos de renta nacional, la misma cantidad de dinero que en 1945, cuando la renta era de 16.500 millones.

Para servir a un país de gran actividad económica se necesita mas dinero que para servir al movimiento económico de un país desarrollado.

El dinero tiene para nosotros un solo respaldo eficaz y real: la riqueza que se crea por el trabajo. Vale decir que el oro que garantiza nuestro peso es el trabajo de los argentinos.

El peso no vale –como ninguna otra moneda- por el oro que se adquiere con él, sino por la cantidad de bienestar que puedan comprar con él los hombres que trabajan.

Me tiene sin cuidado el valor que asignan a nuestro peso quienes lo relacionan con el oro o con el dólar, porque ni el oro ni el dólar engendran la riqueza. Por otra parte, ni el dólar ni el oro son valores absolutos, y en Felizmente nosotros rompimos a tiempo con todos los dogmas del capitalismo y no tenemos por que arrepentirnos. No les pasa, en cambio, lo mismo a quienes aceptan de buena o mala gana las órdenes o “sugerencias” del capitalismo y amarraron la suerte de sus monedas al destino de las que se acuñan o imprimen en la Metrópolis, cifrando toda la riqueza del país en las monedas fuertes que circulan por él sin producir otra cosa que capitales de comercio o de especulación.

Nosotros despreciamos, acaso un poco, el valor de las monedas fuertes y elegimos crear, en cambio, la moneda del trabajo, quizá un poco mas dura que la que se gana especulando, pero por eso mismo menos variable en el juego mundial de las monedas.

Mientras los argentinos quieran trabajar y se ingenien en producir, creando así moneda efectiva y real, el peso –cualquiera sea el valor que le asignen en los mercados del capitalismo, no entrará jamás en la crisis que le auguran desde 1946 nuestros obtusos críticos, cuyas finanzas giran alrededor del dólar, que, de paso, suele ser también la moneda que paga sus ataques y sus traiciones.

Señores: En términos de economía social, es necesario establecerlo definitivamente:La única moneda que vale para nosotros es el trabajo y son los bienes de producción que nacen con el trabajo.

La valorización peronista de la moneda no tiene como efecto final el incremento de los capitales, sino el aumento del poder adquisitivo de los salarios: Los salarios tienen mayor poder adquisitivo no en la medida del valor del peso, sino en la medida en que el trabajo que se paga con aquellos salarios produce bienes útiles a la comunidad.

Para realizar todo esto, la República Argentina ha tomado plena posesión de su moneda, convirtiéndola en un simple servicio público y aún cuando a algunas mentalidades capitalistas esto les suene a desplante o herejía, podemos decir lisa y llanamente que los argentinos hacemos lo que queremos con nuestra moneda, supeditando su valor al bienestar de nuestro pueblo.
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