La capacitación sindical

Discurso del 30 de abril de 1974 del entonces Presidente de la Nación , Teniente General Juan D. Perón, al inaugurar, en la CGT , los cursos de capacitación sindical para la conducción superior.

Compañeros:

Es para mí una inmensa satisfacción poder iniciar desde esta tribuna los cursos de capacitación para la conducción superior de la organización sindical argentina.

Siempre he sostenido que las organizaciones sindicales no valen sólo por él numero de cotizantes, sino más bien por la calidad de los dirigentes que la conducen y las encuadran. De esta manera, hablar de las escuelas sindicales es hablar de la cualificación, de la dirección y conducción de los gremios adheridos a la Confederación General del Trabajo.

Han pasado ya treinta años de cuando por primera vez pronuncie estas mismas palabras en la primitiva Confederación del Trabajo, entonces pequeña y sin una organización suficiente; pero el transcurso de estos años ha permitido observar, no solamente a la organización multitudinaria de los trabajadores argentinos, sino también la sabiduría y prudencia de sus dirigentes, formados en las escuelas sindicales que funcionaron durante los diez años de nuestros primeros gobiernos.

FACTOR PARA LA CONDUCCION

Una escuela sindical esta destinada a dar a la organización el factor más importante para su conducción acertada. El aspecto cuantitativo lo da él numero qué hoy conocemos y que aglutina casi totalmente a la clase trabajadora argentina. El aspecto cualitativo lo da, precisamente la calidad de los dirigentes que conducen y encuadran a esas organizaciones.

En este sentido, acabamos de rendir homenaje a un gran dirigente sindical: el compañero Rucci, que murió en su puesto de combate, sacrificándose por mantener incólumes los principios sobre los cuales pusimos la piedra fundamental de una organización que, en la comunidad argentina, representa un modelo y un ejemplo que todos deben imitar.

Esos son los dirigentes que deben salir de nuestras organizaciones escolásticas. Es indudable, que el conductor no se hace, el conductor nace; por eso, una escuela del aspecto conductivo de las organizaciones debe utilizar, perferencialmente, los hombres que por sus valores intelectuales y morales, surgen de la propia masa.

Seria inútil reclutar ni a los más sabios ni a los mas jóvenes para prepararlos, en consecuencia, estaríamos quizás perdiendo el tiempo.

Esta es una escuela para dirigentes ya formados, esos dirigentes que solos han fluido de la propia masa, a raíz de sus valores personales. Esos son los dirigentes de la conducción.

LA CONDUCCION

El conductor, en cualquiera de sus aspectos, es siempre un hombre que no sólo ha cultivado la capacidad de acción, sino también los valores morales que le dan la autoridad que necesita para conducir.

La conducción de la clase trabajadora no es un mero acto administrativo sino que es, precisamente, la aplicación de los principios orgánicos y de acción que rigen la actividad de los hombres quienes están destinados a realizar algo por el país y por la clase trabajadora. Es inútil la charlatanería de los que normalmente están siempre en contra de la realidad y de la verdad, de esos teóricos o especuladores que abundan como excrecencias malditas en todas las organizaciones de la vida.

Señores: durante los últimos treinta años hemos observado en nuestras organizaciones sindicales la presencia de muchos de estos falsos apóstoles, que han ido quedando en el camino despreciados y vilipendiados, como lo merecieron.

No se improvisaron los dirigentes cuyos valores morales e intelectuales los capacitan para la conducción. Los que llegan a ella es porque tienen valores reales, y quienes lo discuten son, precisamente, aquellos que en los hechos y en la acción de todos los días, no han sido capaces de demostrar semejantes valores.

LA ORGANIZACIÓN ARGENTINA

Compañeros: he recorrido casi todo el mundo y he intercambiado opiniones con los trabajadores de la mayoría de los países que he visitado. Individualmente, no he encontrado en ninguna parte del mundo una realidad organizativa como la que tienen los trabajadores argentinos.

Esta es una virtud que se premia con los resultados que observamos todos los días, en todas las actividades de la República. Hoy más que nunca, cuando la clase trabajadora, interviniendo directamente en la acción de gobierno, alcanza un pacto social que a través de un esfuerzo y a veces de un sacrificio de todas las fuerzas activas del país, posibilita recomponer una situación caótica que hemos recibido y que debemos reparar y reconstruir indefectiblemente, comenzando por el hombre, que es el valor decisivo de los tiempos.

Nosotros podemos tener una absoluta seguridad de que si nuestros dirigentes de la conducción asimilan las enseñanzas que se impartirán en estos cursos, se capacitarán altamente para la función que les compete.

No es que vayamos a formar dirigentes, vamos a darles armas a esos dirigentes para que sean más capaces en todas las ocasiones. Vamos a cultivar esa materia gris, sin la cual la vida no tiene norte ni tiene timón.

Estamos observando en el panorama argentino, a todos esos sabios sueltos e intelectuales ignorantes que quieren arreglar las organizaciones que ya están arregladas.

LOS QUE NO TIENEN CABIDA

Cuando se alcanza un grado orgánico, como el de la clase trabajadora argentina, esos tontos no tienen cabida en ninguna parte.

Es por eso que inicié esas palabras diciendo que tengo una inmensa satisfacción en dar este puntapié inicial a la marcha de una institución escolástica de los gremios, que ha de formar no solamente conciencias morales, sino también capacidades intelectuales para desempeñarse mejor en la tarea que incumbe a la conducción.

También –como dijera antes- no vamos a dar dirigentes; vamos a perfeccionarlos, porque si el dirigente nace, también el trabajo puede convertirlo en genio. Si la conduccion genial nace con el individuo, no es menos cierto que el genio también es trabajo.

VALORES MORALES

Trataremos de poner en las cátedras a los mejores hombres que tengamos. Esos mejores hombres no son precisamente, los que más saben sino los que más valores morales poseen. Porque en el hombre, lo importante es que sea bueno. Si ese hombre es bueno, hay que darle todas las armas, y si es malo hay que quitárselas, porque no servirán sino para hacer daño a sus semejantes.

Esta escuela sindical, que nace como organismo superior de la conducción de la organización gremial, tiene la tremenda responsabilidad de formar esos hombres buenos, de seleccionar lo mejor que tengan y de colocar a su frente a la intelectualidad necesaria, que este calificada con un profundo sentido moral, sin lo cual no vamos a llegar a grandes resultados.

Creo, simplemente, que se trata de formar hombres y para eso la escuela es simple. Hay que tomar al hombre y formarlo en las virtudes que lo califican mejor y luego enseñarle todo lo que se puede enseñar para que él, no solamente lo realice, sino que lo trasmita a sus semejantes y a sus subordinados.

A esa escuela de jefes -porque es superior- hay que adicionarle las demás escuelas sindicales para formar los almácigos de dirigentes de encuadramiento, los que están en contacto diario con la más; esos que se han ido formando a fuerza de dolor y sacrificio, para conducir a sus compañeros. Es a ellos a los que hay que ayudar también, trasmitiéndoles, por los dirigentes ya formados, la escuela que ha de servir de ejemplo para el futuro de las organizaciones gremiales.

UNIDAD EN LA LUCHA

No se puede pensar en la estabilidad de una organización cuyos dirigentes de conducción y de encuadramiento no tengan una concepción única que permita también una absoluta unidad de acción en la lucha y en el trabajo de todos los días.

Compañeros: Para terminar con estas palabras, que son más que nada un deseo y una aspiración que nace de los más profundo de mi corazón, quiero decirles algo a aquellos que actuarán en los cursos, en la enseñanza y en la dirección de la escuela sindical: si se forma una escuela seria, sincera, donde se trabaje fervientemente por adquirir los conocimientos necesarios para una mejor conducción, podemos descansar tranquilos sobre su responsabilidad, porque sabemos que han de cumplir totalmente la misión que se les encomiende.

Al iniciar los cursos, deseo que se acuerden siempre de cuanto vinimos diciendo desde hace treinta años: todo lo que sea esfuerzo y sacrificio para una organización unida y solidaria, es la función primordial que ha de caracterizar a la organización de la clase trabajadora. Si eso se realiza, podemos desde ya encontrar el éxito, que les deseo de todo corazón.


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