Carta al Dr. D. Joaquín Díaz de Vivar (19-08-1971)

Madrid, 19 de agosto de 1971.

Señor Dr. D. Joaquín Díaz de Vivar.

Buenos Aires

Mi querido amigo:

He recibido y contesto su amable carta del 12 de junio y comienzo por pedirle disculpas por la tardanza, pero recién la he recibido por conducto de Jorge Antonio, adonde Usted sin duda la dirigió. Le agradezco las informaciones en élla contenidas que me confirman mis anteriores convicciones.

Tal como se presentan los hechos en la evolución de la situación argentina, todo parece confirmar cuánto había intuido desde el comienzo: una situación perentoria que obliga a la "normalización institucional del país", dentro de la cual la dictadura militar se inclina a maniobrar a fin de poder cumplir sus designios y los que, como factores internos y externos, presionan.

Pero, por sobre la casuística gubernamental están los he­chos: o Lanusse da elecciones inmediatas como solución del problema político o se colocará en una situación muy peligrosa porque el tiempo comienza a jugar decisivamente. O se llama a elecciones en el menor plazo posible o los propios militares que ¡ conspiran pueden arrojarlo del poder de la misma manera que él arrojó a Onganía y a Levingston, dos señores que tampoco se ocuparon del tiempo, pensando que ellos podrían neutralizarlo : mediante una habilidad que brilló por su ausencia mientras gobernaron. En el caso Lanusse puede pasar lo mismo si insiste en seguir perdiendo el tiempo que hoy, más que nunca, resulta I valioso y decisivo.

Por eso, el apuro no debe ser nuestro sino de ellos porque el tiempo ha comenzado a jugar a nuestro favor y al de nuestro Pueblo. Si la mala intención los impulsara a proceder mal es probable que sucumban víctimas de su propio mal procedi­miento. En la acción política hay cosas que no se pueden hacer por la fuerza, menos aún cuando, como en el caso de Lánusse, solo se dispone de una fuerza demasiado aleatoria.

En medio de todo, si el factor tiempo es esencial, no lo es menos el "juego limpio" prometido que, hasta este momento, no se ha hecho presente en ninguna circunstancia. Pero, como en todas las cosas, en la política, "la mentira tiene patas cortas" y estos no son momentos ya para ensayar sofismas de dudosa calidad. El "Gran Acuerdo Nacional" va resultando así un verdadero pozo de sorpresas.

Frente a cuanto está ocurriendo, tengo la impresión de que tanto Lanusse como su "morganático" Ministro del Interior están "tirando a la larga", sin percatarse que en el pecado llevan la penitencia. Como quiera que sea, nosotros debemos res­ponder a éso con una conducta adecuada: si se normaliza la situación institucional del país, entregando el Gobierno durante el año 1972, podremos apoyar a la actual dictadura militar para que lo haga pero, si ese plazo se alarga, deberemos apoyar a los que están dispuestos a echarlo por la fuerza.

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Este es un problema que la dictadura tiene con el Pueblo Argentino, no' con Perón y es a ese Pueblo al que ha de responderle en hechos, no con promesas: que se convoque a elecciones libres, sin limitaciones, proscripciones ni "trampitas" pre o pos electorales; que se realicen de inmediato y que se entregue el Gobierno al que gane, junto con el Poder para que las Fuerzas Armadas puedan regresar a sus cuarteles, de donde no debieron haber salido nunca para enfrentarse con su Pueblo. Si estas cosas no se arreglan así, la dictadura militar debe considerar como un hecho insoslayable la continuación de la lucha por todos los medios a nuestro alcance.

CORRESPONDENCIA III

Estas mismas palabras la he hecho llegar a la dictadura militar y espero que, por su bien, las tengan en cuenta, desde que están dichas con la más buena intención. Sobre lo que se refiere a las "cuestiones personales de Perón", también les he aclarado que "no cuentan", porque aunque me correspondan muchas cosas legalmente, si la dictadura las niega, es ya cuestión de su conciencia y no de la mía. Otro tanto ocurre con la devolución del cadáver de Eva Perón, profanado por los mismos que hoy usurpan el poder: todo depende de que ellos quieran librarse, aunque sea en parte, de tan infamante acusación. En consecuencia, Perón no pide ni acepta nada. Hacer de ésto motivo de negociación sería un intento de soborno, que no estoy dispuesto a consentir.

En cuanto Usted que ha conversado con el Doctor Mor Roig, como verá si insiste en las mismas cuestiones: él quiere saber si yo aspiro a ser nuevamente Presidente porque, según él, mi renuncia sería prenda de paz. Ahora yo le pregunto ¿para qué quieren que yo renuncie? ¿Es que tienen en proyecto injertar a un General? No se habrán dado cuenta todavía que el Pueblo Argentino no votará por un General, después de lo que los generales han hecho con el país y con su propia institución. El Doctor Mor Roig se destruirá si sigue en sus inocentes pretensiones de servir intereses que no son los que corresponden a las aspiraciones del Pueblo Argentino.

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Bueno amigo Díaz de Vivar: creo que le he dado la lata: disculpas por ello. Pero, creo que las cosas están demasiado claras como para que ahora pretendan hacernos comulgar con ruedas de carretas. Usted imaginará las pocas ganas que yo puedo tener de ser nuevamente Presidente, pero, lo que no acepto, es que quieran imponérmelo quienes no tienen el menor derecho de hacerlo. Si he de aceptar es una cuestión puramente mía, como así mismo si he de negarme a hacerlo es cuestión en la que nadie debe intervenir: ¿no se ha prometido que el asunto electoral será sin limitaciones ni proscripciones? Le ruego que, junto con mi saludo más afectuoso, quiera aceptar mis mejores deseos. Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón

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