Carta al Sr. Julio Jorge Greco (30-07-1972)

Madrid, 30 de julio de 1972

Al Sr. Julio Jorge Greco

Secretario del Movimiento Nacional y Latinoamericano Buenos Aires

Querido amigo:

Hoy la Argentina está oficialmente ausente en la América latina, mientras poderosas fuerzas imperialistas buscan crear he­gemonías inadmisibles y satélites privilegiados dentro de la re­gión; triste espectáculo el de esta Argentina oficialmente ausen­te en el proceso emancipador de la América Latina, sobre todo si se la compara con aquella Argentina de veinte años atrás que, a pesar de estar hostilizada por poderosos intereses extrarregio- nales, dió importantes pasos para facilitar la unidad y liberación de la América latina, respetando siempre el principio de la no injerencia en los asuntos internos de otros estados.

Más triste aún es comprobar que los descendientes de aquellas fuerzas que en el siglo pasado se batieron en medio continente por la primera emancipación de nuestros pueblos, sean utilizados para arrojar al propio pueblo argentino, y que, desde la Patria de San Martín, haya quienes complotan contra el gobierno nacionalista y popular del general Velasco Alvarado.

Toda la América latina —y en particular Hispanoamérica- está reclamando la presencia oficial argentina en el proceso de unidad y emancipación continentales ¿Pero cómo vamos a tener participación en este proceso dentro de la gigantesca di­mensión de la América latina, si nuestros gobernantes ni siquiera tienen resuelta con el Uruguay la delimitación de la soberanía sobre el Río de la Plata? Es absurdo que las Marinas de los des­cendientes de San Martín y Artigas se peleen para vei^ quién remolca a un barco que se está incendiando, en lugar de Coope­rar estrechamente para apagar el fuego.

La Argentina y el Uruguay, ya mismo, deben resolver en la mesa de negociaciones todas las divergencias que existen entre ellos sobre el Río de la Plata o las 200 millas marítimas.

Lo importante es que los argentinos, defendiendo nuestros intereses nacionales vitales, pero con generosidad hacia los hermanos orientales, nos pongamos de acuerdo con ellos para que el Río de la Plata no se convierta en una cloaca promovida por nosotros o por terceros, y para impedir que modernos filibusteros vengan a operar dentro de nuestras 200 millas marítimas. Ningún barril de petróleo puede romper la unidad que nos impone nuestra común estirpe y nuestros comunes intereses vitales. En particular, la Argentina y el Uruguay, junto a los demás integrantes del sistema, deben exigir que la Cuenca del Plata sea utilizada en beneficio de todos y con el debido respeto de los intereses de todos. Además, ya, hay que hacer Salto Grande y El Palmar.

Esta ausencia oficial Argentina en el proceso de construir una nueva América latina es comprensible. Yo me pregunto ¿Cómo los gobernantes argentinos actuales van a promover la liquidación de las fronteras ideológicas afuera del país si las aplican adentro mediante la represión y la proscripción encu­bierta del mayor movimiento popular de toda la América latina? ¿Cómo van a promover afuera un régimen que se burla de los derechos humanos, y bajo cuya égida la mortalidad infantil ha dejado de ser un problema sanitario para convertirse en un genocidio colectivo? Dicen querer recuperar las Malvinas, pero ¿Qué han hecho para apoyar a Panamá a recuperar su canal, al que tan legítimamente aspira como nosotros aspiramos a nues­tras Islas? ¿Cómo se van a ir a mostrar como nacionalistas afuera, si han permitido la desnacionalización de nuestras em­presas, de nuestra cultura y hasta del aire que respiramos? ¿Cómo van a tener longitud de mira en su política latinoameri­cana quienes, con su miopía histórica, no se dan cuenta que hasta la propia existencia de la Argentina como Nación ya está amenazada?

Todo esto es lamentable pero pronto se terminará. La línea sanmartiniana se impondrá en las Fuerzas Armadas argentinas. Entonces el pueblo argentino verá fructificar su lucha para reimponer su soberanía, y habrá una presencia oficial argentina en la lucha por la segunda independencia de la América latina.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón

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