Carta al Cmdte. Solveyra Caseres (17-05-1959)

Señor Comandante Solveyra Casares

Buenos Aires

Mí querido amigo:

Contesto su carta del 8 de mayo pasado que me llega por mano del compañero Campos y le agradezco su recuerdo y su saludo que retribuyo con mi mayor afecto, rogándole lo haga extensivo a los demás amigos de esa.

Me alegro de recibir sus noticias, como asimismo que no haya dejado de trabajas en todo este tiempo, porque los días que corren necesitan de todos los peronistas de corazón, tanto para combatir a nuestros enemigos como para encarrilar a nuestros amigos y pseudoamigos, que a menudo suelen hacer macanas tan o mas perjudiciales que los ataques de nuestros adversarios. Trabajar lealmente por el peronismo no es difícil; lo complicado es trabajar para uno mismo con el rótulo del Partido, por eso, como usted me dice, "no todo lo que reluce es oro" o como diría Martín Fierro "no todos son domadores, muchos son frangoyadores que andan de bozal y riendas". Casi todos los jerarcas que han actuado y están actuando en estos últimos tiempos han carecido de grandeza y por eso han fracasado uno detrás de otro. Es el caso de Cooke, Albrieu y otros. La mayor parte de éllos han estado "vendiendo la liebre antes de cazarla" y las consecuencias no se han hecho esperar. Otro es el caso de Prieto, por ejemplo, en el que se ha tratado de una simple traición, pero la culpa ha sido de Cooke que lo metió en las funciones que un hombre inseguro jamás debió desempeñar. Yo desde 15.000 Kmts. de distancia no puedo estar en las cosas que se mueven allí y menos en los detalles de ejecución pero, si los dirigentes que tienen la responsabilidad de la conducción táctica no sirven para eso, ¿para qué sirven?

Yo como usted veo que la situación conduce al caos, que no se hará esperar mucho: el desbarajuste político, la anarquía social, el desastre económico, unidos a la insidia y la violencia en los sistemas de gobierno no puede conducir sino a una situación sin salida. La tendencia dentro de las fuerzas armadas está indicando que se va a armar porque llegará un día en que la gente se cansará y los milicos que, por cagones, son incapaces de pelear, tendrán por lo menos que decidir a la manera de las revoluciones brasileras: "preguntando cuanta fuerza tienen". Ese será el momento en que este gobierno de "chantapufis" y estafadores caerá sin pena ni gloria. Es precisamente para ese momento que debemos estar preparados y mi preocupación por la organización no tiene otra razón de ser. Todo el inconveniente ha estado en que los dirigentes políticos en vez de organizar las fuerzas políticas para enfrentar a nuestros enemigos se han dedicado a colocar a sus amigos en trenzas que les aseguren un éxito personal a éllos, sin darse cuenta de que ese es el mejor sistema para destruirse, porque "el horno no está para bollos" y no es momento de trabajar de zorro sino de león, y éllos han demostrado que son gatos.

Realmente lo único que se encuentra bien organizado es el Movimiento Sindical y sus cuadros son realmente capaces y leales. La resistencia es solo para algunos muchachos de buena voluntad que pujan por alcanzar un estado orgánico. El que más hace es el Pueblo que, en las actuales circunstancias, no necesita tanto de la organización como de una conducción adecuada para la lucha contra el Gobierno, que es lo que trato de hacer desde aquí por intermedio del Consejo Coordinador y en especial por el compañero Campos que, como buen grasa, es leal, desinteresado y capaz. Ustedes deben conectarse con él y ponerse a su servicio porque es por intermedio de él que yo conduzco allí.

A mí no me interesa tanto cómo se organiza el Partido Justicialista, porque esa es una actividad llamada a tener ocupados a los dirigentes políticos peronistas a fin de organizar esas fuerzas en todo el país, pero mis esperanzas están en el Pueblo que, en el momento necesario, se que obedecerán mis órdenes sin necesidad de intermediarios ni amanuenses inútiles.

Creo que todos ustedes tienen allí una tarea importante que cumplir y es la de tratar por todos los medios de evitar las peleas y las luchas entre peronistas, que ha sido la peor peste de nuestro Movimiento. Hay que evitar que las trenzas de los dirigentes tipo Albrieu puedan prosperar porque destruirán a muchos dirigentes inútilmente, porque tan pronto yo sepa de esas trenzas, los mato y la masa los entierra.

Las organizaciones espontáneas de que me habla en su carta son de un valor inestimable. Son las verdaderas organizaciones efectivas en lo político. Ya me han llegado cartas de algunos de ellos y les he contestado felicitándolos por la iniciativa. A mi no me interesa que se trate de Unidades Básicas o reuniones de amigos, lo interesante es que les lleguen las órdenes y las ejecuten a su hora.

Sobre lo que me dice de la Iglesia es natural. A usted más que a nadie le consta que yo, no solo no estuve contra la Iglesia ni los curas, sino que los ayudé a ambos de la manera que pude, como asimismo traté por todos los medios de hacer un gobierno cristiano. Monseñor Alumni sabe bien y sin reservas mi orientación. Yo no me interesaba de curas mundanos, así tuvieran alta jerarquía, pero jamás un sacerdote llegó a mi para pedir algo para sus pobres que no lo satisficiera en la más amplia medida. Es natural que Tato y Novoa, como Lafite, no fueran mis amigos porque sus funciones no eran para el pueblo ni para el sacerdocio, de acuerdo a lo que yo interpreto como realmente cristiano. Mi obligación terminaba donde terminaba la ayuda que la Iglesia debe prestar a los Pueblos, ya fuera en el sentido espiritual como material. Para hacer política oligárquica yo no podía ayudar a nadie desde que era un gobernante popular y no el representante de la oligarquía. Los que se pusieron en contra nuestra por esa circunstancia, sabrían por qué lo hacían, pero lo que si puedo yo asegurar es que la Iglesia no ganaba nada con eso y, en cambio perdía mucho frente al Pueblo. Ahora les asusta el Comunismo, pero deben confesar que los verdaderos culpables de lo que está pasando han sido muchos de ellos y el Vaticano que, engañado por los falsos informes de los que interesados, no quiso escuchar al Cardenal Copello y al Nuncio Zanín, que siendo dos hombres buenos y virtuosos se vieron anulados por los que se interesaban más por la política argentina que por la real conveniencia de la Iglesia. He visto esto mismo en Venezuela y en Cuba y me entristece que la Iglesia se mezcle en asuntos que, a la larga, pueden ser su propia ruina. Espero que el nuevo Papa, a quien juzgo un Santo Varón, humilde, humano y bueno, pueda poner coto a la mala política que se ha venido siguiendo en estos últimos años.

Yo no tengo conflicto alguno con la Iglesia. La que tiene un conflicto y grave con el Pueblo es la Iglesia Argentina, que ha llevado a las masas a una oposición que le costará desvanecer en muchos años. Por eso yo no quiero dar un paso en ningún sentido. Yo no quiero nada y nada tengo que pedir a nadie. Los peronistas estamos exentos de culpa pero, ni aún así queremos arrojar la primera piedra.

Le ruego que salude en mi nombre a los amigos.

Un gran abrazo.

Juan Perón

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