San Martin y una historia de hace 200 años con un mismo pensamiento: “Unidos o Dominados”

“...el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur, como prueba de satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que el General Rosas ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros”

De esta forma, el General San Martín legó su sable a Don Juan Manuel de Rosas, a pesar que la historia oficial argentina no interpreta con real actitud, la postura asumida por San Martín. Esta expresión sobre la historia es real ya que, el mismo Mitre escribe, hasta con ironía “...creyó ver amenazada la independencia y honor de su patria por las cuestiones de la Francia y la Inglaterra con el tirano Rosas (1845-1849), el pobre de Mitre, olvidó que Rosas era Argentino y que la escuadra anglo francesa atacó Buenos Aires.

¿Por qué el General San Martín, nacido un 25 de Febrero en Yapeyú, Corrientes, resolvió semejante e histórico paso, que trata de ser ocultado en nuestra historia?, estamos hablando nada más y nada menos del Sable que empuñó para luchar por la Independencia de América, arma de sustancial valor para los militares de cualquier época.

En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires “...resolvimos regresar cada uno a su país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar”,  “...preferí venirme a mi País “nativo”, en el que me he empleado”, o en otra oportunidad “...supe la revolución de mi país, y al abandonar mi fortuna y mis esperanzas, solo sentía no tener más que sacrificar el deseo de contribuir a su libertad”.

Tal vez, al también General Mitre, le debamos recordar la famosa frase que debe interpretarse con altruismo y patriotismo, “Serás lo que debes ser y si no, no serás nada”. (Mitre no es nada, porque miente).

Por aquella época, transitaban numerosos apellidos a los que San Martín también conoció, y hoy tienen una frondosa cobertura en los libros escolares,  A ellos nos les legó el sable: ni a la familia de Rivadavia,  Sarmiento,  Rivera Indarte,  Florencio Varela,  Esteban Echeverría,  Urquiza, y tantos otros, porque hay una sola respuesta a estos apellidos de aquellos tiempos: fueron traidores a su Patria.

Es cierto que, San Martín recibió sus primeros conceptos docentes militares en Europa, sus padres emigraron hacía ese continente siendo el General muy chico, pero su gran vocación, su espíritu guerrero, su pensamiento escondido dentro de su propia alma, que él solo conocía, lo hizo seguir la carrera militar y finalizó su campaña europea recibiendo el grado de Teniente Coronel. Después de su brillante actuación en la batalla de Baylén, algunos expresan que desertó del ejército español al ver la decadencia de la familia real, otros que solicitó su baja un 6 de Septiembre de 1811.

UN HOMBRE ARGENTINO LLAMADO JOSÉ DE SAN MARTIN

Al General San Martín, trataremos de presentarlo a través de algunas de sus innumerables correspondencias con amigos; conocidos o pensamientos de sus detractores, que los tuvo, como así también porque la historia oculta sus nombres, de alguna forma. En algunos pasajes nos sorprenderemos por sus declaraciones a pesar de estar exiliado de su país, que justamente, porque molestaban sus ideas independentistas. Por dicho camino transitaron el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas y el General Juan Domingo Perón, corriendo este último mejor suerte ya que, tuvo la oportunidad de volver a su país porque el Pueblo se lo propuso con una frase que todavía hoy puede tener significante gravitación, “ LUCHE Y VUELVE”.

Convengamos que comenzar a escribir sobre la vida de San Martín, no es lo que precisamente expresa Mitre en la historia de su autoría “...cuya resultante es la creación de naciones nuevas, San Martín nunca habló de naciones nuevas, y no luchó contra la propia nación que le dio la educación para esparcir América en decenas de naciones. El pensamiento del prócer era la Patria Grande,  unida contra el opresor.  Fueron los primeros cipayos predicadores de la misma política de Mitre, los que despedazaron los sueños de San Martín, Artigas, Guemes y Belgrano.

Mientras nuestra Patria se debatía en formalizar una independencia dependiente, según las apreciaciones porteñas,  EEUU establecía su autonomía  (1823) basada en  la Doctrina Monroe “... toda tentativa de las potencias europeas para extender su sistema, a cualquier punto del hemisferio americano, con el fin de oprimir a sus pueblos emancipados según sus principios de justicia o contrariar destinos, sería contraria a la felicidad y a la seguridad del nuevo continente, bajo cualquier forma que se produjera”.

Otra vil patraña de los estadounidenses, fue el bloqueo naval de Francia e Inglaterra, frente a Buenos Aires, y la entrada de sus flotas al Río Paraná defendido con hidalguía por nuestros patriotas en la Vuelta de Obligado, por orden de Don Juan Manuel de Rosas.

Así comenzaremos a entender a San Martín, el porque lega el Sable que el usara en la Independencia Americana a Rosas.

En 1947, el General Perón firmará el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) “...las partes contratantes convienen en que un ataque armado por parte de cualquier estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos”, como resultado de la Doctrina  Monroe y el TIAR, los EEUU apoyó a Inglaterra en la guerra de Malvinas, territorio Argentino.

Todo es historia, y a ella debemos remitirnos, por ello trataremos de ser los más imparciales posibles, a sabiendas que la documentación que presentaremos sólo nos lleve a ser cada vez más parciales, porque nosotros también entendemos que: Primero está la Patria.

La primer pregunta que nos hacemos sale espontáneamente de nuestra mente ¿Qué pasó por la cabeza de San Martín, para que dejara un país que le había brindado los momentos más extraordinarios de su vida, con una brillante carrera militar, y volver a su patria para encontrarse con los abatares de una nación que apenas conocía y se debatía en una lucha política interna?

Es difícil, ubicarse hoy, en lo sucedido hace casi doscientos años, teniendo el ejemplo de su segundo retorno a la Patria, donde no baja del barco que lo traía de regreso para no tener que tomar parte por algunos de los dos partidos que se enfrentaban en la conducción política, especialmente de Buenos Aires, aunque desde su exilio, lo haya tenido que hacer.

Si tomamos como ejemplo, que ya en el inicio de su campaña libertadora, desde Cuyo, tuvo que luchar contra los porteños que le negaban el apoyo económico para la creación del Ejército de los Andes, San Martín conocía lo que era lidiar contra sus mismos compatriotas que veían en el, a un futuro contrincante político. En 1950, Juan Domingo Perón, Presidente de los Argentinos, expresaba “...no necesita San Martín charlatanes que lo defiendan; necesita historiadores que sepan desentrañar la verdad y presentarla a los argentinos, esa verdad que es la grandeza de San Martín”.  Esta historia es facilitada por Revisionistas Históricos, como Jorge Perrone, Fermín Chávez, José María Rosa, entre otros, gracias a quienes nosotros podemos precisar una opinión que se ajuste más a la realidad, que discierna de ese San Martín cartulinado, que le presentan a nuestros niños las diversas revistitas de historia argentina, donde todo parece una película de amor y Patria, en la cual participaron con su apoyo hasta los mismos que estuvieron en contra de San Martín.

Hoy gracias a esos historiadores revisionistas podemos hacer aflorar el verdadero sentido patriótico de un pensamiento político que va mucho más allá de vender o comprar mercaderías en nuestro principal puerto.

Lo primero que enfrentamos en este relato, es la de desenmascarar aquellos que se posesionan en que la vuelta de San Martín, se debe a una planificación inglesa para ocupar posicionalmente ciertos lugares de América; estampa que desempolva San Martín al legarle el Sable de la Independencia a Rosas “...contra las injustas pretensiones de los extranjeros”, San Martín determina de esta forma, que tenía ideas y méritos propios.

Para comenzar, la lucha por la Independencia de América, a nuestro Prócer no le fue nada fácil “...me dice que pida y más pida para el aumento de fuerzas de esta provincia (...) le consta que lejos de auxiliarme con un solo peso me han sacado 6.000 y más dinero, que las alhajas de donativo de la provincia ( entre las que fueron las de mi mujer) me las mandaron remitir, que tuve que pagar cuarenta mil pesos de las 4.000 mulas remitidas al Perú, que mis entradas mensuales no eran más que 4.000 pesos(...) yo no espero más que se cierre la cordillera para sepultarme en un rincón en que nadie sepa de mi existencia; y solo saldré de él para ponerme al frente de una partida de gauchos si los mapuches nos invaden”.14 de Febrero de 1816.

“...por la Patria, vea usted al Director a fin de que este remita los vestuarios para cazadores, granaderos (...), sin este auxilio no se puede realizar la expedición pues es moralmente imposible pasar los Andes con hombres enteramente desnudos” 20 de Octubre de 1816.

“...si no puedo reunir las mulas, que necesito me voy a pié”. 15 de Diciembre de 1816.

Hablar de lo que tuvo que luchar San Martín para crear al Ejército de los Andes, es imposible relatarlo en un escrito que solamente pretende hacer conocer los sinsabores, que le hicieron pasar a nuestro Libertador, aquellos que gobernaban Buenos Aires, que terminaron con la idea de la Patria Grande desde Ushuaia, hasta el Perú.

Otra situación que no se esclarece definitivamente en la  historia, es  que el Ejército Libertador estaba conformado casi en su totalidad por esclavos y hombres de tez morena, a quienes San Martín nunca dejo de reconocer “¡Pobres mis negros! “, exclama después de la batalla de Chacabuco.  Esto es lo que no aclara la historia, que se dedica a mostrar granaderos almidonados “como de élite económica burguesa” cuando eran gauchos, negros y esclavos, los que hicieron la Patria, morocho como Cabral, que le inventaron el cargo de “sargento”, para no explicar que un gaucho es el que salvó a San Martín en la Batalla de San Lorenzo.

Y por si fuera poco, la solicitud de nombramiento del heroico Don Martín de Guemes, pidiendo se lo nombre a Teniente Coronel, a este hombre que en el pensamiento de San Martín : “...los gauchos de Salta, solos están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que han obligado a desprenderse de una división”, se refería a la lucha contra soldados realistas preparados para la guerra y Guemes, con la “chuza y la lanza no les permitía hacer pié en las Provincias Unidas del Sud. Hasta las notas de San Martín enviada al Director Supremo Gervasio Posadas fue ultrajada cuando solicitó la “...felicitación de estos gauchos (...) ellos solos le están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan temibles” suprimieron el termino  gauchos y con tinta corrigieron “patriotas campesinos” (no vaya a ser que la gente honrara a estos hombres de “chuza y lanza”).

Además creer, que San Martín era solamente un militar, es creerse que a las liebres se las agarra solamente corriendo, en este caso no debemos olvidar las palabras dirimidas a Rosas por nuestro Prócer “...que no se crean que los argentinos son empanadas que se comen solamente abriendo las bocas”, interesante nota para aquellos que sospechan que San Martín era ¡¡ agente secreto de Inglaterra!! En un escrito  dirigido a su amigo Godoy Cruz, expresa “...hasta cuando esperamos declarar la Independencia!! No le parece a UD. una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón, cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta, más que decidirse (...) ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”, Independencia traidora que logró trasladarse a Buenos Aires y tiempo después regalar los territorios para dividir a los americanos.

Este pensamiento sobre la Independencia debemos tenerlo en cuenta porque no solamente es el sentimiento de San Martín, sino, el de toda su oficialidad que   venía inculcando desde hace años. El hecho sucedido en Rancagua, en Abril de 1820, así lo atestigua, porque ante la dimisión del Libertador por la caída del Directorio de Buenos Aires que era el que lo había  nombrado se expresa “...la oficialidad rechaza la renuncia a la Comandancia de San Martín (...) los jefes y oficiales del ejército, entendieron que la autoridad de San Martín emana de la libertad de América y no de políticas municipales”.

Esa relación de San Martín con aquellos que enfrentaban a la “porteñada” y a los realistas le molestaba a muchos, especialmente a Rivadavia. Es así que hasta Don Vicente Fidel López expresaba estar contra San Martín, “...se había robado el Ejército de los Andes”, palabras más, palabras menos.

Esta situación termina agravándose con la llegada del General a Cuyo, cuando en una carta enviada a su amigo Guido le expresa “...creerá Ud. si le aseguro por mi honor que a mi llegada a Mendoza, al regreso del Perú, se creyó que mi objeto era hacer una revolución para apoderarme del mando de la provincia de Cuyo, y que se me enseñó una carta del gobernador de San Juan en la que aconsejaba se tomasen las medidas necesarias para evitar el golpe”. No terminan las penas del general en esta carta porque en otra dirigida por su amigo López de Santa Fe le dice que debe tener cuidado y le avisa de una trama que le están haciendo, y San Martín la explica “...se apostaron partidas en el camino para prenderme como un facineroso”.

Y para poco, estando ya en Europa, Manuel Moreno envía notas falsificadas sobre los pensamientos del general, lo que hace enojar a este “...si señor el coraje de V. Solo lo reserva para intrigas y picardías”, Sarmiento no se queda atrás “...ve en Rosas el defensor de la Independencia amenazada y su ánimo se exalta y se ofusca”, el 23 de febrero de 1853, frase redactada por el padre del aula en La Crónica de Chile “...la expatriación de San Martín fue una expiación. Sus violencias se han levantado contra él y lo han anonadado. Pesan sobre él ejecuciones clandestinas. Dejemos de ser panegristas de cuanta maldad se ha cometido. San Martín, castigado por la opinión, expulsado para siempre de América, olvidado por veinte años, es una digna y útil lección”. Pretende todavía Sarmiento, que el General se quede chocho por el ataque de Francia e Inglaterra a su País, este extraordinario General Libertador. En una carta destinada a Rosas expresa “...como argentino me llena de orgullo el ver la prosperidad, la paz interior, el orden y honor establecido”, algo que Sarmiento no lo puede llegar a entender nunca, porque siempre formó la coalición de los traidores a la patria.

En una misiva enviada a Bolívar manifiesta “...lejos de mi querida América, pero con el alma puesta siempre en ella, he seguido con verdadero interés y ansiedad el desarrollo de todos los notables y felices sucesos ocurridos “, ¿San Martín nunca estuvo informado?, esto desmerece el pensamiento de Sarmiento. Desde que accionó por última vez en su Patria, hasta el momento de su fallecimiento, San Martín razonó con simple y humilde ardor por su Patria.  Hasta su nieta le había comentado su temor por Sarmiento, luego de haber leído un periódico, dejado arriba de su escritorio “...el General San Martín piensa volver a Buenos Aires, no creemos que el gobierno se lo permita. Recordamos los acontecimientos del año 20. Si llega, un tribunal militar tendría que juzgarlo, es de temer un complot. Se le vigila. Cualquier intento sospechoso bastará para que se pronuncie la corte marcial”, (el  nombre del General expresaba miedo en los porteños de Buenos Aires).

San Martín había nacido en Yapeyú, Corrientes. En primera instancia comenzó sus estudios en Buenos Aires, de muy chico sus padres lo llevaron a Europa, donde  terminó sus estudios y tuvo una brillante carrera militar. Los formadores del Partido Unitario hicieron que emigrase a  Francia, quiso volver, no lo dejaron. Desde el puerto de Buenos Aires recibió todo tipo de atropellos y vejámenes escritos que el General nunca mereció. Regreso a Europa, y falleció en su departamento de Paso de Calaís, a las 15 hs. del  17 de Agosto de 1850, según Mariano Balcarce hasta el último momento conservó “...toda su energía y lucidez de su ánimo”, debe haber sido para contrariar a Sarmiento.

El 5 de agosto de 1838, le escribía a Rosas “...creía que este sistema, y más que todo, mi vida pública, en el espacio de diez años, me pondría a cubierto con mis compatriotas, de toda idea de ambición a ninguna especie de mando; me equivoqué de cálculo (...) en aquella época mandaba en Buenos Aires, no solo me formó un bloqueo de espías, sino que me hizo una guerra (Rivadavia) poco noble en los papeles públicos”.

El 10 de junio de 1839,”...los impresos que Vd. ha tenido la bondad de remitirme, me han puesto al corriente de las causas que han dado margen a nuestra desavenencia con el gobierno francés (...) es menester no tener el menor sentimiento de justicia”.

El 30 de junio de 1845,”...tenga la satisfacción de ver a nuestra patria próspera y feliz, son los votos muy sinceros que hace a favor de usted este atento y afecto servidor y compatriota”. Le desea a Rosas.

El 11 de enero de 1846,”...me hubiera sido muy lisonjero poder nuevamente ofrecerle mis servicios que aunque conozco serian inútiles, sin embargo demostrarían que en la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y Francia contra nuestro País”, Sarmiento era Capitán de ese ejército y Mitre, - bueno – Mitre nunca leyó las cartas de San Martín, por eso en las escuelas enseñan lo que enseñan.

El 2 de noviembre de 1848,”...no vaya a creer por lo que dejo expuesto, el que jamás he dudado que nuestra patria tuviese que avergonzarse de ninguna concepción humillante presidiendo usted sus destinos”. Dedicado a los unitarios, Florencio Varela, Valentín Alsina, Julián Agüero, Juan J. Cernadas, Domingo F. Sarmiento, Del Carril, Lavalle, y otros.

El 6 de mayo de 1850, “...por tantos bienes realizados, yo felicito a usted, sinceramente como igualmente a toda la Confederación Argentina”, es decir, San Martín felicita a la Confederación Argentina al mando de Don Juan Manuel de Rosas, y no, a los Unitarios

.A su amigo Tomás Guido le escribe, el 10 de mayo de 1846, “...Me entregó a mi llegada a esta, su muy apreciable del 12 de enero; a su recibo ya sabía la acción de Obligado (¡¡ Atención maestros Argentinos!!)...de todos modos los interventores habrán visto por este estanchillón, que los Argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el abrir la boca”.

El 10 de julio, San Martín le había escrito a Rosas “...PERO LO QUE NO PUEDO CONCEBIR, ES QUE HAYA AMERICANOS QUE POR UN INDIGNO ESPIRITU DE PARTIDO (unitario) SE UNAN AL EXTRANJERO PARA HUMILLAR SU PATRIA Y REDUCIRLA A UNA CONDICION PEOR QUE LA SUFRIAMOS EN TIEMPO DE LA DOMINACION ESPAÑOLA; UNA TAL FELONIA NI EL SEPULCRO LA PUEDE HACER DESAPARECER”Lo único que le faltó decir a San Martín, es: “Viva la Santa Federación, Mueran los salvajes unitarios”.Bibliografía

Los Héroes Malditos, Pacho O´Donnell

José de San Martín, Revista Viva, Diario Clarín

El Despertar de un Sueño, Clotilde Chabalier

Todo es Historia. Suplemento 14, Coronel Leopoldo R. Ornstein

San Martín-Rosas correspondencia, Fermín Chávez

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