Civilización? (1852-1916)

Los paradigmas de la Generación del 80 y el Centenario

    Vintila Horia, escritor rumano, que vivió en la Argentina y en México durante años, en su libro póstumo Reconquista del Descubrimiento, sostiene que "Las dos Américas son dos razas, dos paisajes, dos idiomas, dos culturas, dos historias y dos religiones diferentes, antagónicas desde un principio. El Sur no completa a la del Norte ni ésta a aquella. Sus pasados constituyen en el fondo dos bases para dos futuros, también diferentes". Y concluye diciendo que esos dos mundos "se han formado dentro de una visión religiosa de la vida, la católica y la puritana, y en ella seguirán sus derroteros; y es lo que determinarán sus futuras idiosincrasias". Y esto nutrirá un conflicto "hasta el fin de los tiempos". Contrariamente a la América morena que se extiende desde el sur del Río Bravo hasta el Cabo de Hornos, desde 1870 el predominio de la burguesía en Europa y Norteamérica era absoluto. La Gran Nación latinoamericana, que en los albores de la emancipación pretendía proyectarse como un sueño colectivo, constituía a mediados del siglo XIX una anfictionía de pequeños estados que rivalizaban entre si y que apenas superaban la categoría de feudos familiares. En Europa y los Estados Unidos, la clase social surgida de los escombros del antiguo Régimen, impondrá sus criterios en todos los aspectos de la vida por más de tres generaciones. La razón de su éxito no se apoya únicamente en la prosperidad de los negocios, sino también en la conciencia de ser una clase social benéfica, defensora de la libertad individual dentro de un orden: positivo en Europa y puritano en los Estados Unidos. Esta burguesía, que se enriquece de un modo extraordinario y defiende el capitalismo como único sistema económico que permite el progreso dentro de la libertad individual, construirá una falsa teoría antropológica para legitimar su dominación sobre la periferia: el evolucionismo spenceriano y un edificio teórico que formule una “ciencia social” para justificar la defensa del capitalismo de libre competencia: el positivismo. Fue precisamente en Francia, con Augusto Comte (1798-1857) donde se funda esta corriente filosófica y se da comienzo al desarrollo de la sociología, pero fundamentada como una ciencia exacta, fuertemente influenciada por el sistema de Newton, que intentaría formular las leyes tendientes a conservar el orden social, gravemente cuestionado por sucesos como la Comuna de París. El núcleo de esta filosofía lo constituye la ley de los tres estados en el desarrollo de la Humanidad: el teológico, el metafísico y el positivo. Comte procuró desarrollar un sistema de ideas generales de caracteres definitivos, que basó en esta ley de los tres estadios sucesivos, concebida a través de la experiencia histórica y de observaciones realizadas en el terreno de los procesos biológicos del hombre. Intentó asimismo sistematizar el desarrollo social con el aporte de todos los conocimientos científicos de la época, concibiendo de esta forma a la sociología como una ciencia “dura”, colocándola en el estadio supremo del saber y elaboró la doctrina del orden y el progreso. Alejandro Korn, positivista en sus primeros años pero más tarde crítico severo de esta corriente, fue quién mejor definió el credo que intentó convertirse en una religión laica. Consideraba que esta orientación filosófica había nacido y se había definido bajo el imperio de la situación histórica dada en Europa desde mediados del siglo XIX y que reemplazaba al clima de ideas propio del romanticismo. Constituía una teoría del saber y una doctrina de la ciencia. Esta corriente, más consagrada a los problemas científicos y sociales que a la especulación metafísica pura, nutrió a la generación que gobernó al país entre 1880 y 1900 así como también a las clases dominantes del resto del subcontinente. En el marco de la balcanización mencionada al comienzo, se modelan los Estados o mejor dicho los fallidos estados Nacionales de la década del 80: Rafael Núñez en Colombia, el general Roca en la Argentina, el coronel Latorre en el Uruguay, Porfirio Díaz en México, Santa María en Chile, Alfaro en el Ecuador, Guzmán Blanco en Venezuela y Ruy Barbosa en el Brasil instauran el reinado de la prosperidad agraria o minera y la hegemonía del positivismo. Pero también la otra orilla del Canal de la Mancha nutrió con maestros al positivismo, tales como Herbert Spencer (1820-1903) y John Stuart Mill (1806-1873), cuya preocupación, basada en la tradición utilitarista del pensamiento británico, fue realizar la síntesis del pensamiento evolucionista. Ambos aplicaron las teorías de Carlos Darwin quién elaboró su famosa doctrina tras su conocido viaje por nuestro país y otras zonas del mundo a bordo de la fragata “Beagle”. Sería en la Argentina donde Darwin habría observado por primera vez el proceso de selección artificial de las razas ovinas – paradójicamente no lo había advertido en Inglaterra, uno de los países pioneros en el tema, ya que en esa época no estaba interesado en tales problemas. Según Sarmiento, “los inteligentes criadores de ovejas son unos darwinistas consumados y sin rivales en el arte de variar las especies. De ellos tomó Darwin sus primeras nociones, aquí mismo, en nuestros campos, nociones que perfeccionó dándose a la cría de palomas (…). (1) Spencer se interesó particularmente por transportar a la sociología las categorías biológicas del concepto darwiniano de la evolución, tal como el de la “lucha por la supervivencia”, y no tardó en ser entusiastamente adoptado por Sarmiento. Al respecto hay que destacar que este clima de ideas favoreció la expansión imperialista europea en Asia y África y estadounidense en el Pacífico y el Caribe. En el caso de las repúblicas latinoamericanas donde los positivistas tuvieron larga influencia, sirvió asimismo para justificar el desarrollo desigual de las regiones del continente y el sistema político de gobierno no precisamente burgués, sino de castas parasitarias embebidas en veleidades aristocráticas. El positivismo fue en la Argentina la expresión filosófica de un modelo de vida concebido para usufructo de sus sectores dirigentes, políticos e intelectuales; dado que hacia fines del siglo XIX las bases estructurales de la formación económico-social de nuestro país estaban prácticamente delineadas. Las mismas se asentaban en el atraso y la dependencia nacional que, a su vez, conformaban los fundamentos de un original “bloque histórico” comúnmente conocido como “factoría agro-exportadora”. Al iniciarse la década de los años 80, en el siglo XIX, la realidad social, cultural, económica y política de la Argentina tendría una profunda transformación estructural a causa de la llegada de una importante masa de inmigrantes que, a partir de esa década y hasta el primer centenario, tuvo un ritmo vigoroso. En lo esencial, ese modelo de nación ideado por los integrantes de la llamada “Generación del 80” sólidamente se asentaba en dos clases de pilares. Por un lado, la importación de capitales, de mano de obra barata y de productos industriales europeos mientras, por otra parte, en el plano interno se reforzaba el régimen latifundista de inspiración semi-feudal con el monopolio de grandes extensiones de tierra y de la renta agraria, por parte de una clase social hegemónica asociada estrechamente al imperialismo inglés: la oligarquía terrateniente. Ahora bien: la conformación de una Argentina terrateniente y dependiente de las potencias imperialistas también suponía – y de manera especialmente significativa – la necesidad de proponer al conjunto de la sociedad nacional una ideología legitimizadora del “nuevo orden” impuesto. Y a tal fin, la doctrina positivista venía como anillo al dedo. Era “la” ideología “para” el momento; que servía para justificar tanto el colonialismo interno con la llamada consolidación de las fronteras interiores, como legitimar el orden interno que comenzaba a ser cuestionado por las expresiones ideológicas que también desembarcaban de Europa, pero con los contingentes de los desahuciados del Viejo Mundo. El positivismo, como “orden contrapuesto a la anarquía”; de aquí el lema del gobierno de Roca: “Paz y administración” y el lema de la bandera de la república del Brasil: “Orden y progreso”, y la idea de un “progreso indefinido” habían servido, no solo para liquidar las últimas resistencias populares, sino también para justificar de allí en más, el dominio oligárquico como necesario y expresivo de toda la sociedad. “En esa tarea de conformar la nación y consolidar la modernidad del Estado, la filosofía positivista resultó una poderosa herramienta ideológica. Sirvió para explicar las consecuencias del proyecto, señalar los obstáculos, delimitar el campo de lo moderno y disciplinar a los sectores renuentes – por atrasados o contestatarios – a incorporarse al proceso. Acorde con el espíritu positivista, a la ciencia se le acometió un contenido central…” (2). Dentro de ese contexto ideológico, el “europeísmo” y el “racismo” fueron elementos permanentes del pensamiento “oficial” y los instrumentos más adecuados para justificar la dominación imperialista como forma de integración de la Argentina al “progreso” (ahora, en estos tiempos globalizados cambiamos el término “progreso” por “mundo”, es decir, un nuevo artilugio semántico con que disimular el sometimiento) y a la “prosperidad capitalista”, a través de su integración al mercado mundial. La ideología cientificista y la utopía del progreso indefinido estaban presentes en el conjunto de la vida intelectual y política argentina; en los cuadros intelectuales del régimen conservador y en los profesionales que integraban los equipos con que los gobiernos finiseculares buscaban modernizar la acción del estado en la sociedad civil. También en las vanguardias obreras (socialismo, anarquismo) influenciadas por las tendencias racionalistas de la izquierda europea y que comulgaban con un cierto cientificismo crítico en su lectura de la realidad, pero con un criterio transformador: “La izquierda en la Argentina –escribió David Viñas – aparece como resultado mediato del impacto inmigratorio: con la entrada masiva de obreros europeos, y el proceso correlativo de concentración urbana, se darán las condiciones para la formación de partidos que a través de sus voceros formulen la necesidad de modificar la estructura social en su totalidad”.(3) Tanto más cuanto que a esta semejanza infraestructural se une el que los inmigrantes traían ya las ideas proletarias de Europa, siendo no pocas veces ellos líderes obreros voluntaria o forzosamente exiliados. Concretamente, existe una relación ineludible entre la dominación cultural y el racismo, siempre – claro está – en perjuicio de los sojuzgados. Así, enmascaradas por el prestigio de las ciencias naturales; que a partir de las grandes clasificaciones y del reordenamiento del saber efectuado en el siglo XVIII habían perfeccionado sus métodos hasta alcanzar resultados notables, las potencias imperiales construyen el sofisma de “la pesada carga del hombre blanco” quién asume voluntariamente la “sagrada misión” de elevar a los pueblos colonizados de la “infancia de la humanidad a la cima del progreso social y tecnológico”. Cuando, en realidad, este falso “progreso” se reproduce gracias a la superexplotación de las masas oprimidas y al irracional saqueo de los recursos naturales, que son las materias primas indispensables para asegurar la continuidad de la expansión imperialista. A partir del siglo XIX y de la mano con la generalización del colonialismo europeo en todo el mundo, la cultura occidental desarrolló una ideología abiertamente racista y ampliamente aceptada, a la que Ernst Nolte llegó a definir como una «rama del pensamiento europeo», y George Mosse como “el lado oscuro de la Ilustración“. A mediados del siglo XX, L’Encyclopedia Universalis incluyó un artículo denominado “Razas”, escrito por De Coppet que finaliza con la siguiente conclusión: “A fines del siglo XIX, la Europa ilustrada es consciente que el género humano se divide en razas superiores e inferiores.” El racismo europeo recurrió a la ciencia y en especial a la biología para justificar la superioridad de los propios europeos, o de algunas de sus etnias, germanos, anglosajones, celtas, etc. sobre el resto de los seres humanos, así como la necesidad de que éstos fueran gobernados por aquellos. Este modelo de racismo seudocientífico fue luego repetido también en algunos países extraeuropeos como Estados Unidos para imponer el dominio anglosajón, Japón para colonizar Corea, China y otros pueblos del sudeste asiático, Australia para impedir la inmigración asiática, y en América Latina con las políticas implementadas para “reducir el factor negro“, a través del mestizaje y otros mecanismos de “limpieza” étnica… Más clara aún es la adopción del racismo como defensa de su clase por la oligarquía más tradicional de la Argentina, es decir, la terrateniente y dentro de ella a la que menos mano de obra necesitaba, la ganadera. La inmigración, en afecto, servía para fortalecer a sus competidores de clase y amenazaba con crear una nueva clase proletaria que la derrocara. Contra esta inmigración se adujeron, pues, múltiples argumentos y se estrellaron las protestas de los grupos más tradicionalistas que denunciaban “las hordas apátridas” o las “masas iletradas” que “ya no saben servir”. Ya antes, incluso, los conservadores se replegaron en clanes, ofreciendo un sistema endogámico rígido como defensa de sus intereses económicos. Nadie lo dijo más claro que Cané: “Nuestro deber sagrado, primero, arriba de todos, es defender nuestras mujeres contra la invasión tosca del mundo heterogéneo, cosmopolita, híbrido, cómodo y peligroso…. Salvemos nuestro predominio legítimo, no solo desenvolviendo y nutriendo nuestro espíritu cuando es posible, sino colocando a nuestras mujeres a una altura a que no lleguen las bajas aspiraciones de la turba”. Santiago Calzadilla recuerda nostálgico “aquellos lindos cuerpos de mujeres… productos de la raza española sin mezcla de gringo, o gringa. Eran criollas pur sang, como se dice hoy” y Julián Martel, indignado y decepcionado, anota: “da pena ver la facilidad con que estos aventureros encuentran aceptación entre las muchachas porteñas… Ellas posponen a cualquier hijo del país cuando se les presenta uno de esos caballeros de la industria que al venir a nuestra tierra se creen con los mismos derechos que los españoles de tiempos de la conquista”. (4) Para intentar clarificar este panorama, Oscar Bosetti, en un artículo publicado en los albores del período democrático iniciado en 1983, remarca que este “corpus” de ideas y conceptos que él denomina “el concreto de pensamiento” se dio, efectivamente, en el plano de la realidad objetiva (el concreto real): la oligarquía terrateniente y sus más ilustres “intelectuales orgánicos” (abogados, dirigentes políticos de la partidocracia demo-liberal, escritores y, en fin, el grueso de los cuadros superiores de las Fuerzas Armadas) se sintieron social y culturalmente identificados con las élites metropolitanas y transfirieron, por ejemplo, el “racismo” de éstas a las poblaciones indígenas, mestizas y criollas del Interior y, más tarde, a los españoles, italianos y centroeuropeos que conformaban la mayor parte de la ola inmigratoria producida entre 1870 y 1890. (5) Y esto se inserta en uno de los puntos difíciles del nacimiento de la Antropología Argentina, con hombres preocupados por la cultura material de los pueblos originarios pero no tan preocupados por el aniquilamiento de los portadores de esa cultura. Así, algunos epígonos del “progreso” saludaron al alcoholismo y las enfermedades, como una forma “incruenta” de despejar los territorios que serían ocupados por los brazos laboriosos de una inmigración que, suponían, estaría compuesta por los arquetipos idealizados del conde de Gobineau. Al respecto, de una verdad insoslayable nos parecen las palabras de Miguel Cané, pronunciadas el 29 de agosto de 1899 en ocasión de debatirse la concesión fiscal a los salesianos de aquella misión, expresando: “Yo no tengo, señor Presidente, gran confianza en el porvenir de la raza fueguina. Creo que la dura ley que condena los organismos inferiores ha de cumplirse allí, como se cumple y se está cumpliendo en toda la superficie del globo…” Aunque hay que reconocer que este período también produjo voces disidentes, aunque no lo suficientemente reconocidas. Tal, la de un gran argentino, un olvidado, Adán Quiroga (1863-1904) quién, desde una actitud apegada a lo telúrico y empeñada en la revalorización de las razas que poblaban nuestro territorio en el momento de la conquista, advertía sobre los peligros de un exagerado cosmopolitismo. Dice Quiroga en su obra “Calchaquí”: “los acontecimientos históricos han de hacer resaltar la virilidad de la nación calchaquí y la importancia del suelo catamarcano (sic) por sus recuerdos clásicos en la lucha de las dos civilizaciones y de las dos madres razas” Y agrega: “Apartar al indio de nuestra historia es desdeñar nuestra tradición, renegar de nuestro nombre de americanos.” Hay que recordar que en ese momento histórico el pensamiento positivo había alcanzado una validez universal y sus concepciones abarcaban todas las disciplinas. A partir de 1860 las ciencias biológicas ganaron terreno sobre los estudios físicos y matemáticos: parecía que, de algún modo, los biólogos estaban en posesión de las leyes que rigen la vida, así como los sociólogos aparentaban señorear el desarrollo del cuerpo social. Así lo creyeron, al menos, hombres como Sarmiento quién, a lo largo de su obra plantea el modelo biocultural spenceriano de la irredimibilidad de las razas criollas hispanoamericanas para alcanzar el progreso, tal como está de manifiesto en el contexto de la teoría del hombre blanco, o en los textos de Carlos Octavio Bunge y José María Ramos Mejía. Para la “oligarquía paternalista”, expresión que pertenece a Pérez Amuchástegui, son tiempos de optimismo, de fe profunda en el progreso indefinido. Y a medida que la naturaleza va dejándose arrancar sus secretos y la clave de su evolución, va creciendo en forma paralela el intento fáustico de llegar al estadio positivo de Comte, donde el poder espiritual pasa a manos de los sabios y el poder temporal a manos de los industriales. De ahí el afán fundacional de Museos, que oficiarían como “catedrales profanas” del saber y el científico ejercería la función de sumo sacerdote. En la Argentina había honrosos antecedentes en este campo. En 1872 se constituyó la Sociedad Científica Argentina en el Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, por inspiración del entonces estudiante Estanislao S. Zeballos. Zeballos había expuesto la necesidad de “fundar una sociedad que sirviera de centro de unión y de trabajo para las personas que desearan servir al desarrollo de las ciencias y sus aplicaciones". Fue, como lo recuerda el matemático e historiador de la ciencia José Babini, la única tribuna científica argentina y el único centro de consultas sobre cuestiones de este tipo para los gobiernos de la Nación y de la provincia de Buenos Aires. La Sociedad Científica creó un Museo, organizó cursos y conferencias, promovió expediciones y viajes a territorios a un no sometidos al Estado nacional – Como los de Francisco P. Moreno y Ramón Lista a la Patagonia – y desde 1876 publicó sus Anales, que continúan apareciendo en la actualidad. Pero, ya que de paradigmas hablamos, estos estudios se realizaron en el marco de un acentuado etnocentrismo, anterior aún al desembarco del positivismo en nuestras playas. Las terribles palabras de Alberdi son la prueba elocuente: “El salvaje del Chaco, apoyado en el arco de su flecha, contemplará con tristeza el curso de la formidable máquina que le intima el abandono de aquellas márgenes. Resto infeliz de la criatura primitiva: decid adiós al dominio de vuestros antepasados. La razón despliega hoy sus banderas sagradas en el país que no protegerá ya con asilo inmerecido la bestialidad de las razas” (6) Este párrafo, escrito en los años 50 se arraigará con fuera en el escenario político argentino de treinta años después. Ante la imagen didáctica de un indígena que observa pasar un ferrocarril, Alberdi desarrolla magistralmente toda la teoría cientificista desarrollada en 1880, cuyos máximos exponente fueron los intelectuales positivistas ya nombrados y en el campo de la literatura los representantes de otro paradigma de la época: el naturalismo. Este género literario, cuyas fórmulas lograron la mayor precisión en las novelas y los ensayos teóricos de Emilio Zola, se introdujo en la Argentina en los mismos ambientes en que pudo prosperar el liberalismo librepensador, anti-clerical y cientificista, que alcanzaba en esos años una difusión considerable en las grandes ciudades. Más que una corriente política clásica el librepensamiento criollo fue un movimiento intelectual y cultural. Una verdadera subcultura que abarcó a gran cantidad de hombres y mujeres en la Argentina cosmopolita y devota del progreso de la transición entre dos siglos. En esta subcultura convivían distintos grupos con una identidad doctrinaria propia (masones, espiritistas, positivistas comtianos, teósofos, etc.) pero que encontraban un punto de convergencia alrededor de algunas ideas eje: laicismo anticlerical, la aplicación de criterios científicos para la solución de todos los problemas de la sociedad y una ingenua fe en una reforma racionalista de la conducta humana. (7). No por casualidad Antonio Argerich (1862-1924) fue quién llevó más lejos los supuestos del naturalismo zoliano al convertir a su novela “¿Inocentes o culpables?” (1881) en una verdadera novela de tesis, con la exposición de un diagnóstico y la elaborada descripción de pretendidos morbos sociales. Médico como el naturalista Holmberg y Ramos Mejía, Argerich acepta algunos conceptos polémicos de la ciencia de su tiempo, sobre la presunta superioridad o inferioridad de las diversas razas, y pasa a demostrar en su novela que la inmigración de procedencia europea, que por entonces empieza a romper el equilibrio demográfico del país, será desastrosa para la sociedad argentina. Prevenciones similares encontramos, tras la crisis del 90, en el llamado “Ciclo de la Bolsa” y su incipiente antisemitismo en el libro de Julián Miró. Eugenio Cambaceres, Segundo Villafañe y Carlos María Ocantos son los otros exponentes de este período literario. En realidad, la obra de estos autores reflejaba la desilusión del ideario forjado por Sarmiento, Julio A. Roca o José Ingenieros dado el escaso aporte cultural y científico de los obreros, artesanos y campesinos inmigrantes que no se compadecía con los técnicos e ingenieros que no llegaron a estos puertos, o que vinieron solo como gerentes o especialistas de las empresas europeas y, ciertamente, poco contribuyeron para la imperiosa transformación social y cultural del pueblo. De ahí que la glorificación liberal del extranjero manifestada por Alberdi, que la burguesía asumía contra el conservatismo xenófobo, se pase después, cuando la burguesía esté en el gobierno, a un antiliberalismo contra la inmigración y los movimientos contestatarios ligados a ella. El tránsito de Leopoldo Lugones del mayor radicalismo a la extrema derecha no es sino otra manifestación de esta evolución de la élite burguesa; y lo mismo, en sentido parcialmente contrario, la de Ingenieros. Dado que la población exigía cada vez más su participación en el manejo de los asuntos de gobierno y no quería ya una democracia cosmética sino real, la burguesía renegó – como la francesa de principios del XIX – de tan peligrosa doctrina y se fue entregando a las dictaduras militares, en un ejército ya blanco, como diría orgulloso Ingenieros, que la libre de la “chusma” que rodeaba a Yrigoyen. Cuando a partir de 1916, los sectores dominantes advirtieron el fracaso del liberalismo y se asustaron ante la corporización de...

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LA VERDADERA HISTORIA DE SARMIENTO NUNCA CONTADA: BÁRBAROS, CHUSMA, SALVAJES, PERROS, IDIOTAS, BRUTOS, FEROCES, ES LA PALABRA DE SARMIENTO (Cap. 8/10)

A Sarmiento no le importaba contraer deudas a costa de no saber como se deberían abonar. A él lo único que le importaba era tener el dinero suficiente para terminar la guerra y sacrificar la vida de los que tanto odiaba. Por eso estuvo a favor de la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay y por eso blasfemaba contra los levantados entrerrianos.

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LA VERDADERA HISTORIA DE SARMIENTO NUNCA CONTADA. COLORIN, COLORADO SIN SARMIENTO CIENTOS DE ESCUELAS SE HAN INAUGURADO (Cap 5/10)

En el Capítulo 4 hemos visto las escuelas inauguradas sin la presencia de Sarmiento, en esta parte seguiremos con la investigación desenmascarando esta historia del maestro de la espada, la pluma y la palabra. Sobre esto último, la palabra; debemos tratar de no mostrar a los niños los escritos del gran educador ya que no estaría monocorde tratar de gran ilustrador a quien derramó tantas palabras ultrajantes según el individuo a quien se las dedicada.

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La verdadera historia de Sarmiento nunca contada (Cap. 2/10)

PORQUE QUISO ENTREGAR EL ESTRECHO DE MAGALLANES LAS ISLAS MALVINAS Y LA PATAGONIA   El pensamiento libre cambista de Sarmiento no debe asustar a nadie a no ser que se guie solamente por lo que le enseñan en la escuela, putrefacta enseñanza que a nadie le dio los “guevos” suficientes, no para cambiarla sino adosarle la verdadera para que por fin entendamos donde estamos parados como Patria.

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La verdadera historia de Sarmiento nunca antes contada (10/10 Última entrega)

EL FERVOR DEL GRAN EDUCADOR QUE LLENÓ DE EMPRESTITOS A NUESTRO PAÍS EN FAVOR DEL IMPERIO BRITÁNICO En este capítulo finalizamos una breve reseña sobre la historia de Domingo Faustino Sarmiento quedándonos en la boca un sabor amargo al entender porque necesariamente el iniciador de la Historia Argentina Bartolomé Mitre tuvo la necesidad de inventar héroes nacionales en los cuales se reflejase la política LIBERAL que ellos profesaban en contra de la historia de los verdaderos defensores de la Patria Grande instalando para el futuro la gran discusión que hoy bien podría emparentarse como "la política de los dos demonios", un ignominia que nos persigue hace 200 años.

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LA VERDADERA HISTORIA DE SARMIENTO NUNCA CONTADA. LOS EMPRÉSTITOS INGLESES DE SARMIENTO Y SUS AMIGOS (Cap. 7/10)

Domingo Faustino Sarmiento fue presidente argentino por medio de las trenzas liberales entre los años 1868 y 1874, no escatimando esfuerzos para ayudar a sus queridos amigos ingleses, es así, que reforzando la idea del otro “gran prócer” Bernardino Rivadavia se dedicó a endeudar aun más a la nación con el pretexto de la modernidad y la industrialización que se impondría, sin pensar que después había que abonar lo que nos habían prestado modestamente al 82 % y medio con un descuento del 3,5 % para la casa Murieta y Cía., gestora del mismo.

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La verdadera historia de Sarmiento nunca contada. Al gran bonete se le ha perdido una escuela y dice que Sarmiento no la tiene (Cap 4/10)

En capítulos anteriores hemos afirmado con documentación legalizada que el General San Martín le prestó suma atención a la educación creando grandes espacios para la docencia tanto en Argentina como en Chile hechos que se produjeron mucho antes de la aparición del gran educador sanjuanino por estas latitudes.

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La verdadera historia de Sarmiento nunca contada. Las mentiras sobre España y su apego a los ingleses (Capitulo 1 de 10)

De alguna manera alguien debe poner coto a cierto tipo de sucesos que atraviesan nuestra vida terrenal y por puro formulismo la aceptamos tal cual nos la cuentan, es este el caso del “Padre de las Aulas”. Don Domingo Valentín Quiroga Sarmiento (alias Domingo Faustino), que desde un principio es casi una obligación preguntarse el porque del cambio de nombres de tan dignifico docente que demuestra la facilidad que desde niño insinuaba este personaje para canjear un nombre por otro como tiempo después lo haría relatando su encantada versión de momentos de la historia argentina plena de invenciones que solamente a un calumniador como el se le puede ocurrir.

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LA VERDADERA HISTORIA DE SARMIENTO NUNCA CONTADA. SARMIENTO TRATANDO DE CONDUCIR LA GUERRA CONTRA EL PARAGUAY (Cap 9/10)

Si buscamos con sensatez en la historia argentina nos encontraremos que la guerra de la Triple Alianza, Argentina, Brasil y Uruguay enfrentando a Paraguay descubriremos que fue una confrontación impulsada por intereses foráneos a la región, porque no hay nada que explique fehacientemente del porque del desencuentro de cuatro países con límites fronterizos entre ellos.

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LA VERDADERA HISTORIA DE SARMIENTO NUNCA CONTADA. HAY VARIOS CAMINOS DEL SARMIENTO MASON AL EDUCADOR CRISTIANO Y PRESIDENTE ARGENTINO (CAP. 6/10)

Sarmiento debería tener envidia al cristianismo debido a que este educaba con mucha más objetividad que él en las diferentes materias, sino seria imposible comprender el odio que le brotaba por los poros cuando se refería a los sacerdotes catolicistas. Uno de sus paradigmas incongruentes fue la de comparar la vestimenta como ejemplo de la “barbarie” a la cual denostaba constantemente “...hay similitud entre los pliegues de la sotana del jesuita y los dobleces del poncho gaucho”. OBRAS COMPLETAS DE SARMIENTO. Tomo 48. Pág. 286.

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La verdadera historia de Sarmiento nunca contada para Sarmiento. El General San Martín solo fue un viejo emocionado (Capítulo 3/10)

A esta altura del partido toda manifestación escrita por el gran Sarmiento no debe asustar a nadie, se lo hemos dado a conocer en los dos anteriores capítulos de esta historia y se debe entender con que “bueyes aramos”, no solamente por el gran educador sino por aquellos que vieron la oportunidad de enaltecerlo para sacar provecho de las pavadas ignominiosas que escribió en su vida, “paparruchadas”, diría un gaucho este liberal de enredadera.

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ROCA Y LA CUESTION NACIONAL

“Toda la historia es nuestra historia. Todo el pasado es nuestro pasado. Aunque a veces preferimos quedarnos con sólo una parte de ese pasado, seleccionando ingenua o engañosamente una época, una línea, unos personajes, y queriendo eludir tiempos, ignorar hechos y omitir actuaciones (…) Somos el conquistador y el indio, el godo y el patriota, la pampa privilegiada y el interior relegado, el inmigrante esperanzado y el gaucho condenado. Somos los dos, no uno de ellos solamente. Si nos quedamos con uno de los dos, siempre llevaremos a cuestas un cabo suelto sin anudar, siempre cargaremos un asunto inconcluso que no lograremos cerrar, siempre habrá un pedazo de nosotros que no lograremos integrar. Y todo aquello que uno no contacta ni incorpora y, por tanto, no cierra, eso no desaparece, continúa llamando, sigue siendo un mensaje en espera de ser recibido, reclamando ser escuchado”          

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Actualidad desde una concepción peronista

  • ¿Siempre nos mintieron?

    ¿Siempre nos mintieron?

    Félix Luna y Luis Alberto Romero, los argentinos y la historia best-seller

    He leído (porque alguien me lo pasó fotocopiado, ya que no soy lector de Criterio) un artículo que transcribe una conferencia de Félix Luna y Luis Alberto Romero el 16 de agosto pasado.

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  • Ataquen a Isabel o a lo último que queda de Perón

    No es ninguna novedad la continua persecución y proscripción que soporta el verdadero Movimiento Peronista –entiéndase no pejotismo- y por sobre todas las cosas el pensamiento de nuestro recordado e inmortal Juan Domingo Perón, que nosotros mediante espacios como este defendemos, y estén seguros que si fuese necesario, muchos lo haríamos hasta con la vida.

    Podríamos afirmar que todas estas actitudes antinacionales y vende patrias antecedidas entre otras a la de un 3 de Febrero de 1852, prosiguieron en Junio de 1955 con un brutal bombardeo cobarde, aun impune, cuyos actores principales, aquellos mismos que presionaran el botón que soltasen las bombas sobre el pueblo en Plaza de Mayo, hoy se jactan orgullosamente de lo acontecido y se rasgan las vestiduras declarando "lo volvería a hacer". Aquí no hubo ni habrá justicia.

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  • La cultura peronista en la memoria popular

    La cultura peronista en la memoria popular

    No fueron pocas las veces que me tocó escuchar que el peronismo es una religión o que se lo compara con un grupo religioso, por aquello de sentirlo más que pensarlo. De esta forma, se busca su desprestigio como ideología, limitarlo a cuatro o cinco preceptos básicos que rondan la adoración a su fundador y su esposa; reducirlo a una doctrina cambiante y obsoleta según el interés de quien la aplique, haciendo del peronismo una ameba amorfa y pragmática.

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  • Fe y razón

    Fe y razón

    El 8 de julio en las redes de noticias internacionales leímos que un equipo de investigadores ha diseñado un robot inteligente que puede llevar a cabo experimentos por sí mismo en el campo de la química y operar en un laboratorio solo o junto con los demás trabajadores. El aparato está programado con algoritmos de aprendizaje automático que le permite seleccionar qué diseños experimentales realiza cuando se le dan hipótesis a probar. La ventaja para los autores del prototipo radica en la mayor eficiencia temporal que permite el nuevo ayudante.

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  • Pobreza, Educación y Pensamiento Crítico

    Pobreza, Educación y Pensamiento Crítico

    Mi marcado interés por las problemáticas culturales, socioeconómicas, las relaciones de poder entre los pueblos y las personas, me lleva a intentar dar respuesta a las cuestiones citadas en el título del artículo, planteando qué papel puede llegar a desempeñar la educación, en un contexto de globalización-exclusión.

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  • Ni indignado, ni sorprendido: "disipado". (RESPECTO A LA CRITICAS APARECIDAS EN EL PERIÓDICO "LA NACIÓN" AL INSTITUTO "MANUEL DORREGO" )

    panchopestanhaMuchachos y muchachas:

    La verdad es que como abandoné hace tiempo la costumbre de leer los periódicos y de escuchar las radios porteñas, ya que en razón  de su matriz compulsiva y alienante, hubo un tiempo en que mi analista me recetó una pastillita terminada en "zepan", me enteré por vuestros respectivos correos, y por un llamado de Araceli, respecto de las sendas notas publicados en esa añeja y vetusta tribuna de doctrina que debe costar al rededor de cinco pesos (prometo mañana consultar al canillita de la esquina).

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  • Consideración

    La fuerza de las organizaciones (y de las naciones) se mide, no por su poderío económico, sino por la solvencia de sus cuadros dirigentes.

    La crisis argentina actual sólo puede remontarse a través de una acción decidida e inteligente, que necesariamente requiere de cuadros formados, en todos los ámbitos y niveles.

    La formación de cuadros es parte vital de la supervivencia de cualquier organización.

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  • Para un peronista no hay nada peor que un Bonasso

    La situación política ha comenzado a experimentar cambios notables, que denotan el rumbo que el Dr. Kirchner impondrá a su gobierno en los próximos meses y los objetivos políticos que se propone alcanzar.

    Kirchner viene de un sector de la juventud peronista de los años '70, llamado "la tendencia revolucionaria", o simplemente, "la tendencia", que fue el grupo peronista más "izquierdista" de aquel entonces, poco afecto a obedecer la conducción de Perón y que llegó a enfrentarlo a partir de 1973.

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  • KIRCHNER, Un futuro encantador

    patricio_mircovichEs fundamental que nuestros jóvenes comprendan que deben tener siempre presente en la lucha y en la preparación de la organización que: es imposible la coexistencia entre las clases oprimidas y opresoras. Nos hemos planteado la tarea fundamental de triunfar sobre los explotadores, aun si ellos están infiltrados en nuestro propio movimiento político.
    La patria espera de todos ustedes la postura seria, firme y sin claudicación.

    Perón a la Juventud, 1965

    Aquellos que habitualmente consumimos gran tiempo de nuestras vidas en leer y releer historia Argentina ensayamos continuamente trazar paralelismos cuando acontecen sucesos que suelen estremecer al pueblo y darle un giro más que anhelado a las conciencias populares. Y las líneas que preceden, sepan disculpar, están escritas en momentos de suma consternación, reflexión y por sobre todo sumo dolor.

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  • POLÍTICA Y UNIVERSIDAD*

    POLÍTICA Y UNIVERSIDAD*

    En un recorrido reflexivo, como guiados por el Hilo de Ariadna, se nos propone considerar los modos de hacer política y desafiar los límites dualistas tan enraizados en nuestras formas de pensar. La autora busca comprender de forma relacional “política y universidad” a través de líneas provocativas, que nos incitan a discutir la realidad y a ser sujetos de transformación.

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  • UN ALMA PARA UN CUERPO

    UN ALMA PARA UN CUERPO

    El hombre puede desafiar cualquier contingencia, cualquier mudanza, favorable o adversa, si se halla armado de una verdad sólida para toda la vida.

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  • La batalla de la Capital

    El kirchnerismo se pregunta cómo puede ser que la Capital Federal, una ciudad llena de intelectuales, artistas, pensadores, clase media progresista e inteligente, omita votar al profesor Daniel Filmus y prefiera a alguien tan tosco y frívolo como Mauricio Macri, a quien consideran alejado de toda epopeya política, de toda militancia revolucionaria y de toda sensibilidad hacia lo popular.

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