El mito del desarrollo sustentable: hacia una doctrina nacional para la preservación de nuestros recursos naturales.

panchopestanhaArtículo 40 - ... “Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedad imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto que se convendrá con las provincias…”

(del artículo 40 de la Constitución de 1949)

 

Buenas tardes. Infinitamente agradecido por su presencia en este instituto.

En una de las conferencias anteriores, más precisamente, en oportunidad de referirme a la importancia que a nuestro criterio tiene la producción doctrinaria en los tiempos que nos toca vivir, sostuve que aproximadamente entre fines de la década del setenta y principios de la del ochenta, emergió una doctrina conocida en el mundo ambientalista como del “desarrollo sustentable”. En aquella oportunidad afirmé que a mi entender mas que doctrina, la sustentabilidad era una verdadera “ideología” de neto corte racionalista e iluminista que acompaño otra de mayor incidencia conceptual y política: la de la “globalización”. Mediante la ideología de la sustentabilidad se pretendió y desafortunadamente aún se pretende establecer estándares, criterios, parámetros y procesos de carácter “universal” para el aprovechamiento “racional” de los recursos naturales, a fin de compatibilizar la explotación con su preservación. Manifesté además que, lamentablemente, muchos técnicos argentinos inclusive algunos dentro de la Administración de Parques Nacionales, organismo en el que presto servicios hace mas de 20 años, se acoplaron “acríticamente” a esta “ideología de importación”, restándole originalidad, creatividad y potencia conceptual y operativa a un organismo señero en materia de conservación de la naturaleza. Concluí señalando que nuestros países, verdaderos reservorios de recursos naturales, debían encarar seriamente un proceso de elaboración doctrinaria en la materia, ya que la adopción de la sustentabilidad como criterio rector, había traído aparejadas consecuencias funestas que en dicha oportunidad me fue imposible enunciar por razones tiempo y materia.

Debo reconocer que éstas, entre otras reflexiones que fueron publicadas en algunas paginas de la red,  generaron cierta polémica en la que no quise inmiscuirme demasiado, ya que ya que a mi entender y en lo que respecta específicamente a la Administración de Parques Nacionales, cabía al conjunto de trabajadores, técnicos,  funcionarios y especialistas hacerlo. Considero importante reiterar además que si bien Parques no es él único organismo de carácter público con competencia en la preservación de los recursos naturales, la importancia estratégica de los recursos protegidos, la vasta superficie sobre la que ejerce su jurisdicción, como así también la probada capacidad de sus agentes, la coloca en un primer plano a nivel nacional e iberoamericano.  

No obstante ello, algunos compañeros me insistieron para que cuanto menos les indicara cuales son las principales críticas que recaen sobre noción de sustentabilidad - y además - respecto aquellos presupuestos sobre los que habría que elaborar – a mi entender - una propia doctrina para nuestros recursos naturales. Es por tal razón que, aceptando el desafío, voy a aprovechar esta oportunidad para esbozar algunas reflexiones provenientes de nuestra epistemlogía, esperando que resulten de utilidad para quienes concurrieron hoy a esta conferencia o para aquellos que quieran desarrollar alguna postura alternativa a la dominante.

Antes de abocarme al análisis referido, quiero señalarles que nuestra corriente de pensamiento nacional se orienta esencialmente hacia lo estratégico. Hago especial mención a este tópico, ya que hay quienes mal comprendiendo nuestra actividad, la circunscriben a un grupo de “autodenominados” pensadores que dedican su tiempo  a rescatar y a refritar melancólicamente el pensamiento de los “malditos de la historia argentina” como Scalabrini, José María Rosa, Fermín Chávez, Jauretche, Taborda y tantos otros. Muy por el contrario, el pensamiento nacional más que concentrarse en el pasado o en el presente, orienta sus especulaciones hacia el futuro, pero no hacia ese porvenir malentendido como “progreso indefinido” que desprecia lo histórico, lo pretérito, sino hacia un devenir que nutrido por él, se proyecta sobre el fruto de la experiencia. Reitero enfáticamente; nosotros recurrimos a lo histórico como producto de la experiencia compartida, como recurso de aprendizaje, y en ese sentido somos historicistas, ya que creemos en la importancia que tiene el pasado en la construcción del presente y del futuro. Por eso hurgamos en él y no nos conformamos con las versiones “oficiales”.

Quiero por último dejar bien sentado que las críticas que formulare a continuación no encuentran impulso en ningún interés particular o especifico, ni tampoco tienen origen en una disposición destructiva. Muy por el contrario, las mismas son el fruto de la experiencia personal y sólo aspiran a fomentar un debate que consideramos necesario - mas en estos tiempos - donde nuestro organismo rector, la Administración de Parques Nacionales, está sufriendo notorias convulsiones debido a una indefinición existencial que genera una parálisis inercial.

Hechas estas aclaraciones y con la sana intención de proyectar el futuro, comenzaré por esbozar en primer lugar – aunque sea en forma muy sucinta – una aproximación básica a las nociones de desarrollo, de sustentabilidad, y de desarrollo sustentable.

 

- El mito del desarrollo sustentable -

 

Un mito es una ficción alegórica. Los mitos no solamente se encuentran presentes en el universo de lo religioso sino también en el mundo de lo cultural y por que no, en el campo de las ideas. El liberalismo económico por ejemplo, funda muchas de sus deducciones en razonamientos cuasi míticos como por ejemplo la “invisible” mano  de la oferta y la demanda.

Intentaremos entonces acreditar inicialmente que la noción de desarrollo sustentable es simplemente una fábula que acompaño, no por casualidad a otra mayor: la de la globalización.

Recordemos como enseña el académico mexicano Daniel Murillo Licea[i], que la dicotomía desarrollo/subdesarrollo comenzó a aparecer a mediados de la década de 1950. Suele atribuirse a Harry Truman (ex presidente de los Estados Unidos) la creación del apelativo “sub – desarrollo” para señalar” - sin establecer diferenciaciones - a un cúmulo de países de África, Asia, e Hispanoamérica que se encontraban muy por debajo de los “estándares” económicos de las potencias de la época, sobre todo, de los de Estados Unidos, estado capitalista emergente de la segunda guerra mundial. Mientras la idea de desarrollo presuponía la existencia de un “modelo de crecimiento económico” exitoso a seguir, el subdesarrollo según Murillo[ii], era toda una definición, una conceptualización emergida del “otro”. Es desde el centro, en términos de la dicotomía centralidad – periferia, donde estableció esta partición a partir de una idea de desarrollo que no es nada más ni nada menos que un simple sinónimo de crecimiento económico.

Por su parte una definición clásica de desarrollo sustentable es enunciada por el mismo Murillo haciendo referencia al reporte Brundtald donde se sostiene que éste es “aquel desarrollo que satisface las necesidades de las presentes generaciones, sin comprometer la habilidad de las futuras para satisfacer sus propias necesidades”. Tanto la idea de desarrollo como de subdesarrollo, surgieron entonces al calor de la expansión de la economía capitalista, recibiendo como contrarrespuesta desde el bloque socialista la teoría de la dependencia. Es en el marco de la noción del desarrollo -  y en tanto - dentro de la órbita del capitalismo central desde donde surgirá posteriormente la ideología de sustentabilidad. Ante los crecientes reclamos contra las consecuencias de la contaminación hiper industrialista, surgirá esta idea (la de la sustentabilidad) como una forma de incorporarle al economicista concepto de desarrollo un adjetivo (sustentable o sostenible) que permitiera, diríamos, “alivianarlo”. Aún en la hipótesis que la “idea” de la sustentabilidad hubiera surgido de la periferia, la apropiación del concepto como veremos, resultó inmediata.

Si bien es cierto que como hemos observado en el decurso de de los tiempos se han ensayado definiciones un poco más abarcativas, e inclusive críticas a la noción de sutentabilidad, lo cierto es que la idea misma de desarrollo sustentable estuvo teñida diríamos de un economicismo de origen que redujo lo humano a lo estrictamente económico - y aunque determinadas políticas desarrolladas en su nombre incorporaron ciertos factores de tipo cultural, en la práctica concreta, la idea de sustentabilidad como se ha dicho con certeza se ha consolidado como una “estrategia para sostener el desarrollo (como sinónimo de crecimiento económico), no para apoyar el florecimiento y la perduración de una vida social y natural infinitamente diversa”[iii] y por que no compleja agregaría. Gustavo Esteva otro académico que ha abordado críticamente la cuestión, ha dicho en plena sintonía que “la llamada realidad del desarrollo con su cosmético actual “sustentabilidad”, no es sino un eufemismo más para disimular el desastre cotidiano y mundial”.

Para sus mentores la idea de sustentablidad implicaba la interrelación y la compatibilización de tres factores: el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y el cuidado de los ecosistemas. ¿Que incidencias tuvo ella sobre la realidad concreta? ¿Qué logros específicos se obtuvieron a partir de la puesta en práctica de ésta ideología?

Puedo sostener sin temor a equívoco que quienes nos encontramos vinculados a la cuestión de la conservación somos plenamente conscientes que la idea de desarrollo que emerge como sinónimo de crecimiento económico, avanzó y avanza paulatina e inexorablemente sobre los recursos, ya que dicho crecimiento está sustentado un tipo de economía apoyada en la actividad lucrativa con base en las necesidades humanas que no admite frontera alguna, y que   ha logrado a partir de diversas estrategias –entre ellas- la del desarrollo sustentable, perforar los límites normativos y políticos que determinan los criterios de conservación. El mito del desarrollo sustentable más que contribuir a establecer barreras al crecimiento económico desenfrenado, ha coadyuvado a esa avanzada justificando ciertos deterioros bajo premisas en apariencia “racionales” y ocultado bajo discursos sensibleros, oscuros intereses. Si uno observa por ejemplo en forma detenida el escandaloso circuito del financiamiento internacional orientado hacia el desarrollo sustentable - y en especial - el sistema de  “crediticio” del Banco Mundial durante estos últimos años, puede observar que mas allá del inmoralidad que presuponen sus costos, en especial los operativos y de consultoría administrativa y técnica, y tal vez reconociendo alguna inversión excepcional aceptable y sostenible, que la mayoría de los proyectos en términos estratégicos resultan insustanciales no sólo para la preservación de nuestros recursos sino que lo que es peor, para los intereses de nuestro país y de nuestra región. Ciertas veces la necesidades coyunturales de funcionarios o responsables de áreas, terminan justificando obras y emprendimientos que – bajo el paraguas de la “sustentabilidad” – causan gracia y pena a la vez.

Las críticas al criterio de sustentablidad – obviamente - comenzaron a emerger de los países periféricos. Si no me equivoco Jorge Aumedes ex presidente de Parques ya en la década del 90, tenía una mirada sumamente desconfiada hacia esa idea que aparecía como “novedosa”.

 

Pero fue hace 7 u 8 años que, en la versión local de Le monde diplomatique fue publicado un artículo que se tituló: “El desarrollo sustentable, una idea desvirtuada”. Dicho texto a pesar de su brevedad resultó un instrumento artero para comenzar a esbozar una crítica. Les anticipo que voy a leer textualmente algunos párrafos ya que no tienen desperdicio. Su autor Saddurin Agha Kahn[iv], quien fuera Alto Comisario de la ONU para los refugiados, denuncio en su oportunidad que “El dogma del desarrollo sustentable es engañoso por naturaleza: confunde las mentes, tal como lo ha hecho, en su tiempo, la idea de que la Tierra era plana, pero con consecuencias infinitamente más graves para la supervivencia de la vida sobre el planeta. Las empresas se han apropiado del concepto, desvirtuándolo, y hasta la Organización de las Naciones Unidas (ONU) trabaja en ese sentido” (textual) - y sigue - “… se trata en este caso de un oxímoron que refleja el conflicto entre una visión comercial y una visión medioambiental, social y cultural del mundo. Se convirtió así en un eslogan para las empresas multinacionales y los sectores de negocios ( y yo agregaría para los organismos de financiamiento internacional). Peor aún,…. desgraciadamente abrió camino a una “reacción verde”, es decir, la desviación progresiva del movimiento ecológico por un supuesto “realismo empresarial”. Entre otras criticas a esta ideología para Saddurin “la idea de desarrollo sustentable fue desvirtuada por la de “utilización sustentable”; una abominación orquestada por una corriente promotora de un supuesto “uso racional”, mientras que se trata de ocultar prácticas totalmente contrarias. Este movimiento sirve de coartada a conductas destructivas y, de una forma totalmente lamentable, se ha infiltrado en instancias claves como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y la Comisión Ballenera Internacional (CBI)”. De esta manera, la “utilización sustentable” de los recursos marinos significa la matanza de ballenas, mientras que la “utilización sustentable” de la fauna natural ha generado una industria muy lucrativa de la carne de animales silvestres, especialmente en África. Los adeptos a la utilización sustentable esperan convencer a los africanos y a los asiáticos pobres de no matar animales que les reportan el equivalente a varios años de salarios, mientras que los ricos europeos y estadounidenses, ávidos de trofeos, los cazan por placer”. Por último señalo que “la idea de desarrollo sustentable favorece el dominio de las grandes empresas internacionales. Según el nuevo principio “el que paga al lobbysta fija las reglas”, luego de la elección de George W. Bush sólo se piensa en el intercambio de favores con el mundo de los negocios estadounidense. Finalmente, la filosofía del desarrollo sustentable también trajo consigo una idea execrable: la del consumo sustentable” (Lectura textual)  

Es probable que hayan sentido que la cita fue un poco extensa pero consideré necesario hacerlo, ya en la época que se publicó el texto,  los términos sustentablilidad y globalización gozaban de buena prensa y cierto “prestigio académico”. Pero allá de las certeras críticas de AGA KHAN que contribuyeron a poner en el tapete la utilización y la  apropiación del concepto por parte del mundo empresarial y las consecuencias de dicha apropiación, existen otras que pueden formularse a dicha idea, sobre todo si desde el punto de vista geopolítico nos interrogamos reflexiva y seriamente respecto a cual es el verdadero nivel real de antropización del planeta, cuales son las regiones mas antropizados, y cuales aquellas que contienen  reservorios estratégicos.

La experiencia nos ha enseñado a los nacionales ser desconfiados sobre todo respecto a las “ideas novedosas” que suelen emerger de los organismos supranacionales de post guerra. Pero si uno observa detenidamente el desarrollo de los foros mundiales impulsados por los estados para el cuidado de la tierra, observará inquietamente que mientras en lo que a cuestiones ambientales se refiere suele mirarse al planeta como una “unidad”, como un “todo”, pero cuando de los beneficios económicos que producen la utilización de los recursos se habla, nada de eso sucede. Se declama y reclama por ejemplo la universalización para las futuras generaciones humanas de los Glaciares, de la Amazonia, etc. y nada se habla de la mundialización de los beneficios de la extracción del petróleo, del gas y de otros tantos recursos que parecerían no estar destinados a todos.

Además debemos pensar que el ser humano es a la vez constructor de ecosistemas en los que sobrevive y debe prosperar, y en ese sentido, ¿para que estandarizar universalmente modelos de conservación sin, por ejemplo, establecer un sistema de “reciprocidad” entre aquellos que poseen los recursos y aquellos que no poseyéndolos, detentan altos estándares tecnológicos que les permitirían comenzar de inmediato un proceso de substitución? Sobre esta cuestión intentaremos por razones de tiempo volver más adelante.

En síntesis: nosotros creemos que la idea de sustentabilidad, aunque haya sido reproducida por espíritus ingenuos o tal vez resignados, ha constituido un gran engaño producto de las condiciones geopolíticas y económicas de la época. Se intentó incorporar “lo ambiental” a “lo económico” en un momento en que era necesario neutralizar las críticas a la industrialización desenfrenada. Como se ha dicho “sólo desde un punto de vista económico, los recursos naturales relevantes para la acción son escasos y limitados en un momento dado”. Nótese en ese sentido que nuestra especie, y sobre todo en los países altamente “desarrollados” han generado técnicas que permiten manipular materia y energía para substituir elementos que obtiene directamente de la naturaleza”. Por que entonces no concentrar mayores esfuerzos en la producción de tales instrumentos aunque sean inicialmente antieconómicos, en vez de impulsar y promover estándares conservativos en aquellas naciones que les sobran, y que pueden explotarlos en forma regulada perfectamente compatibles con citerios de conservación

Si bien señalamos en alguna oportunidad que en la no bien difundida carta que Perón había enviado al congreso de Estocolmo, se insinúa cierta idea de sustentablilidad, como veremos a continuación,  ninguna relación guarda este su criterio con el que prevaleció posteriormente. La sustentabilidad terminó “en los hechos” constituyéndose en una premisa que bien podría enunciarse como un imperativo emanado de los países centrales; “Nosotros ya no tenemos recursos, pretéjanlos ustedes con “nuestra ayuda”, para cuando nosotros los necesitemos”.  

¿Hacia una nueva doctrina?

Recordemos que en aquella primer conferencia hice mención a una necesidad prioritaria; la de formular una doctrina propia de acuerdo a nuestros recursos disponibles, a nuestros intereses, y a nuestras necesidades estratégicas, ya que la tendencia existente en un sector considerable de nuestras elites técnicas e intelectuales hacia la importación acrítica de ideas, había coadyuvado históricamente a potenciar nuestra dependencia cultural y doctrinaria.

En lo que a medio ambiente refiere - no dudamos - la ideología de la sustentabilidad se constituyó en un imperativo “medioambiental” que acompaño otro mas abarcativo, el la de la globalización, concepto que a ciencia cierta, representó una tentativa orientada a imponer un orden económico especifico. Jauretche hubiera definido a ambas como las “zonceras” de la época.

No voy a reiterar aquí nuestra opinión respecto a lo qu consideramos como doctrina. Ello lo hemos analizado suficientemente  en el texto “Pueblo, doctrina y proyecto de país” que pueden ubicarlo en esta página; www.agendadereflexion.com.ar. Si indicar que para nosotros una nación sin doctrina es como un cuerpo sin alma. Esta afirmación muy lejos de constituirse en una expresión nacionalista de tipo chauvinista, es una necesidad insoslayable ya que hemos comprobado a los golpes que los pueblos que no generan sus propias ideas, “viven en las ideas de otros que generalmente son más poderosos”. Así como en la vida cotidiana como enseña el pedagogo Gustavo Cirigliano cuando uno no vive su propio proyecto termina viviendo en el proyecto de otro que generalmente es mas poderoso que el, los pueblos que no desarrollan sus propias ideas no adquieren su plena soberanía.

Mis estimados: cada país o cada región de acuerdo a su idiosincrasia, sus necesidades e intereses, debe desarrollar su propia doctrina, la que lógicamente - en materia ambiental - debe resultar compatible con la preservación de la naturaleza valor universal en si mismo no por que así lo declaren técnicos y políticos, sino por que es inherente a nuestra especie que la integra y compone.

Nos preguntamos entonces si es posible definir una estrategia nacional en materia de preservación a partir de una doctrina fundada en categorías propias.

Para ello como buenos historicistas que somos, vamos a retrotraernos un poco al pasado y volver al año 1972 en el que se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano reunida en la Ciudad de Estocolmo entre 5 al 16 de junio, y en  la que un estadista argentino exiliado en Europa, presentó un documento a que nuestro entender resulta trascendental en lo que a recursos naturales refiere.

Quiero aclararles que este instrumento mas allá de quien lo haya generado es importante en si mismo, por que plantea una visión verdaderamente periférica un marco internacional que iniciaba una tentativa de ordenamiento ambiental con aspiraciones planetarias. Reconozco que cuando se realizan este tipo de apelaciones, y sobre todo, cuando ellas se refieren a Perón, uno se expone a críticas que pueden extenderse hacia límites tan imprecisos que abarcan desde lo melancólico hasta lo paternalista. Los iluministas, en especial los vernáculos, suelen despreciar la experiencia histórica sobre todo cuando ella no responde a parámetos universalistas, clásicos, o internacionales, o cuando se recurre a expresiones de líderes americanos no del todo  “políticamente correctos”. Pero como nosotros hemos comprobado, hay mensajes históricos que revisten carácter estratégico- y en ese sentido- quiero hacer mención a ciertas advertencias que Perón formulara en la carta a Estocolmo, y cuya lectura y análisis completo recomiendo plenamente especialmente a quienes en nuestro país se dedican a la cuestión ambiental.

Si bien reconozco que la orientación ambientalista del último Perón no fue bien comprendida en su época ya que como señalaba Yolanda Ortiz[v]En la Argentina, aquel intento de Perón por darle al problema ambiental la máxima prioridad no fue comprendido por la sociedad. Y después vino la dictadura, y es recién ahora que el tema ambiental se ha instalado con más fuerza. Pero tampoco hoy se ha instalado de la mejor manera: el tema figura pero aparece el medio ambiente como negocio o como conflicto. Los políticos no terminan de entender al mensaje ambiental; tal vez, nosotros no sabemos enseñárselos” (textual), bien vale hoy releer ese mensaje.

Analicemos por un momento cuales fueron los ejes centrales de dicho documento. Perón señaló en primer lugar que:  “Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional (….) y sigue “…El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sólo puede esperar verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas. Las mal llamadas "Sociedades de Consumo", son, en realidad sistemas sociales de despilfarro masivo basado en el gasto, por el que el gusto produce lucro” (Textual).

Nótese de inmediato la existencia de cuanto menos cuatro elementos que componen el diagnostico de los problemas ambientales de la época a saber: a) contaminación del medio ambiente y la biosfera, b) la dilapidación de los recursos naturales, c) el crecimiento sin freno de la población y d) la sobre-estimación de la tecnología. Estamos en la década del 70, y el industrialismo desenfrenado ya ha generando daños ambientales algunos irreversibles y la sobre estimación de la tecnología amenaza a nuestra especie bajo el riesgo de la deshumanización. El problema poblacional a la vez, se vincula  al alimentario y en términos estratégicos a la distribución de espacios y utilidades, y a la producción de alimentos.

A fin de aportar ideas concretas para la solución de estos conflictos a nivel ambiental planetario, Perón recomendaba una serie de transformaciones - en especial - en aquellos países más altamente industrializados y tecnificados, a fin de establecer el marco de “una convivencia biológica dentro de la humanidad y entre la humanidad y el resto de la naturaleza”. Proponía así lisa y llanamente una revolución mental especialmente en los líderes y, entre otras acciones, el establecimiento límites al progreso (como sinónimo de crecimiento económico), el control de la superpoblación en aquellos países que la sufrían (no es el caso de la Argentina), y el mejoramiento integral de las masas a través de la optimización de las condiciones de educación y salud.

Les relate breve y parcialmente el contexto del documento, ya que considere importante brindarles algunos ejes sobre su marco conceptual. Pero vayamos ahora a lo que particularmente nos interesa. En aquella conferencia participaron países integrantes del denominado “Tercer Mundo”. Aprovechando esa oportunidad el ex presidente formula una primera advertencia “…Cada nación tiene derecho al uso soberano de sus recursos naturales. Pero, al mismo tiempo, cada gobierno tiene la obligación de exigir, a sus ciudadanos el cuidado y utilización racional de los mismos” (textual). Perón prosigue formulando una advertencia a los países del tercer mundo: “debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo en los centros de alta tecnología a donde rige la economía de mercado. Ya no puede producirse un aumento en gran escala de la producción alimenticia del Tercer Mundo sin un desarrollo paralelo de las industrias correspondientes. Por eso cada gramo de materia prima que se dejan arrebatar hoy los países del Tercer Mundo equivale a kilos de alimentos que dejarán de producir mañana (…) De nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados “a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios”, que significan la negación de un uso racional de aquellos recursos (…) En defensa de sus intereses, los países deben propender a las integraciones regionales y a la acción solidaria (…) No debe olvidarse que el problema básico de la mayor parte de los países del Tercer Mundo es la ausencia de una auténtica justicia social y de participación popular en la conducción estará en condiciones de enfrentar las angustiosamente difíciles décadas que se avecinan (textual).

De estos últimos párrafos que he leído , pueden perfectamente  extraerse cuanto menos cuatro elementos para comenzar a diseñar  una doctrina nacional para la preservación de nuestros recursos.

I.-    Defensa de los Recursos Naturales para un aprovechamiento regulado y soberano.

II.-  Desarrollo de tecnologías autónomas compatibles con su aprovechamiento.

III.- Integración regional para la defensa, y en su caso, para  aprovechamiento recíproco de los mismos

IV.   Explotación y preservación orientadas a la consolidación de la Justicia Social.

 

I. -De la defensa para un aprovechamiento regulado y  soberano

Este primer tópico resulta esencial y verdadero norte de la doctrina. La presión de los monopolios económicos sobre los recursos  es cada vez más precisa y artera, y como sabemos y reconocemos, el proceso de extranjerización de una parte importante de nuestros recursos naturales no responde a una visión paranoica, sino que muy por el contrario, constituye un lamentable dato de la realidad.  A lo ya descripto respecto al documento de Estocolmo podemos agregar algún párrafo extraído de los últimos discursos del ex presidente: “…No nos hagamos ilusiones de que la historia puede cambiar en ese sentido. Si nosotros no estamos preparados para defendernos, nos van a quitar nuestras riquezas y, para ello, existen muchos medios” (…) “Las inmensas riquezas naturales de esta región deben y pueden explotarse intensamente para beneficio de los pueblos que la habitan. Si lo hacemos en forma racional, ello nos permitirá convertirnos en las naciones ricas del futuro, a lo que justamente aspiramos para bien de nuestros pueblos” (….) “La lucha por la liberación es en gran medida, lucha también por los recursos y la preservación ecológica. En ella estamos empeñados. Los pueblos del tercer mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables” (Textual).

Cabe señalar además que para Perón, a las Fuerzas Armadas les cabía una misión: la de constituirse en defensoras de los recursos - y en tanto - garantes de la liberación nacional, estableciendo de esta forma una hipótesis de conflicto para ellas: “la verdadera tarea nacional es la liberación (….) La defensa se hace así contra el neocolonialismo y, el compromiso de las Fuerzas (Armadas) es con el desarrollo social integrado del país en su conjunto”... (textual)

Brasil ha iniciado con suma convicción esta marcha, y sus fuerzas armadas han desarrollado como una de sus hipótesis de conflicto la defensa de la Amazonia. Aunque pueda tildarse de militarista, el compromiso de la Fuerzas Armadas en la defensa es un imperativo fundamental que terminaría de una vez por todas con la ausencia de hipótesis para ellas. 

El carácter esencialmente defensivo que nutriría a la nueva  doctrina, no colisiona manera alguna en con el desarrollo de acciones especificas tendientes al aprovechamiento integral de los recursos. Muy por el contrario la acción defensiva debería orientarse tanto a la protección y preservación como a la observación, exploración y explotación racional y soberana. Es por ello que este aspecto (el defensivo) debería comprender - entre otras acciones - las de:

 

I.a) Destinar fuertes inversiones de recursos humanos y tecnológicos hacia la investigación científica orientada hacia la obtención de información básica respecto a las potencialidades de los recursos, en especial, los biogenéticos, y de corresponder, su aprovechamiento para nuestro beneficio.

I.b) Promover una nueva normativa que incluye la orden constitucional, estableciendo el máximo nivel posible de protección de los recursos a la usanza del articulo 40 de la constitución de 1949, y la modificación integral de la normativa protectiva de los recursos que incluye –entre otras- las del régimen de la tenencia y propiedad de la tierra, la de marcas y patentes y propiedad industrial, y de la Administración de Parques Nacionales

 

I.c) Adecuar el sistema de control y preservación de los Parques Nacionales y demás áreas protegidas a esta nueva hipótesis, dotando a la Administración de Parques Nacionales y en especial al Cuerpo de Guardaparques Nacionales, y a los demas otros órganos competentes,  de las facultades y recursos necesarios para llevar a cabo esta nueva doctrina. Respecto al cuerpo de Guardaparques las acciones a desarrollar implicarían una reformulación absoluta de sus condiciones de acceso, de misiones y de sus competencias.

 

I.d) Establecer un marco de cooperación entre nación, provincias y municipios a fin de garantizar los objetivos estratégicos y compatibilizar esfuerzos y beneficios.

 

I.e) Determinar un mecanismo de restricciones al domino privado por razones de orden publico ambiental.

 

II.- Desarrollo de tecnologías autónomas compatibles con su utilización racional.

 

El desarrollo científico y tecnológico complementario a los fines de la doctrina resulta vital. Pero la soberanía científica y tecnológica no puede fundarse en la adopción acrítica de procesos, formulas, instrumentos y o doctrinas. El país debe desarrollar sus propias líneas de investigación aplicada sobre todos nuestros recursos preservando no solamente estos y sino también los resultados de tales investigaciones.

 

III.- Integración regional para la defensa, y en su caso, para  aprovechamiento recíproco de los mismos

 

En orden a lo expuesto, Perón reivindicaba la necesidad estratégica de una integración regional cuyas bases el mismo había sentado en ABC- . En sus últimos tiempos afirmaba; “¿Cómo no podemos llegar también nosotros a un acuerdo para integrar países, en donde todo nos une y nada nos separa? Aquí es cuestión de hacerlo; allá, era cuestión de meditarlo muy profundamente” (…)“Es un hecho indiscutible el que en las distintas regiones del mundo las naciones se aglutinen y se unan no para hacer la guerra en el sentido clásico, sino para defenderse y defender sus pueblos de los peligros inminentes de una superindustrialización” (). “la cuenca del Plata es, quizás, la zona más importante de América Latina dentro de esa integración. En ella se concentra la cuarta parte de la población del continente con un sector extraordinario para las necesidades del futuro, tanto en reservas para la superpoblación, como en medios para la superindustrialización que se va ir produciendo (…) las inmensas riquezas naturales de esta región deben y pueden explotarse para el beneficio de los pueblos que la habitan. Si lo hacemos en forma racional, ello nos permitirá convertirnos en naciones ricas para al futuro” (textual).

Respecto a la integración sostenía que ésta debía estar acompañada de una verdadera ratificación de los valores e idiosincrasia propias, proponiendo una doctrina específica para el país y, además, la puesta en marcha de un verdadero nacionalismo cultural.

Felizmente en la actualidad de han potenciado los acuerdos regionales, y en ese sentido, debería incorporarse a la agenda de la región el desarrollo de un instrumentos orientados hacia defensa mancomunada que bajo el régimen de reciprocidad, regule y determine esfuerzos comunes y distribución de los beneficios

IV.   Explotación y preservación orientadas a la consolidación de la Justicia Social.

Este es un componente vital. La idea soberanía presupone la de la  justicia. En este marco, la defensa y explotación racional presuponen el usufructo común de los beneficios para todos. La orientación defensiva no propone el desarrollo de áreas ghuetos , si no muy por el contrario un mecanismo de usufructos compartidos en que las comunidades lindantes a la áreas tienen una importancia significativa,

 

- Algunas conclusiones -

 

Mediante las reflexiones precedentes pretendimos plantear algunos ejes sobre los cuales podría diseñarse una nueva doctrina. Obviamente como indique anteriormente éstas son simples reflexiones en voz alta y además, los tópicos propuestos no son en manera alguna taxativos. Quienes trabajamos en el campo de la preservación estamos sumamente preocupados no solamente con la inercia que referimos al principio de esta conferencia, sino también por ciertos acontecimientos como el del Parque Nacional  las Quijadas, que mas allá de lo descabellado, resulta indicador de una posible tendencia. La reforma constitucional del 1994 no solo no ha contribuido con la instalación de una doctrina nacional sino muy por el contrario, ha debilitado la cuestión en términos negociales. Este es todo un tema pero se ha acabado el tiempo.

Para finalizar quiero hacer énfasis en una cuestión particular; en la Administración de Parques la adopción acrítica de una ideología como la sustentabilidad nos privo de desarrollar una propia doctrina para la preservación de nuestros recursos, y en tanto, al no poseer doctrina, el organismo atraviesa una situación inercial por la falta un sentido estratégico común que se irá agravando con el tiempo. Este déficit no es cuestión de una gestión en particular. Es un problema estructural que habrá que revertir en lo inmediato. La doctrina fija metas y objetivos. Fija el norte. Establece el destino y el sentido común. Un organismo de la importancia estratégica para argentina y para suramérica como Parques no puede carecer de una doctrina y aunque los iluministas de siempre lo nieguen, sólo con ella y a partir de ella podrá conservarse y preservarse “racionalmente” para provecho de estas y de las nuevas generaciones.

Muchas Gracias.

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[i] Daniel Murillo Licea: Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

[ii] Daniel Murillo Licea: “Falacias del desarrollo Sustentable, una critica desde la metamorfosis conceptual”. En: Economía, Saciedad y territorio Vol IV num 16 2004 . Instituto mexicano de tecnología del Agua

[iii] Gustavo  Esteva: citado por  Daniel Murillo Licea: “Falacias del desarrollo Sustentable, una critica desde la metamorfosis conceptual”. En: Economía, Saciedad y territorio Vol IV num 16 2004 . Instituto mexicano de tecnología del Agua

 

[iv] Sadruddin Aga Khan trabajó en la UNESCO; fue Alto Comisario de la ONU para los refugiados y encargado de misión del Secretario General de la ONU y en la Comisión de Derechos del Hombre. Preside la Fundación Bellerive, que se dedica especialmente a cuestiones ecológicas

 

[v] En 1973 el entonces presidente de la Nación Juan Domingo Perón creó la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente Humano, pionera en América Latina, al frente de la cual nombró a la licenciada Yolanda Ortiz

Author: Francisco Pestanha

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