La cultura peronista en la memoria popular

No fueron pocas las veces que me tocó escuchar que el peronismo es una religión o que se lo compara con un grupo religioso, por aquello de sentirlo más que pensarlo. De esta forma, se busca su desprestigio como ideología, limitarlo a cuatro o cinco preceptos básicos que rondan la adoración a su fundador y su esposa; reducirlo a una doctrina cambiante y obsoleta según el interés de quien la aplique, haciendo del peronismo una ameba amorfa y pragmática.

roberto_bongiornoPero el peronismo tiene su gestación, su fecha de nacimiento y un desarrollo que dura hasta nuestros días. Por consiguiente tiene sus principios y una doctrina para llevarlos adelante, con componentes muy fuertes en lo social, lo económico, lo político y lo cultural, entre otros aspectos.

Esto último es quizás lo que le dé calidad de “sentimiento”, lo que lo lleva a ser, guste o no, “parte del asunto”. Como dice el analista político Ricardo Rouvier: “Se puede encontrar peronismo en los pliegues del antiperonismo, en la izquierda y en la derecha, porque tal fenómeno político atraviesa toda la cultura.”

Si se habla del peronismo como liturgia, no podemos olvidar sus símbolos. Las esfinges de Perón y Evita, juntos y por separado, son los emblemas que siempre acompañan las reuniones partidarias. La Marcha Peronista como himno en los distintos actos, utilizado generalmente como cierre de las reuniones. Después están el escudo y la bandera y otros tantos símbolos. Pero el que es una marca identificatoria y casi un símbolo en el idioma mudo, son los dedos en “V”, que representa mucho más que la V de la victoria También fue “vuelve” y hoy es “vive”.

Luego están los términos del habla cotidiana, palabras que automáticamente se identifican con el peronismo. La principal es el sustantivo “compañero” para llamar a los militantes o anteceder su nombre; una apropiación que muchas otras fracciones políticas han llevado a su seno por su fuerza identificatoria con el peronismo, desplazando al camarada o correligionario.

Por supuesto, existen las palabras que son su antítesis: el “contrera” y el “gorila” sirven con distinta intensidad para  nominar a quienes no son afines al movimiento. Y por supuesto, estos “contreras” y “gorilas” tuvieron y tienen sus términos para designar a los peronistas, como el viejo y querido “descamisado” que después derivaron en el “cabecita negra” o “peronchos”, una mezcla de peronistas con “gronchos”.

Del pensamiento peronista, se pueden rescatar otros aspectos que se encuentran en forma permanente en el habla popular. Expresiones y  frases que se rescatan de discursos, marchas o consignas que se repiten cotidianamente y, lo que es más extraño, no siempre desde el peronismo.  “La única verdad es la realidad”, “volveré y seré millones” alocusión apócrifa atribuida a Evita, son buenos ejemplos. O la picaresca “no sacar los pies del plato”, la sentenciosa “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada” y así podríamos continuar con otras.
Son muchos los caminos que conducen a cortar transversalmente la cultura popular y todos son válidos. Otros de los temas que se puede incluir en esta lista son los cánticos populares, que también fueron un sello de distinción el 17 de octubre cuando desde las columnas de manifestantes se escuchaba “sin galera y sin bastón /  los obreros con Perón”, o el clásico “Yo te daré, te daré patria hermosa / te daré una cosa, una cosa que empieza con P… ¡Perón!” Una costumbre que surge de transformar la letra de canciones populares de la época y que todavía se mantiene vigente. De esta manera, esos cánticos, se fueron renovando en el tiempo o se fueron adaptando según la coyuntura y los hechos históricos. En 1973, se cantaba “qué lindo, qué lindo que va a ser Cámpora en el gobierno, Perón en el poder”; en 1984, se cantaba “traigan al gorila de Alfonsín / para que vea, que este pueblo / no cambia de idea, / lleva las banderas de Evita y Perón”. Y nunca se dejó de cantar “ni yanquis, ni marxistas, peronistas”.

También se puede encontrar parte de la cultura peronista en el “boca a boca”, en la trasmisión oral a través de los relatos de quienes vivieron todas las épocas del peronismo, gozando y sufriendo los vaivenes doctrinarios. En ese sentido, son las anécdotas las que mejor marcan lo dicho. Por ejemplo, aquella de Leonardo Favio, que rescato de un fragmento de la entrevista realizada el día en que lo conoció a Perón durante el exilio madrileño, en 1971. Favio dice: “En un momento tomé los anteojos que el General había dejado sobre la mesa y los acaricié un poco. Y después, le agarré la mano. Él se dejaba toquetear, porque sabía lo que era. Él seguía charlando tranquilamente mientras yo le acariciaba la mano como si fuera mi abuelo. Yo quería sentirlo piel a piel. Creo que él estaba muy triste de estar lejos de la Argentina. Como estuvo muy triste cuando volvió (…) Era de una ternura increíble y por momentos también de una tristeza increíble.” La fuerza del relato siempre nos deja el mensaje que lleva toda anécdota. Y como esta, un sinfín de ellas, de quienes participaron en la resistencia, o quienes alguna vez militaron o aún militan. O las de los que simplemente dejan su testimonio.

Como fenómeno cultural y masivo, el peronismo salió de los hogares y de las fábricas, para reproducirse. Luego no se podía decir Perón, pero se pensaba Perón. Y los jóvenes formados en la negación cínica del peronismo, pudieron leer en los espacios vacíos del discurso cotidiano. Y allí claramente decía “Perón”. El pueblo lo pensaba y lo pronunciaba en los actos clandestinos del caño, la tiza o el carbón. O en esa jerga en la que todo –el macho, el hombre, el que te dije, el viejo, papá, el general o el coronel–, pero todo, quería decir Perón.

Author: Roberto Bongiorno

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