Rosas Hoy

“El Sable que me a acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza con que a sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla”. José de San Martín (3era cláusula de su testamento)

Algunas definiciones nos refieren a la historia como narración y exposición de los acontecimientos del pasado. Esta acepción se centra fundamentalmente en la actividad de un individuo o conjunto de  individuos que - método mediante - abordan el universo de lo pretérito. La ciencia histórica tiene por principal objeto acometer desde el presente al pasado.

Pero en sentido absoluto, la historia da cuenta de “la relación de los sucesos públicos y/o políticos de los pueblos, o de los sucesos, hechos o manifestaciones de la actividad humana de cualquier otra clase”1. Esta segunda definición vincula “lo histórico” no ya a una actividad o profesión, sino a un fenómeno social que revela el acontecer de una comunidad - es decir - el desarrollo evolutivo de una sociedad determinada que cobra vital importancia no sólo en el devenir del presente sino en la cimiente del futuro.

El principal desafío de la investigación histórica que se desarrolla en el ámbito de una nación, es el de contribuir desde una perspectiva científica, a la generación de un relato común que – transmitido a través de las instituciones y de los ciclos educativos –  se torna posteriormente en noción común del pasado. Dicho relato debe por su parte sustentarse en un sólido principio de veracidad.

Pero debemos comprender que la producción historiográfica  nunca es aséptica, y aunque una de las funciones principales de las academias sea la de lograr la máxima asimilación entre relato y  verdad, ciertos preceptos, presupuestos, y por que no prejuicios, nutren al historiador y determinan su obra - mas aún - cuando la misma se encuentra contenida en un proceso político convulsivo y/o antagónico.

Lo que el revisionismo ha denominado acertadamente como historiografía mitrista constituye a todas luces una visión parcial de nuestro pasado. Y es esencialmente parcial por que ha soslayado  deliberadamente componentes sociológicos, históricos y culturales fundantes y determinantes de nuestra composición nacional. El mitrismo histórico,  mas allá de ciertos logros en materia hermenéutica, respondió esencialmente a la necesidad política de establecer un relato funcional al conglomerado político, económico e intelectual  que triunfó en Caseros, y en tanto, al modelo de país que este preveía. En ese sentido la historiografía post Caseros, se impuso, o mejor dicho, intento de imponer al país entero un relato histórico funcional una Argentina que se anhelaba repoblada por las “razas aptas” - y que con el tiempo - olvidaría su pasado prehispánico por “bárbaro”, e hispánico por “decadente”.

Todo proyecto que pretende imponerse requiere de su antagonista y quien mejor que Juan Manuel de Rosas y los caudillos federales para convertirlos en el referente de lo “indeseable”. Que mejores antagonistas que quienes se sentían legítimos herederos - protectores de una herencia desgraciada y degenerada.

Pero mas allá de esta estratagema la realidad tarde o temprano termina imponiéndose ya que como nos enseña Juan Francisco Cirigliano toda la historia es nuestra historia. Somos históricamente un todo enseña el maestro, “el conquistador y el indio, el godo y el patriota, la pampa privilegiada y el interior relegado, el inmigrante esperanzado y el guacho condenado”.  Y como somos históricamente un todo, si nos quedamos con una parte  “siempre llevaremos a cuestas un cabo suelto sin anudar, siempre cargaremos un asunto inconcluso que no lograremos cerrar, siempre habrá un pedazo de nosotros que no lograremos integrar. Y todo aquello que uno no contacta ni incorpora y, por tanto, no cierra, eso no desaparece, continúa llamando, sigue siendo un mensaje en espera de ser recibido, reclamando, ser escuchado”  (Cirigliano ).

No cabe duda que Caseros significó en nuestra historia la derrota transitoria de un proyecto - que a todas luces - tenía un basamento en el sustrato argentino mucho mas aferrado y afectivo que el de las luces del puerto.

Las investigaciones de Quesada, Saldias, Scalabrini, Rosa y otros han demostrado palmariamente la coexistencia de proyectos bien diferenciados de país. Aunque ciertas corrientes de orientación liberal o marxista continúen (en clara sintonía con el mitrismo) planteando antagonismos, unos de índole unos civilizatoria, y otros de índole  clasista, lo cierto es que el resurgimiento durante el siglo pasado de diferentes vertientes de un nacionalismo de cuño federal  (de la cual, el peronismo fue su mas poderosa) el antagonismo nación antinación es el que ha determinado y sigue determinando la política de una argentina sujeta aún a un régimen semicolonial.

La magna tarea emprendida durante el siglo pasado por el revisionismo histórico se encuentra hoy inconclusa, y el desafío de las nuevas camadas de revisionistas es el de incorporar definitivamente en nuestro relato histórico aquellos sucesos y protagonistas que han sido arbitrariamente desconocidos y suprimidos por la historiografía oficial. En tal sentido la figura de Juan Manuel de Rosas emerge del pasado hoy, no como aquel exponente de un cesarismo vernáculo, sino como el emergente de un mayoritario  sustrato argentino que - en ciertos períodos- ha logrado imponerse el poder.

Rosas emerge hoy, no como el exponente de una nación que fue sino - como enseñaba Jauretche - como antecedente y componente esencial de una argentina que esta siendo y que lucha denodadamente por un destino digno y autosuficiente.

Rosas Hoy titulé este breve opúsculo, no como apelación melancólica a una gloria pasada, sino como anhelo vital de un argentino que aspira a un futuro basamentado en una tradición  y una historia que debe ser objeto de orgullo, como aquel que aflora de la dignidad de Vuelta de Obligado.

1 Diccionario de La Real Academia Española. Decimonovena Edición.  Editorial  Espasa Calpe 1970-

 

Author: Francisco Pestanha

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