Ramón Carrillo

Ramón Carrillo



Reportaje a Augusto y María Salomé Carrillo, sobrinos de Ramón Carrillo

El doctor Ramón Carrillo (1906-1956)

Por Pedro Pesatti*, 2006

"Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas". Así pensaba el padre de la medicina social de la Argentina, cuyas ideas, cincuenta años después de su paso por la función pública, provocan la sensación de que el tiempo no pasa.

Los sobrinos del gran sanitarista y primer ministro de Salud Pública que tuvo este país, refieren en este reportaje la vida de un argentino que fue sometido al exilio y a la muerte lejos de su patria, como sucedió con tantos otros grandes hombres de la historia nacional.
Augusto Carrillo es licenciado en Relaciones Públicas y coautor, junto con su padre Arturo, del libro "Ramón Carrillo. El hombre, el médico, el sanitarista". Su hermana, María Salomé, es médica psiquiatra. Ambos están empeñados en la divulgación de la vida del doctor Ramón Carrillo, en la tarea de transmitirle a las nuevas generaciones el contenido de un nombre que designa hospitales, calles y agrupaciones políticas.
"Todo el mundo conoce a Carrillo, pero apenas algunas breves referencias sobre lo que hizo. Lo importante es que podamos conocer a fondo su pensamiento. De poco sirve recordarlo si no somos capaces de aprovechar lo que él más hubiera querido: sus ideas, verdaderamente revolucionarias, que marcaron un antes y un después en las políticas de salud de la Argentina", señalan ambos.

- ¿Cuál fue el motivo por el cual su padre y usted escribieron un libro que, llamativamente, es el primero que aborda íntegramente la vida de un hombre que tuvo enorme influencia en las políticas de salud que se aplicaron en la Argentina durante la etapa del peronismo histórico?

-Augusto Carrillo: Los Carrillo eran once hermanos, siete varones y cuatro mujeres. El mayor de los varones era Ramón y el más chico Arturo, mi padre. El sintió que tenía una responsabilidad: garantizar que la obra de su hermano no quedase en el olvido. Durante años se dedicó a recopilar sus escritos, libros, documentos, información de la más variada, y cinco años atrás decidimos escribir un libro, para lo cual convocamos a un grupo importante de colaboradores. Es cierto que mi tío no era ni es un desconocido, ni hacía falta un libro para que se lo conociera. Sin embargo, ese conocimiento sobre su vida y su obra es, paradójicamente, escaso. Normalmente, en tiempo de elecciones, los políticos suelen invocarlo y también los funcionarios de turno. Hablar de Carrillo queda bien. Pero lo sustancial, lo que motivó la escritura del libro, suele contar muy poco. Lo que mi padre quería es que sus ideas sean retomadas, porque tienen una actualidad asombrosa, y para que no terminen siendo piezas de museo. Por eso lo acompañé en ese esfuerzo enorme que significó escribir un libro y publicarlo después.

-¿Quién lo editó?

-AC: Nosotros mismos, y ciertamente a puro pulmón. No encontramos a nadie que quisiera apoyarnos.
-María Salomé Carrillo: Es verdad. Parece mentira, pero publicar el libro resultó una odisea. Nosotros jamás nadamos en la abundancia ni gozamos de ningún beneficio por llevar el apellido que tenemos. Por lo tanto, emprender la publicación no fue fácil. Mi padre tuvo que romper la alcancía de sus ahorros y contar hasta su última moneda para poder editarlo. Alcanzó a ver los vegetales del libro, pero un mes antes de la presentación falleció.
-AC: Creo importante destacar el apoyo que nos dio la Cátedra de Neurocirugía de la UBA, que nos cedió el Aula Magna para presentar el libro en un evento que contó con la presencia de grandes médicos, muchos de los cuales fueron discípulos y colaboradores de mi tío. El, en tal sentido, fue el primer profesor titular de esa cátedra, cuando tenía treinta y seis años, y también rector de la UBA, tiempo antes de la llegada del peronismo al poder. Por otra parte, tanto mi padre como mis tíos Santiago y Marcos siguieron la misma especialidad, como neurocirujanos. Ramón fue de alguna manera quien los formó en este campo y el que les exigió que no participaran de la función pública mientras era ministro. No le gustaba lo que hoy es tan común: designar parientes a diestra y siniestra. De cualquier manera, cuando triunfó la Libertadora, todos cayeron en la volteada.

- El doctor Carrillo dejó el Gobierno de Perón un año antes del derrocamiento. ¿Por qué renunció a su cargo?

MSC: Se dijeron muchas mentiras, como por ejemplo que mi tío y Perón se habían peleado. No es así. El estaba muy enfermo y no podía continuar al frente del ministerio. Perón le ofrece otro cargo pero él decide viajar a los Estados Unidos en virtud del mal que lo aquejaba. Se va sin un peso y sin trabajo. Su enfermedad no cede, no encuentra cura, y un colega suyo le ofrece trabajar en Belén, Brasil, y allí se establece para ejercer su profesión en la tribu de los indios caboclos, que jamás habían visto un médico. No podía volver al país porque la Libertadora se lo impedía y poco después muere, en 1956, cuando apenas tenía cincuenta años.
-AC: La dictadura, además, no nos permitía repatriar sus restos. Recién en el ´72 pudimos hacerlo. Cuando Perón asume la tercera presidencia, nos pide rendirle un homenaje y por fin pudimos velarlo y darle la sepultura que se merecía.

-¿Cómo nace la vinculación de Carrillo con Perón?

-MSC: Mi tío era el jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar Central y poco antes del 17 de octubre se conocen en un pasillo. Perón ya tenía referencias sobre él porque sus trabajos ya eran muy conocidos en el país y en el extranjero.
-AC: Ambos trabaron una gran amistad. Mi tío tenía un trato directo con Perón, lo que le permitió trabajar con un gran apoyo. Ese día que se conocieron en un pasillo del Hospital Militar, Perón ya le anticipó su idea de crear un Ministerio de Salud Pública. No puede ser, le dijo, que en este país tengamos un ministerio para las vacas y no tengamos uno para atender la salud de la gente. Cuidamos más a las vacas que a los pobres. Esas palabras, seguramente, deben haber impactado mucho en mi tío, que tenía preocupaciones sociales desde su adolescencia.
-MSC: Hay que agregar también que con Evita tenía una relación muy especial, al punto que ella y Perón son los testigos de su casamiento con mi tía Susana. Formaban un trío magnífico: Perón ponía su liderazgo y su enorme capacidad de decisión política, mi tío sus conocimientos y Evita el corazón y el cuerpo. Un día, por ejemplo, Eva se entera que en el Castex la atención no era buena. Se presenta disfrazada de "grasita" y la hacen esperar un tiempo interminable. Cuando ya tenía probado cómo atendían a la gente, se saca el disfraz, llama al director y al jefe del Servicio Médico y pone el hospital patas para arriba. De esa manera se complementaba con mi tío.


María Salomé y Augusto Carrillo, 2006

-¿Cuáles son los aspectos más relevantes del pensamiento del doctor Carrillo?

-AC: La salud en la Argentina, creo que hoy nadie lo discute, se divide en un antes y un después de su paso por el Ministerio.
- MSC: Específicamente él advierte que lo social es clave y promueve en el campo de la medicina y de la salud una concepción sobre el hombre en su triple dimensión bio, psicoespiritual y social. Espiritual no en el sentido de la fe sino como ese punto donde se asientan los valores del ser humano. Antes del paso de Carrillo por la función pública sólo se ponía el acento en la enfermedad y además eran muy pocos los que podían acceder a un tratamiento adecuado. Por eso se oponía al uso de la palabra sanidad, que consideraba limitante. El decía que el hombre no sólo se enferma en su bios, se enferma también en su alma y en su mente. Si una persona no tiene trabajo digno, alimentación adecuada, vivienda, es muy difícil que ese hombre pueda vivir sano. Por eso, Carrillo inaugura la medicina social en la Argentina, producto de haber estudiado las experiencias que ya se registraban en Europa y en los grandes movimientos sociales de su tiempo. La medicina social trabaja sobre todo en la prevención y esta tarea involucra, desde luego, a la medicina, pero también otros campos del conocimiento.

- Usted me decía recién, Augusto, que su tío desde muy joven revela una preocupación por lo social. Siempre suele haber como un detonador. ¿En qué momento se manifiesta este compromiso en la vida de Carrillo?

-AC: Cuando él se va de Santiago del Estero y toma el tren para estudiar Medicina en Buenos Aires, queda impactado por la pobreza de los niños que ve pasar por la ventilla de su vagón en cada estación donde el tren se detiene. Esto lo marca mucho. Pero ya antes, a los dieciséis años, escribe un libro, "Glosa para los Humildes", en donde hace referencia a la situación de los empleados públicos que no tenían posibilidad de jubilarse.
-MSC: Cuando vuelve a su provincia, siendo ministro, piensa en un sistema en el que la gente no tenga que recorrer largos caminos para acceder a la asistencia médica. En ese momento el sistema estaba fragmentado: había centros para tuberculosos, para enfermos de chagas, para enfermedades venéreas, etc. Estos centros estaban repartidos en distintos puntos del país, con lo cual no era fácil, para un enfermo, acceder a ellos. Frente a este estado de situación, mi tío genera centros regionales para atender a las personas sanas, para hacer lo que hoy llamamos la atención primaria y centros especializados para los enfermos con enfermedades crónicas y complejas a los que eran derivados. Los centros de salud estaban al lado de la gente y eran el sitio desde donde se constituyó el sistema de salud.

-¿Encontró resistencias para llevar a la práctica su concepción de medicina social?


Producción de El espejo retrovisor, programa conducido por Felipe Pigna por Canal 7, emisión del 09/09/09 (PARTE 1 - duración 20 minutos)


Producción de El espejo retrovisor, programa conducido por Felipe Pigna por Canal 7, emisión del 09/09/09 (PARTE 2 - duración 20 minutos)

-MSC: Seguramente debió haberlas tenido, pero hay que tener en cuenta que detrás suyo había un gran presidente que le dio todas las herramientas para ejecutar su proyecto.
-AC: El primer plan de salud propiamente dicho que tuvo nuestro país, y que formó parte del Primer Plan Quinquenal, lo produjo en cuatro meses, junto con un centenar de colaboradores, de distintas especialidades y profesiones, y sin distinguir si eran peronistas o no. Cuatro mil páginas en tres tomos conformaban el programa. Allí se planteaba un modelo centralizado en la concepción pero operativamente desconcentrado en regiones. El Ministerio de Salud existía realmente. Hoy tenemos una realidad distinta. En aquel momento tenía hospitales, institutos, equipos de científicos y de investigación. Y era conducido desde un enorme rigor desde el punto de vista de la planificación. Carrillo era casi un obsesivo en este punto. No le gustaba que nada quedara librado al azar. Además, como coinciden todos los que lo conocieron, era un hombre de una capacidad de ejecución incomparable. Mi padre solía referir un hecho que lo pinta acabadamente en este plano. Un día llegó a la Argentina un científico norteamericano con un proyecto para crear un centro especializado para la atención de quemados. Le pidió a mi padre que le consiguiera una entrevista con Ramón. Al otro día, a las nueve de la mañana, los recibió en su despacho. El doctor Kirshbaum comenzó a explicarle su proyecto y, en un momento dado, se dio cuenta de que Carrillo estaba como pensando en otra cosa. Kirshbaum se lo dice a mi padre. No te preocupes, le contestó: se pone así cuando está pensando. En un momento dado se incorpora con su metro ochenta y le dice al especialista: Usted será el primer director del Instituto del Quemado, cuya creación ya he decidido. Y discúlpeme si le pareció que no lo estaba escuchando. Inmediatamente llamó a su secretario y le dio instrucciones para que le facilitaran a Kirshbaum lo que necesitaba y, a los cuatro meses, el Instituto ya estaba funcionando a pleno.
-MSC: Pero así como era de ejecutivo también era distraído. Un día, cuando va a visitar a su novia Susana, lo lleva a un primo nuestro, Marcelo, que fue director del Ramos Mejía y actualmente es concejal de Pilar. Llega a la estación y su novia, que sabía que vendría a visitarla con su sobrino, le pregunta por Marcelito y ahí cae en la cuenta que se lo había olvidado en el tren.
-AC: Incluso llegó a lograr lo que parecía imposible: que Perón fuera impuntual. Es muy conocida la característica que tenía Perón de llegar a tiempo a cualquier cita y cómo se irritaba cuando alguien llegaba tarde a un encuentro. Pero un día Ramón lo invitó a visitar una exposición de cuadros en el Borda y la puntualidad de Perón cayó por el piso. Comenzaron a visitar la muestra y se quedaron varias horas conversando con los enfermos. Ese día Perón tenía una reunión muy importante con su Gabinete y la olvidó por completo.

-Carrillo fue además un gran innovador en otros planos que exceden el campo específico de la medicina.

-AC: Es verdad. Se interesó mucho por el arte de gobernar y eso se comprueba en su forma de gestionar. Pero también podemos citar el hecho de que fue el primero que trajo una computadora al país. Alquiló en Inglaterra una enorme máquina, que ocupaba todo el subsuelo del Ministerio, para hacer la primera estadística de salud de la Argentina. También desarrolló los principios de la arquitectura hospitalaria que dieron nacimiento a una cátedra específica en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y que fueron adoptados en el mundo entero. Pero quizás una de las cosas más importantes que produjo fue bajar al médico del pedestal de un semidios para convertirlo en un trabajador de la salud. Cambio una filosofía, una cultura y una forma de pensar el ejercicio de la medicina. Para él, un médico debía tener la capacidad de analizar a su paciente en esa triple dimensión a la que hizo referencia mi hermana. Lo que predominaba antes de Carrillo era una mirada escindida del enfermo, tanto de su realidad social como de su entorno más inmediato. Por eso él articuló la acción de su Ministerio con casi todas las áreas del Estado. Si había un enfermo que vivía en una casa imposible de habitar, inmediatamente el Ministerio de Salud procuraba una vivienda digna para esa persona ante el organismo específico. ¿Quién puede vivir sano en una casa con humedad, sin calefacción, sin pisos, sin baño interior? De allí esa tarea interrelacionada que él instrumenta.

-¿Cuáles son los logros más importantes que usted incluiría en una breve reseña?

-MSC: Son muchos y resumirlos no es una tarea sencilla. En primer lugar, lo que hay que destacar es la introducción de lo que llamamos la medicina social en el campo de la salud. En otros planos es inevitable no mencionar la erradicación del paludismo, por ejemplo. También la duplicación de camas en los hospitales públicos en menos de nueve años. El ataque frontal contra las enfermedades venéreas y la sífilis que prácticamente desaparecen. La disminución de la mortalidad por tuberculosis, que pasó de 130 a 36 por cada cien mil habitantes. Erradicó epidemias como el tifus y la brucelosis y redujo la mortalidad infantil del 90 por mil a 56 por mil. Junto con ello, no se puede dejar de mencionar las Especialidades Médicas del Estado, un conjunto de algo más de cien monodrogas de acceso gratuito para las personas que no tenían acceso a los medicamentos. Es una de las primeras decisiones que toma cuando se hace cargo del Ministerio. Y la ejecutividad, su principal atributo como funcionario, para hacer en tan pocos años una revolución que hasta el día de hoy no ha sido superada.

*Periodista, profesor en letras y legislador de la provincia de Río Negro.


Ramón Carrillo, un paradigma para el siglo XXI

Por Pedro M. Borio*

Es probable que la disolución de los paradigmas ciudadanos, que nuestra sociedad construyó durante un siglo y medio, sea una de las pérdidas más grandes que hemos sufrido los argentinos en los últimos cincuenta años.

Nuestros grandes historiadores habían ayudado a construirlos. Toda nuestra educación de entonces ponía énfasis en difundir esas vidas y conductas, asumiendo que la exaltación de las mismas y de sus virtudes era formadora de las nuevas generaciones. Luego, los revisionistas pueriles de la historia se dedicaron a la destrucción de esos modelos que “la historia oficial”, según su mirada nihilista, había acuñado a lo largo de las décadas.


Dr. Arturo Carrillo (1921-2005)


Arturo Carrillo - Carta final a Ramón Carrillo

Manuel Belgrano sostenía, ya en su época: “Honrar la virtud cívica es educar a los pueblos”. ¿Qué quería decir con esto ? Claramente, que era responsabilidad del gobernante exaltar las conductas paradigmáticas, para establecer los modelos sociales a los que el resto de los ciudadanos pudiera anhelar parecerse.

Todo un ejemplo paradigmático es, en el campo de las ciencias médicas, uno de nuestros héroes civiles del siglo XX: el doctor Ramón Carrillo. Pero el revisionismo de pacotilla pretende, aún en nuestros días, desmadejar su figura. No es sencillo hacerlo cuando se trata de un hombre de esa escala, como humanista, científico, funcionario y docente.

¿Cómo evocar hoy la polifacética, riquísima personalidad de Ramón Carrillo? Santiagueño de alma, fue una inteligencia descollante puesta durante toda su vida al servicio de sus compatriotas, particularmente los más carenciados, los más sufrientes. Nacido en 1906 en el seno de una familia afincada en Santiago un siglo antes, heredó de su madre el fervor por la fe católica y de su padre el ideario radical. No mucho más tenía para heredar. Con grandes esfuerzos vino a estudiar a Buenos Aires donde, brillantísimo alumno, recibió su diploma de médico con honores y medalla de oro. Carrillo fue un maestro de la neurocirugía argentina, reconocido y valorado en el mundo por su talento y su inagotable búsqueda científica. Podría haber tenido fama, éxito y dinero en el ejercicio privado de su profesión, pero eligió otra cosa.

En 1944 dirige el Instituto Nacional de Neurocirugía y crea, organiza y preside la Escuela de Postgrado de la Facultad de Medicina de la UBA, con orientación a la medicina social y preventiva. Valorando el aporte de la Historia a todas las ramas de la ciencia, funda la Sociedad Argentina de Historia de la Medicina.

El flamante gobierno de Perón le ofreció, en 1946, el ministerio de Educación. Declinó el ofrecimiento, pero propuso la creación del ministerio de Salud Pública, cuyo único antecedente era, a la fecha, el Departamento Nacional de Higiene. Allí fue designado, para luego asumir la secretaría de Salud Pública, el 1° de junio de 1946, al ser creada ésta sobre la base del antiguo Departamento Nacional. Finalmente, al crearse por ley el ministerio de Salud Pública de la Nación, en 1949, Carrillo se transforma en el primer ministro en la historia de esa cartera.


Trailer Ramón Carrillo, el médico del pueblo

Abrazó la causa de la salud pública con fervor. Se dieron en ese tiempo transformaciones colosales, que permiten asegurar que casi toda la infraestructura de salud con la que el país cuenta hoy se debe a esa gestión, realizada en conjunto con la Fundación Eva Perón: en sólo ocho años, se construyeron 4229 establecimientos sanitarios en todo el país. Esto amplió la capacidad hospitalaria en 130.180 camas. Jamás antes ni después la salud pública argentina recibió un impulso de esta magnitud.

La tasa de mortalidad infantil disminuyó claramente y la esperanza de vida al nacer aumentó de 61,7 años promedio a 66,5 en menos de una década. En 1947, inaugura el Instituto de Medicina Preventiva y su gestión edita el Plan Analítico de Salud Pública de la Nación. En 1949, publica su obra Política Sanitaria Argentina, considerada –junto con Teoría del Hospital (1953)– un tratado de consulta, aún hoy, en todo el mundo.

Impulsó y creó la especialización de médicos higienistas, hoy sanitaristas. Innovador, crea en 1948 los centros de salud, e inaugura los primeros 50. Decía entonces: “El centro sanitario es un conjunto de consultorios polivalentes, con servicio social, visitadoras sanitarias y bioestadística, para captación de enfermos, reconocimiento de sanos y tratamientos ambulatorios, en tanto que la Ciudad Hospitalaria funciona siempre en correlación con uno o más centros sanitarios”.

Se erradicó por completo el paludismo y enfermedades como sífilis y tuberculosis disminuyeron a niveles equiparables a países más desarrollados. Los argentinos debemos saber que el Servicio Nacional de Salud británico, considerado ejemplo de un sistema universal y público, data de 1949. Ya para entonces el sistema público de salud argentino superaba al británico, tanto en recursos aplicados como en resultados obtenidos.

Frente a quienes lo negaban y aún hoy lo niegan, escribió con amargura: “Si yo desaparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre el esfuerzo donde dejé mi vida”. Aspiramos a que, en la necesaria restauración de los paradigmas que tanto necesita nuestra querida Argentina al comienzo del siglo XXI, los miles de jóvenes que abrazan cada año la vocación por la medicina quieran seguir su ejemplo. Carrillo nunca postuló al Premio Nobel de Medicina, pero por su obra gigantesca y la dimensión de su humanismo ilimitado, está merecidamente en el nivel de nuestros Nóbeles. El doctor Ramón Carrillo recibe hoy, a cien años de su nacimiento y cincuenta de su muerte, el reconocimiento emocionado de sus conciudadanos.

*Docente universitario, comunicador e historiador. Integra la Comisión de Homenaje al doctor Ramón Carrillo.


Breviario "Ramón Carrillo, el sanitarista de los argentinos"

2006 AÑO DE HOMENAJE AL DR. RAMON CARRILLO
Presidencia de la Nación - Decreto 1558/2005

Por Osvaldo Vergara Bertiche*
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Colección "Cultura y Nación" - Declarada de Interés por la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe.
Edición de Análisis Cuadernos de Divulgación (Declarados de Interés por la Municipalidad de Rosario - Decreto 11.083 del 30/11/1995).

Texto completo de la Conferencia brindada en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia de la Municipalidad de Rosario el 30 de Agosto de 2006, en compañía del Licenciado Augusto Raúl Carrillo, sobrino del Dr. Ramón Carrillo y Autor, junto a su Padre Arturo Carrillo del libro "Ramón Carrillo. El hombre... el médico... el sanitarista" y del Dr. Mario Crocco, Director del Centro de Investigaciones Neurobiológicas del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación y Jefe del Laboratorio de Investigaciones Electroneurobiológicas del Hospital Neuropsiquiátrico "Dr. José Tiburcio Borda" dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

"Frente a las enfermedades que genera la miseria,
frente a la tristeza, la angustia
y el infortunio social de los pueblos,
los microbios, como causas de enfermedad,
son unas pobres causas".
Ramón Carrillo

Hace 100 años, un 7 de Marzo de 1906, nacía en la Provincia de Santiago del Estero, Ramón Carrillo, que se convertiría, con el correr de los años y en función de la coyuntura favorable, en el Gran Sanitarista Argentino.

Su hermano Arturo al evocarlo en su libro "El hombre… el médico… el sanitarista" dice que Ramón como "Creador del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación, su labor fue de gran trascendencia pues no sólo abarcó el país sino que se proyectó a toda América Latina y el mundo, de modo tal que sus principios constituyen una de las bases de la Organización Mundial de la Salud, en especial cuando declara a la Salud como un derecho inalienable de los pueblos y obliga al Estado a garantizarlo en forma indelegable".

Su padre, don Ramón Carrillo, fue profesor (docente egresado de la Escuela Normal de Paraná), periodista y político (tres veces diputado provincial); su madre fue doña María Salomé Gómez Carrillo.

"Era el mayor de los once hermanos que componían el resto de la familia". Bisnieto de don Marcos Carrillo, que había sido un oficial español que cayó prisionero del General Manuel Belgrano en la batalla de Salta. Posteriormente, en 1819, fue liberado y se casó con doña Ascensión Taboada.

Ramón Carrillo realiza sus estudios primarios en la Escuela Normal "Manuel Belgrano", de la Ciudad de Santiago del Estero. Rindió en carácter de libre los grados quinto y sexto lo que le permite ingresar al Colegio Nacional de su suelo natal a la edad de doce años.

En 1922, a los 16 años, publicó una monografía histórica, "Juan Felipe Ibarra: su vida y su tiempo", con la que ganó una medalla de oro, premio instituido por las "Damas Patricias" de su provincia; poco después presentó otro trabajo, "Glosa de los servidores humildes", en el que deja ya sentado precedentes sobre la necesidad de protección de la vejez.

En 1923, a los diecisiete años, egresa como Bachiller con medalla de oro.

En 1924, con sólo 17 años, comienza a cursar estudios en la Facultad de Medicina de Buenos Aires.

En 1927 obtuvo, por concurso de calificaciones, el cargo de Practicante Externo del Hospital de Clínicas y, casi al mismo tiempo, comenzó sus tareas como redactor de las Revistas del "Círculo Médico Argentino" y del "Centro de Estudiantes".

Conoce al Doctor Manuel Balado, importante neurocirujano argentino con formación en los Estados Unidos, y realizan, conjuntamente, trabajos científicos que fueron calificados como los primeros publicados en serie y de una alta calidad en los métodos investigativos.

A los 22 años de edad recibe su título de Médico.

En 1930, en virtud de sus altas calificaciones y por la calidad de sus trabajos, ganó la "Beca de la Universidad de Buenos Aires", que consistía en tres años de perfeccionamiento en Europa.

Eligió capacitarse en Holanda, Francia y Alemania. Europa, que le sirve para aumentar sus conocimientos médicos, le permite presenciar los profundos cambios políticos que se estaban produciendo (1930 - 1933).

"En octubre de 1932, Carrillo representó a la Argentina en el Primer Congreso de Neurología, en Berna, Suiza, siendo el participante más joven y uno de los más activos".

Regresa al país en 1933 y los doctores Arce y Balado "le confiaron de inmediato la organización del Laboratorio de Neuropatología del Instituto de Clínica Quirúrgica, lo que pudo ejecutar dividiendo su tiempo entre la neurocirugía a la mañana y el laboratorio a la tarde". Durante ocho años, y sin consultorio privado, se dedicó "tiempo completo" a esta actividad.

"Es decir que durante todos esos años, posteriores a su graduación, se dedicó exclusivamente a la investigación y estudio de las materias básicas de su especialidad y a la elaboración de numerosos trabajos científicos, de la misma orientación, manteniendo estrecha relación e intercambios de informaciones profesionales con los investigadores de la Escuela Neurobiológica Argentina en el Hospital de Alienadas y el Hospicio de las Mercedes, luego Hospitales Moyano y Borda".

Cuando regresa al país es también el año del pleno apogeo de la Década Infame, "donde puede vivenciar el sistemático saqueo y destrucción que sufre su patria, en un período caracterizado por la profunda decadencia moral de la dirigencia, donde se impone la corrupción, el negociado, la enajenación del patrimonio nacional y el empobrecimiento de una gran mayoría poblacional".

Adhiere entonces al llamado pensamiento nacional que tiene verdadero auge en esos tiempos. Su grupo más representativo, F.O.R.J.A. es fundado el 29 de junio de 1935 en un sótano ubicado en la Avenida Corrientes 1778 de la Capital Federal y entre los socios fundadores estaban Arturo Jauretche, Juan B. Fleitas, Manuel Ortiz Pereyra, Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Atilio García Mellid, Jorge del Río, Raúl Scalabrini Ortíz y Homero Manzi, entre otros. Carrillo se vincula, justamente, con éste último, coterráneo y condiscípulo en la infancia, y así complementa su educación científica con las ideas políticas y culturales que éstos propugnaban.

"Vive la bohemia literaria y filosófica de los cafetines de Buenos Aires". Leía a José Pedroni, Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones; se relacionó también con Armando y Enrique Santos Discépolo; y manifestó una definida inclinación por la pintura argentina, iniciando la formación de una importante pinacoteca.

Queda claro que abrevó políticamente en el nacionalismo de esa época y advirtió que éramos "un país cultural, mental y económicamente colonizado", y tomando conciencia de que se hallaban dispersas las fuerzas capaces de modificar esa situación.

En 1937 recibe el Premio Nacional de Ciencias. Y en 1939 se hace cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central.

Este cargo le permite conocer con mayor profundidad la realidad sanitaria del país. Al tomar contacto con las historias clínicas de los aspirantes al servicio militar, procedentes de todo el país puede comprobar que prevalecen enfermedades vinculadas con la pobreza, sobre todo en aquellos de provincias postergadas.

Lleva a cabo estudios estadísticos que dan un resultado casi escalofriante: el país sólo contaba con el 45% de las camas necesarias y distribuidas de manera desigual. En algunas regiones las camas por cada mil habitantes eran del cero por ciento.

"Los hospitales gratuitos del Estado o de las sociedades de beneficencia se desenvolvían en condiciones precarias, por falta de personal, alimentación, medicamentos e instrumental. Las zonas rurales estaban totalmente desprotegidas… Los centros hospitalarios conservaban el espíritu de caridad que las sociedades de beneficencia le habían impreso desde el siglo anterior, muy alejado, más allá de sus buenas intenciones, del carácter de servicio público que debían tener".

Ramón Carrillo ha sido premeditadamente olvidado, hasta ahora, de los anales de la Salud Pública, de la medicina sanitaria, de la lucha contra las enfermedades endémicas y de una medicina organizada e integrada. De un plan de salud para todo el país.

Carrillo accedió en 1941 como Profesor adjunto en la cátedra de Neurocirugía, y en 1942, al morir el profesor Manuel Balado, Titular de dicha Cátedra, se presenta a concurso para reemplazarlo, con un bagaje de antecedentes y trabajos que conformaban una acabada demostración de su talento. Realizó un interinato de unos meses y luego recibió la confirmación, a los 35 años de edad.

En su conferencia inaugural sostuvo que la formación del neurocirujano debía ser estricta y muy cuidadosa, puesto que se requería del profesional que abrazara esa especialidad una extraordinaria capacidad técnica, salud física, gran entrenamiento intelectual y vastos conocimientos adquiridos metódicamente. Debía tener además el espíritu abierto a todos los vientos, "amasado el corazón"; no gritar, como el Mefistófeles de Goethe, "Nada sé decir del sol y de los mundos; sólo miro cómo sufren los hombres".

"No señores", decía Ramón Carrillo en aquel primer contacto con sus alumnos, "debemos abrir nuestros brazos al mundo y dirigir los ojos al sol. Debe ser el neurocirujano un hombre capaz de ocultar su triste destino al que ya no espera nada, manteniéndole el último destello de una ilusión. Cualquier espíritu noble estará con Santo Tomás: es preferible un sentimiento que consuela a una verdad que ilumina".
Y concluye: "Vosotros, desinteresados en las contiendas, limpios de los estigmas de las ambiciones, caeréis con sorpresa en las encrucijadas; el tiempo os despeñará del mundo de los sueños a los ásperos caminos de la vida. Entonces los más nobles sentimientos se pervierten en el vaso impuro del corazón humano si un ideal altruista y de trabajo no lo embalsama, purificándolo del mal de las codicias y de la convicción materialista de que la vida es botín legítimo del más fuerte".
La segunda guerra mundial había dividido al país en "neutralistas" y "rupturistas".

Carrillo era neutralista coincidiendo con los argumentos de F.O.R.J.A., en el sentido que la guerra mundial era un problema entre países imperialistas, en el que Argentina no debía participar. Por esta razón fue tildado de "pro-nazi".

Desde la Universidad, Carrillo venía apoyando al gobierno desde 1944, y por esos tiempos conoce en el Hospital Militar al Coronel Juan Domingo Perón, con quién mantiene innumerables conversaciones sobre la problemática nacional y en particular sobre la carencia de planes y servicios de salud para los más necesitados.

A principios de 1945 la Escuela de Medicina designa a Carrillo representante ante el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires.

En dicho cargo y apoyado por nacionalistas y forjistas, resiste presiones, lucha contra imposiciones arbitrarias, habla incansablemente con profesores y grupos de estudiantes para esclarecerlos sobre el problema argentino, pero logra escasos resultados. La inteligentzia no le escucha.
Carrillo se aproxima cada vez más a la línea de F.O.R.J.A.; lee a Scalabrini Ortíz y siente que el movimiento que se está formando alrededor del Coronel Perón constituye la base ideológica de una fuerza de características nacionales.

Fue el creador, organizador y primer Presidente de la Escuela de Postgraduados en la Facultad de Medicina, con orientación hacia la medicina social y preventiva.

Fue fundador de la Sociedad Argentina de Historia de la Medicina, publicó 140 monografías sobre temas vinculados a la neurología, psiquiatría, histología y patología del sistema nervioso, con especial referencia a la neurocirugía y a la historia de la medicina.

Así mismo intuía que las legiones de "cabecitas negras" que arribaban a Buenos Aires eran adelantados del tiempo nuevo y que su acción, desde las fábricas, alcanzaría los objetivos que las armas no consiguieron.

El 17 de Octubre de 1945, Carrillo, que era Jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar, dispone que se reserve una habitación para Perón, ya que éste sería trasladado desde la isla Martín García.

Allí se produce, entre ambos (Perón y Carrillo), una simbiosis que significaría el germen de la Revolución Sanitaria más importante que conoció nuestro país.

Después de las elecciones del 24 de Febrero de 1946 el Doctor Carrillo pasó a ocupar un lugar importantísimo en la estructura del naciente peronismo. El 23 de mayo de ese mismo año, en acuerdo general de ministros, se crea la Secretaría de Salud Pública, con rango de Ministerio (pasaría a ser Ministerio con la Reforma Constitucional de 1949).

El 29 de mayo, mediante un Decreto del Poder Ejecutivo, el Profesor Doctor Ramón Carrillo fue designado Secretario de Salud Pública, cargo que asumiría el día 4 de junio de 1946 cuando el General Juan D. Perón se hizo cargo de la presidencia, y que conservaría hasta el 16 de Junio de 1954.
Al iniciar sus funciones, el Doctor Carrillo se encontró con una gran desorganización, con instalaciones sanitarias inadecuadas, y con falta de camas, de equipamiento médico, de insumos y de personal capacitado. Esto fue lo que lo motivó a comenzar a trabajar en una serie de cambios representados en tres puntos que el mismo Perón enunciaría:
1. Todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la salud.
2. No puede haber política sanitaria sin política social.
3. De nada sirven las conquistas de la técnica médica si ésta no puede llegar al pueblo por los medios adecuados.

Carrillo marcó un interés especial en áreas que el Estado no había profundizado hasta entonces: la medicina preventiva, la medicina social y la atención materno-infantil.

Elaboró un plan de más de cuatro mil páginas, llamado "Plan Analítico de Salud Pública", en el que quedaba previsto hasta el más mínimo de los detalles. Todos los puntos del funcionamiento hospitalario estaban contemplados en este plan: cada empleado debería atender su función específica y todos ellos eran importantes por igual. El cuerpo médico dependía de que las áreas de mantenimiento, intendencia, lavandería, ropería, administrativa, contable, compras y personal cumplieran acabadamente con sus funciones.

También otorgó a la arquitectura hospitalaria una relevancia que no había tenido hasta entonces y promovió la construcción de centros de salud espaciosos, luminosos y funcionales. Incluso alentó la creación de una cátedra de Arquitectura Hospitalaria, así como la organización de cursos de instrumentación quirúrgica, enfermería, administración hospitalaria, hemoterapia, radiología, anestesiología, alimentación y muchos otros.

Como parte de su estrategia para mejorar la estructura sanitaria, Carrillo dividió el país en zonas sanitarias y planificó para cada una de ellas la atención especifica de sus problemas, procurando lo que denominó "centralización normativa y descentralización ejecutiva", es decir que todos en la órbita de la Secretaría de Salud se regirían con las mismas normas y criterios, pero las decisiones y la atención directa quedaban bajo la responsabilidad de cada uno de los centros de salud, aun en el caso de los más pequeños.

Como ejemplo del buen funcionamiento de su estrategia puede mencionarse la llegada de la vacunación antivariólica y antidiftérica hasta los pueblos más aislados y distantes.

Su estrategia de planificación se vio potenciada por la acción de la "Fundación Eva Perón".

Sostenía Ramón Carrillo que "Los problemas de la medicina como rama del Estado no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría".


Imágenes: gentileza Fundación Ramón Carrillo
Prof. Lic. Teresita Carrillo, presidente.
Prof. María Cristina Carrillo, vicepresidente
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En su mensaje al Congreso Nacional el 19 de octubre de 1946, el Presidente Perón presentó los lineamientos del Plan del Poder Ejecutivo sobre Realizaciones e Inversiones para el Quinquenio 1947-1951.

De ahí en más, se le conocería como "Primer Plan Quinquenal".

Dijo su inspirador el General Perón: "Aspiramos a una liberación absoluta de todo colonialismo económico, que rescate al país de la dependencia de las finanzas foráneas".

Agregando: "Para aumentar otras conquistas sociales, necesitamos aumentar la riqueza y aumentar el trabajo. Nuestro plan considera en esta segunda etapa, multiplicar la riqueza y repartirla convenientemente; y con ello las nuevas conquistas sociales han de salir fecundamente de nuestro propio trabajo, sin perjudicar a nadie.

Sin bases económicas no puede haber bienestar social, es necesario crear esas bases económicas. Para ello es menester ir ya estableciendo el mejor ciclo económico dentro de la Nación y a eso también tiende nuestro Plan.

Debemos producir el doble y a eso multiplicarlo por cuatro, mediante una buena industrialización, es decir enriqueciendo la producción por la industria; distribuir equitativamente esa riqueza y aumentar el estándar de vida de nuestras poblaciones hambrientas, que son la mitad del país; cerrar ese ciclo con una conveniente distribución y comercialización de esa riqueza; y cuando el ciclo de la producción, industrialización, comer-cialización y consumo se haya cerrado, no tendremos necesidad de mendigar mercados extranjeros, porque tendremos el mercado dentro del país y habremos solucionado con ello una de las cuestiones más importantes: la estabilidad social, porque el hambre es muy mala consejera de las masas... nosotros queremos dar al país una gran riqueza, pero consolidada por un perfecto equilibrio social.

Queremos que en la extracción, elaboración y comercialización de esa riqueza, el capital y trabajo, sean asociados, colaboradores y no fuerzas en pugna, porque la lucha destruye valores; sólo la colaboración, la buena voluntad y la cooperación son las fuerzas capaces de construir valores y de aumentar riquezas".

Y consecuentemente se dispone una inversión en Acción Social del orden del 7,5 por ciento y de un 9,4 en Salud Pública.

La cantidad de nuevas camas proyectadas para esta etapa es de 80 mil, como así hospitales, salas de primeros auxilios y erradicación de enfermedades endémicas.

Debemos hacer un paréntesis para introducirnos en la evolución de los sistemas de salud.

En el mundo y durante muchos siglos, el rol de los hospitales no estuvo asociado, justamente, a la atención de salud.

Antes del siglo XVIII el hospital era esencialmente una institución de asistencia a los pobres y a la vez, una institución de exclusión; por aquellos tiempos el hospital y la medicina eran campos independientes.

El carácter asistencialista y de segregación de pobres, dementes, mutilados y prostitutas procedía de la antigüedad y estaba presente en los templos de Asklepios de Grecia y en los Valetudinarios del Imperio Romano, (ambos lugares éstos en donde la tradición atribuyó al médico el rol de sacerdote) y en los asilos y hospitales a cargo de congregaciones religiosas durante la Edad Media y el Renacimiento, dando origen así a que se cristalizara el origen divino de la medicina occidental.

Ya entrado el siglo XVIII, las transformaciones económicas y sociales fueron modificando las funciones hospitalarias. Al decir de Foucault, la "medicalización" de los hospitales se fue manifestando en su localización y en la distribución interna del espacio, en la institucionalización de la presencia médica y en la organización de registros permanentes.

Así el médico asumió la responsabilidad de la organización hospitalaria, a la vez que se conformaron colecciones de documentos, pasando a ser un lugar de cura y de adquisición de conocimientos.

En el siglo XIX, la aparición de hospitales públicos convirtió lo que había sido un servicio domiciliario en otro en el que primaban nuevas funciones que, al mismo tiempo, se vieron impulsadas por el progreso de la ciencia médica y por las nuevas ideas que se difundían tales como la ideología liberal de la Revolución Francesa, la Social de 1848 y la aparición del Socialismo.

La ampliación de las competencias del Estado democrático moderno y la aparición de las democracias sociales durante el siglo XX, consolidaron las funciones del hospital como centro de atención médica cada vez más complejo y al servicio de capas de población cada vez más extensas.
"Los nuevos roles externos de las instituciones de salud se acompañaron de una paulatina redefinición interna: el saber médico, potenciado por el auge de las ciencias biológicas y exactas y por el desarrollo de la tecnología, se afianzó como eje del modelo de atención considerado como ideal, con un fuerte predominio de la acción curativa, y con un abandono de los aspectos psicológicos y sociales del proceso salud-enfermedad".

El modelo de atención se vio incentivado luego de la Segunda Guerra Mundial por los grandes intereses económicos que se desarrollaron en el sector.

En Argentina, durante la época colonial, los establecimientos públicos mostraban las clásicas características de albergues para indigentes con escasa o nula actividad de atención de la salud.

La creación del Protomedicato dispuesta por el Virrey Juan José de Vértiz en 1779, dependiente del de Lima, (se inaugura el 17 de agosto de 1780 en una audiencia en la cual el primer Protomédico, doctor Miguel Gorman, dio una alocución en latín) fue la primera acción que, entre otros fines, procuró regular la actividad de los hospitales e introducir el conocimiento médico en los mismos.

El Protomedicato era una vieja institución española cuyos orígenes se remontan al Medioevo.

Varios años después de su creación, el Protomedicato de Buenos Aires incorporó a sus funciones la tarea de formar médicos y cirujanos. Surgió así en 1799 la Escuela de Medicina del Tribunal del Protomedicato de Buenos Aires, que inauguró sus cursos alrededor de 1801.
"Durante los primeros años de la emancipación, los hospitales corrieron una suerte azarosa, predominando la insuficiencia de recursos y la heterogeneidad de su dependencia. La situación se mantuvo sin variantes hasta el último cuarto del siglo XIX, en que dentro del modelo económico y social que se afianzó en el país, se incrementaron los esfuerzos para convertir a los hospitales en reales centros de atención médica. Pese a ello, persistió el criterio benéfico en su funcionamiento".

Luego (puesto en funcionamiento operativo el "gobernar es poblar" de Juan Bautista Alberdi) de la mano de la inmigración la tasa de población urbana de la Argentina se elevó notablemente, de un 42,8% en 1895 a un 57,3% en 1914.

En el artículo "Beneficencia y Asistencia Social: la política manicomial en Buenos Aires. 1880 - 1940" publicado en la "Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica" (Año XI, volumen 9, Número 2, octubre de 2000), Marisa Requiere señala que: "En el período que va desde 1880 a 1940 se plasmaron en nuestro país una línea de ideas políticas, económicas y culturales que modificaron las estrategias médico asistenciales.

El aparato sanitario y de higiene pública secular, fue modelado según los cánones europeos, que se remontaban al intento de Rivadavia. Con el paso de los años cambió la fundamentación filosófica asociada con la asistencia de los carenciados y/o enfermos.

La ecuación beneficencia-caridad-filantropía apareció explícitamente en la obra político asistencial, encargándose el Estado de marcar las pautas de la beneficencia pública que deja de lado el marco privado que antes distinguía a la salud".

Y agrega: "La asistencia pública fue uno de los medios más nítidos a través de los cuales se podían solucionar los males de la sociedad: enfermedades pestilentes, como la fiebre amarilla, tuberculosis y por supuesto la locura".

Así también, la Doctora Alicia Moreau de Justo, durante sus prácticas en el Hospital de Clínicas comprobó que muchas enfermedades "tenían su origen en la miseria que sufrían los trabajadores condenados por un régimen social injusto", denunciando la situación de las mujeres destruidas por la prostitución y las enfermedades. (ver "Cultura y Nación", de Osvaldo Vergara Bertiche, "Alicia Moreau de Justo - combatiendo el dolor ajeno").

A contrapelo de toda esta situación de injusticia, con la llegada del primer gobierno justicialista, la gestión del Doctor Ramón Carrillo desde la Secretaría de Salud Pública constituyó un hito trascendente en el desarrollo de los servicios públicos de salud.

Pretendía que los hospitales no fueran casas de enfermedad sino casas de salud de acuerdo con la nueva orientación de la medicina, la cual tiende a evitar que el sano se enferme. Es durante su gestión que se desarrollaron las obras sociales.

El pensamiento científico práctico e intelectual de Ramón Carrillo puede sintetizarse, además, en que "el Hospital debe ser un hogar y no una antesala de la muerte", y "los servicios médicos constituyen un esencial derecho del hombre" y por ello "junto a la historia clínica del enfermo se levanta la historia social del hombre".

Sus intervenciones son precisas y profundas; sus mensajes son aleccionadores, dice: "La medicina moderna tiende a ocuparse de la salud y de los sanos y el objetivo principal es ya no curar al enfermo sino evitar estar enfermo".

"La medicina no sólo debe curar enfermos sino enseñar al pueblo a vivir, a vivir en salud y tratar que la vida se prolongue y sea digna de ser vivida".

Consecuentemente con este pensamiento, durante la gestión Carrillo, los trabajos que se llevaron a cabo por intermedio de la Subsecretaría de Construcciones del Ministerio de Salud, en forma conjunta con el Ministerio de Obras Públicas y por la "Fundación Eva Perón", darían como resultado la creación de 4.229 establecimientos sanitarios de distinto rango, con 130.180 camas.

El 15 de marzo de 2006, en Sesiones Ordinarias de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, se rinde homenaje a la memoria del Dr. Ramón Carrillo; la representante por Santiago del Estero, Señora Marta Sylvia Velarde señala, entre otras cosas, que: "Carrillo no vaciló, no titubeó y tampoco negoció. Se dispuso a estructurar un sistema de salud que, si bien era para todos los argentinos, beneficiaba fundamentalmente a los más necesitados. Existe un antes y un después de Carrillo en la historia de la salud de la Argentina.

Antes, la salud de las plantas y de los animales era mucho más importante que la de las personas. De hecho, existía una Dirección Nacional de Sanidad Animal y Vegetal, dependiente del Ministerio de Agricultura de la Nación, mientras que la salud de la gente era atendida por un Departamento Nacional de Higiene.

La lucha contra la garrapata era mucho más importante que la lucha contra la tuberculosis, contra el paludismo y otras enfermedades endémicas del norte argentino.

Debió llegar Ramón Carrillo en el año 1946 a la Secretaría de Salud de la Nación, que tenía rango de Ministerio, para que se duplicaran las camas hospitalarias y para que el sistema de salud comenzara a funcionar de una manera diferente.

Con él, el presupuesto en salud se incrementó diez veces, y podemos decir que la mortalidad infantil, que en 1945 era del 90 por mil, descendió a 56 por mil en 1954, mientras que la tuberculosis, que se llevaba 130 de cada mil argentinos en 1945, diez años después se llevaba 36 de cada mil.

Carrillo sabía que para poder perpetuarse, su obra debía quedar plasmada en una legislación básica, tal como lo hizo. Se ocupó de toda una legislación que tendía a la socialización de la medicina y a la semisocialización de la farmacia. En su época apareció un listado de especialidades medicinales que se vendían a precios populares. Él estaba convencido de que la salud no era el botín legítimo del más fuerte.

Hay hombres que viven la historia y otros que la hacen. Ramón Carrillo perteneció a esta última clase de hombres, a aquellos que hacen la historia. Hizo el bien con fuerza, con obstinación, con voluntad reformadora de una sociedad que lo necesitaba.

Abnegación, servicio, eficiencia y honorabilidad son algunos de los vocablos que califican su obra".

Asimismo el Diputado por Santa Fe, Dr. Hermes Juan Binner manifiesta: "Nuestro bloque adhiere a este justo homenaje que se está realizando a la figura del Doctor Carrillo.

La historia de la salud pública cuenta con el Doctor Carrillo como uno de sus mojones más importantes. Quienes hemos transitado por la salud pública sabemos del valor del Dr. Ramón Carrillo en la formación y en el concepto integral de la salud pública.

Vale rescatar su teoría del hospital; su concepción de la integración de lo americano con lo hispánico; el concepto fundamental del hospital a partir de módulos de complejidad de 30 camas, y la forma en la que se construían los hospitales que salían del modelo apabellonado francés.

Era un hito extraordinario no sólo para la Argentina sino para el mundo, que demostraba que aquí se estaba llevando adelante una política edilicia que servía precisamente a ese nuevo modelo de salud que se estaba desarrollando.

Por lo tanto, adherimos fervientemente a este homenaje y desearíamos que se reimpriman las obras completas de Ramón Carrillo que en su momento publicó la editorial Eudeba. Sería muy importante contar con una nueva versión de estas obras fundamentales para el entendimiento de la salud pública de nuestro país.

El Doctor Carrillo figura dentro de los grandes de la salud pública que ha tenido nuestro país, como Juan B. Justo, que introdujo la asepsia; Domingo Cabred, impulsor de los hospitales de principios del Siglo XX al igual que Ramón Carrillo y Arturo Oñativia, que tuvo una política de medicamentos destinada fundamentalmente a creer en el país, en la Nación y en los argentinos y a creer que realmente es imprescindible formular una propuesta de salud que nos integre a todos en igualdad de calidad y de condiciones".

Domingo Cabred, Médico Psiquiatra, (1859 - 1929) fue uno de los grandes médicos alienistas (psiquiatras) que tuvo nuestro país, y el creador de una manera de tratar a los enfermos mentales radicalmente distinta a las convencionales en su época.

Juan Bautista Justo, (1865 - 1928) fue un destacado cirujano. Gran investigador e innovador, introdujo en nuestro país las prácticas antisépticas en las operaciones quirúrgicas.

"Hubo una época en mi vida, en que pasaba el día en el hospital con los enfermos, los lisiados, los inválidos, las víctimas variadas de la miseria, de la explotación. ¿Valía la pena empeñarse tanto en conservar esas vidas, fatalmente condenadas a un vil sufrimiento? Gradualmente comprendí que había mucho de estéril e indigno en mi tarea, que aquello tenía algo de fanático y unilateral. ¿No era más humano ocuparse de evitar en lo posible tanto sufrimiento y tanta degradación?. Y encontré en el movimiento obrero el ambiente propicio a mis nuevas y fervientes aspiraciones"; y con este estímulo y sus convicciones,

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