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  MALVINAS: UNA OPORTUNIDAD PARA NACIONALIZAR CONCIENCIAS  
  Por Francisco Pestanha  
 





“ La cultura argentina había vivido de espaldas a la realidad en el siglo XIX, lo que no puede extrañar porque esa realidad no era audible ni visible ... Esa falta de visión la suplió la nostalgia del pasado en el Martín Fierro (pese a la repugnancia visceral de los europeístas y diletantes del 80). Empezaría a aflorar, como vimos, en la generación del Centenario con La restauración nacionalista prematura, porque nadie sabía qué era lo nacional a restaurar”.

José María Rosa






Ante todo, mi eterno agradecimiento por la invitación a los integrantes de la Comisión de Familiares de caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur.

En una conferencia inaugural que tuve el placer de presenciar, Enrique Oliva denunció enfáticamente la ausencia, en todos los niveles educativos del país, de referencias a la reivindicación histórica de nuestros derechos sobre las islas Malvinas y demás islas del Atlántico Sur. Recordaba Oliva que durante el transcurso de su propia experiencia educativa la presencia de dicha cuestión era constante - e inclusive - en muchas de las aulas, relucía un cuadro con la leyenda “las Malvinas son Argentinas”. Al concluir su alocución, sostuvo el maestro que la “desmalvinización” en el espectro educativo, tenía para él un objetivo claro y preciso: desnacionalizar las conciencias de las nuevas generaciones.

Este último párrafo, mediante el cual Oliva sintetizó lúcidamente uno de los grandes dramas de nuestro tiempo, me dio pie para emitir  las siguientes reflexiones, que anhelo contribuyan a un auspicioso debate que afortunadamente se reabre en estos tiempos.

Creo entender que las escasas referencias reivindicatorias no sólo respecto a nuestros derechos sobre las Malvinas y las islas del Atlántico sur, sino además a la mismísima gesta de abril de 1982, no resultan un hecho casual ni responden, como suelen sostener algunos de los gurúes de la psicología social, a las consecuencias traumáticas de la derrota. 

 Muy por el contrario, el fenómeno de desmalvinización es consecuencia de una estrategia que no es nueva, y que se encuentra vinculada a relaciones de poder que se manifiestan ancestralmente en la humanidad, y que dan cuenta de una determinada situación o pretensión colonial. En tal sentido, la reivindicación permanente y persistente de una porción de nuestro territorio, arrebatada unilateral y arbitrariamente, y su posterior tentativa de recuperación, constituyen verdaderos desafíos que, desde cualquier perspectiva colonial, deben ser desnaturalizados - o lo que es mejor aún - condenados al olvido. La epopeya de Vuelta de Obligado acontecida 20 de noviembre de 1845 -por ejemplo-, sufre aún hoy consecuencias similares y pueden encontrarse en la historia de otras naciones sujetas a presiones o pretensiones coloniales, ejemplos análogos.

Reconozco que sostener este tipo de posiciones en una sociedad donde en términos de Methol Ferre la mentalidad escolástica inunda los ámbitos académicos y mediáticos se torna dificultoso, ya que suele acusársenos de conspirativos o paranoicos. No hace mucho tiempo un intelectual de “prestigio” para nuestra intelligentzia me imputó públicamente (en un panel organizado por la Secretaria de Cultura de la Nación), el apotegma de anticuado y anacrónico - ya que según él - las categorías a partir de las cuales el Pensamiento Nacional aborda la realidad no contemplan la existencia de fenómenos inexorables (siempre según él) como por ejemplo el de la globalización. Además sostuvo   que los imperios tal como fueron concebidos en siglos anteriores ya no existen. ¡Pobre ingenuo!, después de palmarias demostraciones de la reciente fase del conflicto en Medio Oriente, no creo que pueda sostenerse tal afirmación. De estar vivo, don Arturo Jauretche le hubiera imputado con su conocida vehemencia  el conocido mote de “zonzo”.

Pero más grave que el fenómeno colonial, que resulta una constante histórica ancestral, es el que se vincula a una mentalidad que circunda a nuestras clases ilustradas y que se manifiesta  como aquella tendencia presente en nuestras elites intelectuales a deslumbrarse por los contenidos y metodologías provenientes del mundo culto y civilizado y a seguir sus modas conceptuales (mentalidad escolástica según Methol Ferré). La generación vencedora de Caseros, de la cual Sarmiento y Mitre fueron dos de sus representantes mas conspicuos, constituye un claro ejemplo de este tipo mentalidad, ya que impulsaron con suma fortaleza (y por que no con cierta eficacia), un proyecto de país que Jauretche describió magistralmente como el de “hacer la Europa en América”.

La dicotomía “civilización o Barbarie”, sobre la que se asentó su concepción de esta generación,  donde la “barbarie” era la consecuencia de la interacción entre lo americano “bárbaro por excelencia”, y lo español,  decadente por consecuencia y la “civilización”, el emergente de la ilustración europea, determinó todas y cada una de sus acciones. Así por ejemplo, bajo la dictadura de este falso dilema, la guerra del Paraguay fue presentada, relatada y exaltada como una batalla contra la “barbarie”, y la gesta de Vuelta de Obligado, como una osadía imprudente contra la civilización.

Debe entenderse que la mentalidad escolástica es sumamente redituable para las elites, ya que al entrañar un acoplamiento amigable entre ellas y las estructuras de producción de sentido que emergen del “mundo civilizado”, les permite a los intelectuales el acceso al financiamiento que dichas estructuras impulsan (publicaciones, viajes, congresos etc.).

De un simple análisis de los programas, contenidos, y de la bibliografía recomendada en las diversas cátedras que abonan el universo local de las ciencias sociales - en especial – de los correspondientes a la universidad pública, surge nítidamente dicho acoplamiento y el profundo desconocimiento respecto a una corriente de pensamiento (el nacional) que durante el siglo pasado nos legó mas de cinco mil textos sin contar, artículos periodísticos, revistas y otras publicaciones.

Según nuestras estimaciones, mas del 70 por ciento de referencias bibliográficas en nuestra universidad son de autores extranjeros o exégetas locales de aquellos. Similar fenómeno acontece con las distintas corrientes e instituciones  educativas que pululan no solamente en los ámbitos académicos, sino también en los ámbitos de gestión pública.

El mundo académico de nuestros centros urbanos se ha formado -  como describe José Maria Rosa en el encabezado - bajo la impronta del iluminismo, del universalismo y del narcisismo intelectivo, y los centros de formación docente suelen responder aún hoy - salvo honrosas excepciones - a dicha tendencia.

Las razones por las cuales se consolidó este tipo de mentalidad  en las elites de nuestro país son variadas y complejas. Enunciarlas y explicarlas excedería con creces el espacio de esta conferencia, y además, han sido descriptas con suficiente profundidad, entre otros, por Arturo  Jaurteche y Juan José Hernández Arregui. Pero eso sí, bien vale resaltar, que de la simple comparación entre metodologías y contenidos presentes en países sujetos a relación o pretensión colonial, y de aquellos que los ejercen, surgen nítidas diferencias, sobre todo en lo que se refiere a la disposición de recursos orientados hacia la investigación teórica de factores cohesivos.

La cuestión nacional, y todos los tópicos a ella vinculados, son por ejemplo en Francia una cuestión científicamente relevante. Por el contrario, en los ámbitos académicos locales conceptos como nación, nacionalismo, telurismo, tradición, nativismo, o similares suelen ser despreciados por reaccionarios, anacrónicos, o anticuados, y en general, no existen líneas de financiamiento para investigaciones que aborden el cúmulo de fenómenos sociológicos de potencialidad cohesiva. Salvo algunos recursos destinados hacia investigaciones históricas de tipo retrospectivo para abordar críticamente la formación del nacionalismo argentino, las otras brillan por su ausencia. En cambio,  pululan las investigaciones de orientación clasista, genérica, sectorial, etc.

Un de las cuestiones mas significativas es la vinculada al desprecio académico por fenómenos como el nacionalismo. El problema  no resulta  muy complejo, pero eso si denota una profunda ignorancia, ya que la palabra nacionalismo suele ser inmediatamente asociada a los fenómenos nacionalistas acontecidos en el viejo continente, y en tanto, asociado a la ferocidad de experiencias acontecidas durante el siglo pasado como el nacional – socialismo alemán. Pero el nacionalismo no admite una única versión. Ese es un craso error teórico de los escolásticos, y además, una actitud que presupone una tosquedad supina.

Para sostener tal afirmación me remito por ejemplo a las elaboraciones teóricas del mexicano José Vasconcelos o del compatriota Scalabrini Ortiz,  quienes en su tiempo  plantearon una concepción multígena e integradora del nacionalismo iberoamericano en contraposición al totalizador, homogeneizante y excluyente del europeo. Claro, ni Scalabrini ni Vasconcelos son objeto de estudio ni de actualización en nuestras universidades, como tampoco otros autores que abordaron desde otras perspectivas la cuestión nacional. Recién ahora algunos de ellos empiezan a ser incorporados tangencialmente a los programas no por voluntad, ni por convicción, sino por la propia fuerza de la realidad histórica.

El proceso de la desnacionalización cultural de las conciencias que señalo Enrique Oliva, fue y debe ser objeto de estudio del pensamiento nacional.

Textos tan esclarecedores como los de Jauretche y Scalabrini, pero también de otros tantos, como José Luis Torres, Ramón Doll, Leonardo Castellani, Hernández Arregui, Fermín Chávez, etc,  dan cuenta que el mismo fenómeno que hoy condena al ostracismo educativo y cultural a la Gesta de Malvinas, fue una constante durante el siglo pasado. Aun hoy “prestigiosos intelectuales” siguen sosteniendo que el pensamiento de esos autores  - y de otros tantos - no son “científicos” en virtud que no responden a los parámetros académicos de la época, o simplemente  por que no emergieron de dichos ámbitos, donde según ellos, se produce exclusivamente el caudal de la ciencia.

Esta actitud -a tiempo vista- resulta hoy insostenible, discriminatoria, burda e ignorante, ya que centraliza la producción científica en un ámbito determinado, cuando es harto sabido que  los ámbitos académicos están circundados también por las relaciones de poder, y como tales, determinadas por las estructuras de producción de sentido que así como incluyen sus consonancias excluyen todo conato de producción alternativa. Para quien les habla no cabe duda: Hay en nuestro país y en iberoamérica una verdadera ciencia social extraacadémica que emerge fuera de las instituciones, y que reclama su inclusión definitiva.

- Razones  para desmalvinizar-

El fenómeno de desmalvinización, que no se circunscribe sólo a la gesta del 2 de abril de 1982, sino que se extiende a las distintas fases de reivindicación del archipiélago desde su apropiación ilegítima por parte del imperio Británico, expone llamativas coincidencias entre la estrategia colonial – en este caso británica - y la mentalidad escolástica de nuestras clases ilustradas.

Para la estrategia colonial Británica la reivindicación de la causa de  Malvinas:

A. -  Representa una acción desafiante e inaceptable.

B.- Representa una agresión contra sus intereses y su prestigio nacional.

C.- Presupone el riesgo de contribuir a despertar la formación de una conciencia propia alrededor del reclamo

Para la Mentalidad escolástica de nuestra  intelligentzia:

a.-   Representa un reivindicación anacrónica y bárbara contra el mundo “civilizado”, y en tanto, una resistencia trivial que debe ser neutralizada.

b.-   Representa un agresión contra sus intereses, ya que los mismos,  están anudados a los centros de producción de sentido.

c - Representa un riesgo para su estabilidad ya que potencialmente  contribuir a la formación de una conciencia nacional.

Contra estas variables hay que plantear la lucha.

Como ustedes saben, hemos tenido lexperiencias concretas con alumnos pertenecientes a las nuevas generaciones, encarando la gesta de Malvinas desde una perspectiva diferente, que apunta hacia el conocimiento real de las perspectivas del veterano.

 Muchos de ustedes además han sido testigos de una experiencia sorprendente, y a la vez, sumamente regocijante.

Creo que la reacción positiva de los jóvenes estudiantes respecto a la gesta encuentra una explicación: venimos de décadas de experiencias criticas y convulsivas, pero además, de años de práctica intelectual auto denigratoria. Los medios y las academias siguen transmitiendo la visión de una Argentina congénitamente condenada al fracaso, privada de valores, donde todo vale, donde la anomia reina. Estos contenidos, aunque algunos les encuentren cierto basamento real, generan en las nuevas progenies una profunda inseguridad en el presente y acicatean una mayor incertidumbre respecto al futuro.

Al encontrarse el alumno cara a cara con el combatiente desvictimizado, orgulloso de su participación en la gesta y ávido de reconocimiento, se encuentra con valores concretos como la entrega, el sacrificio y el heroísmo  - y a la vez  - con una historia no contada, no sabida, tendenciosamente no divulgada. Y allí es donde cobra fuerza un elemento primordial en la educación: la formación.

En ese sentido, cabe recordar que educar no solamente implica instruir sino formar en valores, como enseñan nuestros maestros. Y es aquí donde la causa Malvinas cobra profunda virtualidad científica y académica y donde comienza el desafío de nuestros pensadores.

Lamentablemente el tiempo otorgado no me permite desarrollar algunas líneas vinculadas a este tópico. Las dejo para otra oportunidad. Pero quiero destacar que al momento de emitir sus conclusiones, muchos alumnos me han confesado lo impactante de la experiencia, y a la vez, lo esperanzador de la lección. No es el héroe de lectura con el que se contactaron, es el héroe concreto, de carne y hueso a traves del cual su mensaje cobra una significativa importancia.

Para concluir, insisto: la causa de Malvinas tiene una valor de una potencialidad incalculable desde el punto de vista educativo y sobre todo formativo. Puede -si actuamos con inteligencia-, constituirse en una de las herramientas formativas mas importantes para la renacionalizacion de las conciencias. Pero para ello, hay que sacar de foco a las lacrimógenas lamentaciones como la de “Iluminados por el fuego”, o de los “Chicos de la guerra”, y la victimización de los combatientes que tanto daño han generado. Uno puede aceptar que determinado producto estético represente una visión parcial de la realidad, pero de allí a que esa visión se transforme en la síntesis de una epopeya histórica que nos antecede y que seguramente nos sucederá en el tiempo sería tanto un error imperdonable como un desafortunado mensaje para el futuro.

Los forjistas nos enseñaron hace bastante tiempo ya que, hurgando en las relaciones internacionales de poder podemos encontrar claves para entender alguno de nuestros dramas. Ellos, por ejemplo,  denunciaron el pacto Roca - Runciman como eje central de un dominio británico que se extendía en las redes en la vida nacional. Nuevos desafíos se abren hoy para las generaciones venideras a  partir de los  “acuerdos de cooperación” de 1989 y 1990 – en donde no cabe duda - se establecieron las condiciones de post guerra. Es allí el lugar preciso donde encontrar signos claves de los que sucedió en las décadas posteriores.

En tiempos de FORJA les tocó a los extraacadémicos y paracientificos de ese pensamiento desentrañar científicamente las redes de la opresión, y con su labor protoperonista dieron sentido al movimiento político más importante del siglo pasado .

Dios quiera que esta vez el desafío sea asumido por nuevas generaciones de “nacionales”, y que nuestras entidades académicas y científicas asuman de una vez la misión que les corresponde. Sea nuestro anhelo que la causa de Malvinas, se constituya el norte de esos futuros descubrimientos.

Muchas gracias.

 
     
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