17 de noviembre de 1972: Triunfo popular sobre el desamor

Escrito por Pablo Adrián Vazquez.

“Hicimos esta revolución para que el hijo del barrendero siga siendo barrendero!” Con esta honestidad brutal un marino de alta graduación le espetó a un par de dirigentes sindicales que esperaban ser interrogados a fines de 1955.

Desestabilización, bombardeos y acciones armadas desencadenaron el golpe d edicho año, terminando con el gobierno constitucional de Perón. De la tibieza de Lonardi a los fuegos de Aramburu y Rojas la intensión fue una: exterminar al peronismo.

Fui sorprendido al inicio de mi adolescencia con un texto de Horacio Cerrutti Guldberg, Filosofía de Liberación Latinoamericana, quien afirmó: “la filosofía de liberación se expresa con gran fuerza en uno de los momentos claves de la historia de uno de los pueblos de esta América, el que representará el regreso del general Juan Domingo Perón a la Argentina. Más que el triunfo del propio Perón, lo es del peronismo. Olvidada la primera etapa de gobierno de Perón, el peronismo se ha transformado en una gran esperanza. La esperanza de todo un pueblo que se consideró ya ligado a la historia de otros pueblos del continente, inclusive, con pueblos más allá de este continente, junto con los cuales ha de luchar por cambiar una situación que les ha sido impuesta…”.

De esa afirmación poderosa que me impactó me pregunté por que había que olvidar lo anterior si debía ser la cimiente que generó una revolución en las ideas en los ‘70. Planes Quinquenales con de 70.000 obras en 10 años, política exterior independiente, pleno empleo y dignidad en un pueblo feliz no podían dejarse de lado. Más cuando ese basamento fue el motor de la lucha por recuperar a Perón como vector de la historia social argentina y significante de un proyecto pleno de liberación.

Por otro lado estaba la praxis del movimiento obrero organizado y del peronismo todo de esos años que posibilito la toma de conciencia en los años de plomo posteriores al ‘55,  soportando una andanada de acciones impulsadas por el desamor y la revancha.

Secuestro y profanación del cuerpo de Evita; Decreto 4161 - prohibiendo todo lo referente a Evita y Perón -; encarcelamiento y torturas de dirigentes sindicales y políticos; reapertura del Panela de Ushuaia, fusilamientos a Valle y a los participantes del Movimiento de Recuperación Nacional; Plan CONINTES; intentos de asesinato a Perón es su exilio venezolano; represión a huelgas y actos en plazas; anulación de las elecciones donde triunfó Framini; obstrucción de las listas con candidatos peronistas; impedir la prosecución del vuelo de Perón en 1964 desde Brasil; la Noche de los Bastones Largos; el Cordobazo; El Gran Acuerdo Nacional…

Acciones desesperadas desde el odio para anular al peronismo, atacando su base social e identitaria. Pero cuanto más fue hostigado, más se fortaleció!

“Los yanquis, los rusos y las potencias reconocen a la libertadora. Villa Manuelita no!”. Quizás el hecho cultural que inició la Resistencia Peronista, la epopeya que marcó, como mito fundante, la conciencia de nuevas generaciones que repensaron su destino y miraron con mejores ojos a las masas que se identificaban con Perón.

Rumores, caños improvisados, pintadas nocturnas, grupos armados y atentados culturales con libros incendiarios de Hernández Arregui, Rosa, Chávez, Ramos, Scalabrini y Jauretche. La matriz de dependencia sería esmerilada por textos como molotov al centro de las dictaduras y por la organización d estudiantes y trabajadores.

Perón - desde su exilio en Paraguay, Venezuela, Panamá, República Dominicana y España -  inició la batalla política desde la comunicación con cientos de cartas, cintas, discos, reportajes y documentales, como un proto Facebook y Twitter. Cual webmaster buscó organizar a sus seguidores e implementar una comunicación alternativa a la superestructura cultural hegemónica. Una guerrilla comunicacional adelantada décadas a las accionara de Chávez.

Sostuvo: “Está implícito el deseo de realizar una unión a base de una solidaridad que impulsa a todos los dirigentes, tanto sindicales como políticos, hacia una grandeza y desprendimiento que permita asegurar una subordinación absoluta a las conveniencias del conjunto por el sacrificio de pasiones o intereses individuales. No se trata que gane o pierdan otros, sino de que el Movimiento pueda cumplir sus fines, porque de lo contrario, ningún peronista debe soñar en realizarse en un Movimiento que no se realice. (25 de septiembre de 1968).

Esa unidad de concepción para la unidad de acción guió a miles que posibilitaron que un 17 de noviembre de1972, superando miedos y represión, se acercaran a Ezeiza. Del charter con representantes de la política y la cultura emergió el Líder bajo el paraguas de Rucci y el amparo de su pueblo. La lucha de 17 años tuvo sentido, el sentir del pueblo quebró el desamor. Los poderosos otra vez eran los que aman la vida.

Lic. Pablo A. Vázquez

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