28/05/08
Los juegos de la partidocracia y la suma cero. Discurso concientizador o
juegos de alta tecnología incomunicativa. En política se persuade en la
milicia se ordena. Hasta la mejor idea sin consenso es la peor idea. Unidad
y verticalismo para la felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Patria. Los
argentinos admiran la grandeza y denigran la mezquindad.
Si el peronismo fuera un partidito más de la partidocracia liberal, los
juegos del discurso político debería entusiasmar a sus partidarios. Pero el
peronismo es la cabeza del Movimiento Nacional y Popular de la Argentina.
Semejante condición trae responsabilidades de conducción política que lo
obligan a un accionar de política grande. Cómo un movimiento que tiene por
bandera la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria está llamado a
concientizar no a producir política en base a un discurso que falsea la
realidad, desconcientiza y, encima, genera antagonismos ociosos.
Mientras advertía que con las mentiras se podía llegar muy lejos, pero lo
difícil era volver, Perón era recurrente en asociar conducción con acción
persuasiva, con la construcción de consensos en lugar de mandonear. Cómo si
viniera de otra galaxia, el actual gobierno hace política en base a un
discurso de confrontación, donde coloca al adversario como enemigo, en base
a frases hechas que descalifican y dividen el frente interno. Asesorados por "el enemigo", trata de oligarcas y golpistas, de incendiarios,
desabastecedores, de avaros evasores y de piqueteros de la abundancia a
quienes resisten una resolución que también parece asesorada por el mismo "enemigo".
No se corresponde con la condición de liderazgo nacional del peronismo,
utilizar en la lucha interna un discurso desconcientizador que debilita y
acrecienta la vulnerabilidad del pueblo y la nación argentina frente a los
intereses foráneos y a las verdaderas elites de poder, minoritarias, que
vienen condicionando sin denuncia alguna por parte del kirchnerismo como
ayer por el menemismo.
Perón era un conductor que diferenciaba claramente los valores estratégicos
de los tácticos, dos dimensiones de la acción política que, a la vez, de
concientizar, mostraba el sentido de complementariedad y supremacía de uno
respecto del otro. Es por eso que, con apariencia de abstractos, iba dejando
asentados grandes objetivos liminares de la política peronista como "la
grandeza del pueblo y la grandeza de la Patria"; por eso, superada la
primera etapa, fue que convirtió el espacio peronista en un territorio común
a todos los argentinos. Así, en su vuelta definitiva, dejó consignado que "para un argentino no hay nada mejor que otro argentino".
Unidad vertical
Verticalizarse políticamente en el peronismo llamado a cumplir un servicio
superior a los intereses del pueblo y de la nación, no puede dar razón a
determinaciones que lleven a encerrarse como hacen las sectas o los
partiditos. El sistema del modelo político de conflicto no se condice con
sus grandes objetivos. Además, convertir la democracia en un juego político
de oficialismo contra oposición es hacerle el juego a los verdaderos
enemigos de la nación y del pueblo. Es jugar al Don Pirulero, dejándole el
escenario de la realidad en manos de los factores de poder que hoy más que
nunca han sido entronizados como poder real al que el poder formal debe
inclinarse.
El juego en el que se enredó el gobierno es mucho peor que un juego de suma
cero, es un juego a pura pérdida. Ahora, para entender esto, ¿hace falta más
evidencia que la que está pasando, con un gobierno legalmente constitucional
que se desacredita día a día con sus criterios y sus políticas, atrapado sin
salida envenenándose con su propia medicina, tensionando, desorientando y
desalentando al pueblo? La lógica equívoca elegida es la que convierte en
laberinto y encrucijada a la acción política. ¿Alguien puede dudar que se
metió la pata al pasar del 35 al 44 % móvil en las retenciones aceptadas por
los productores agropecuarios (que habían pasado del 10 al 20 y al 27 %,
entre cinco años)? ¿Puede ser que dirigentes que dicen pertenecer al
peronismo no entiendan que las decisiones deben darse "en su justa medida",
que el vaso aguanta hasta que se desborda?
El peronismo justicialista no conforma una doctrina ni un pensamiento
político fundamentalista. Vitalista y sistémico, no habla de absolutismos,
piensa y decide en términos de medida. Sabe que por defecto o por exceso se
puede caer en la torpeza, en el error político de una decisión. Decía Perón
que: "El error más grave que puede cometer un político es no ubicarse en el
panorama real de la situación del país, es decir, mirar el espectáculo y no
penetrarlo ni conocerlo y, en consecuencia, apreciarlo y resolverlo
equivocadamente" (1). En ese mismo discurso también llamó la atención sobre
que: "Los que afirman que la política es mala, se olvidan de decir que la
política es buena cuando se hace en beneficio del país y es mala cuando se
hace en su perjuicio". ¿Quién puede dar por buena una decisión política que
deja al máximo nivel de gobierno de un pueblo encerrada en la opción
"debilidad-fortaleza", si reconozco el error pierdo autoridad si impongo el
error defiendo la autoridad?
Unidad vertical no es un dogma, Perón que dejó de heredero al pueblo, no
quería un pueblo dogmático sino inteligente. Para él el interés supremo de
la política peronista era defender al pueblo y a la nación. Desde ahí
pensaba la unidad y la verticalidad. Desde ahí agregaba otra verdad clave de
la organización: "Primero la Patria"... Teniendo esta clave como orientadora
de las decisiones, enseñaba la prevalencia de valores dentro de una doctrina
y filosofía política. Mostraba la primacía de unos sobre otros, dejando a la
vista los límites de la verticalidad y la racionalidad que debe sostenerla.
De que vale la unidad férrea si vulnera la razón política de su valor. Perón
no hacía principismo estúpido. Seguramente, quienes no comprenden o se aprovechan de valores políticos
utilizados como dogmas, no se dan cuenta de que están rebajando a Perón de
líder a simple caudillo oportunista, coincidiendo así con el falso
estereotipo que los antiperonistas han buscado difundir.
Seguro también que estas reflexiones a los pícaros los irritará. Pero cuando
se es testigo comprometido y se advierte que se está llevando al pueblo y a
la nación a situaciones como la actual, callarse es convertirse no sólo en
cómplice sino en traidor.
El conflicto ya lleva casi 80 días, un tiempo de agobio inesperado para un
pueblo que había soportado muy recientemente la sensación de abismo en el
2001-2002. La inflación, el problema que el gobierno no lograba domar, con
los efectos de la equivoca decisión incrementó su valor en un ciento por
ciento. La canasta familiar que de diciembre del 2001 había subido al doble,
ahora en apenas tres meses creció en un 50 %. Los fatídicos bonos, cuyo
interés especulativo tiene a la inflación como eje (¿otro error político?),
han caído en un 20 % (y cuando haya que rescatarlos mostrarán que la deuda
pública se incremento geométricamente). El Banco Central ha tenido que
funcionar como bombero, entregando reservas de divisas por 1.200 Millones de
dólares para sostener la cotización, pero sin impedir lo que se da detrás de
estas corridas: las fugas de capital y la desinversión productiva. En
definitiva un balance de pérdidas. Qué decir respecto al "evitar pérdidas
mayores".
Sin dudas invocar al compromiso militante para tapar el error resulta una
contradicción. En las circunstancias actuales y las del contexto histórico,
el compromiso de militante por el contrario debe materializarse
movilizándose territorialmente discutiendo con la dirigencia que los
representa, instándolos a jugarse y actuar como corresponde. Haciéndoles
bien presente que una de las virtudes principales del pueblo argentino, su
admiración por los gestos de grandeza y su desprecio por las mezquindades
del juego comiteril. Por eso es que cuando los gobernantes peronistas
aplican decisiones políticas que contienen grandeza, se fortalece, no se
debilita.
Normalizar el partido Justicialista no significa institucionalizar el
sectarismo, por el contrario es recuperar el territorio donde desde adentro
se pueda hacer cierta la acción militante y la representatividad de los
dirigentes.-
NOTAS:
(1) Discurso del General Don Juan Domingo Perón ante los delegados del
Congreso General Constituyente del Partido Peronista. Año 1947.
jccorica@fibertel.com.ar
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