Textos para Adoctrimaniento

Movimiento Nacional; una categoría de la periferia*

“Los unitarios presumían desalojar todos los elementos primitivos de la nación política: los federales anhelaban domesticarles y filtrarles la luz gradualmente y dar al país formas estables y resistentes”                                                       José Manuel Estrada

Las formas de gobierno han ido mutando a lo largo de la historia de la humanidad como así también los modos de representación y legitimación del poder político. Si bien corrientemente suele sindicarse a la griega como la civilización que concibió la noción de “democracia” - en occidente - la emergencia de regímenes sustentados en la “representación popular” tal como los conocemos en la actualidad, comenzarán a surgir hacia fines del siglo XVIII merced a las aspiraciones de un sector social - la burguesía – que en la medida que acumulaba excedentes de capital, aspiraba a obtener espacios de representación en las instancias estaduales.

Juan Domingo Perón: un epistemólogo del tercer mundo

panchopestanhaLa epistemología es la doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico y en tanto el estudio de su producción y validación.

Dicha disciplina aborda, entre otras cuestiones, los factores y las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento, y las razones por las cuales se lo valida o invalida.

Recientes obras como la de Carlos Piñeiro Iñiguez: "Perón: La construcción de un ideario", dan cuenta clara y precisa de que el conductor del justicialismo recibió –desde muy joven– una intensísima formación en diversas disciplinas, en especial, en filosofía.

De sus discursos y de su obra emerge plena convicción de la profundidad de su conocimiento.

Ubicado en una línea de razonamiento claramente historicista, concebía al iluminismo de importación como una fuga, ya que para él la apelación a la utopía con frecuencia "es un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas".

Consciente del fenómeno de importación ideológica enseñaba, además, que en nuestro país existió "una larga tradición en esto de importar ideologías, ya sea en forma parcial o total (...) es contra esa actitud que ha debido enfrentarse permanentemente nuestra conciencia" afirmaba.

El Pensamiento Nacional, para él, sentó bases fértiles para la concepción de "una ideología nacional coherente con nuestro espíritu argentino, que ha surgido del mismo seno de nuestra patria".

Para el ex presidente, el pueblo, fuente de permanente creación y auto perfeccionamiento, estaba preparado desde hace muchos años para conformar una ideología nacional.

El rechazo al iluminismo, sea cual fuera la modalidad que éste adoptara, colocaba a Perón ante un realismo político no exento de ideales que enunciaba fervorosamente con aquella famosa máxima: "La única verdad es la realidad", sentencia que presupone el principio de continuidad y preeminencia del fenómeno socio- cultural e histórico.

Hay "que llegar a la realidad de alguna manera, y de allí afirmar las conclusiones", sentenciaba el conductor del justicialismo, advirtiendo, además, que "nuestro modelo político propone el ideal no utópico de realizar dos tareas permanentes: acercar la realidad al ideal y revisar la validez de ese ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro".

El jefe del peronismo concibe a la doctrina como un instrumento orientador hacia fines, a tal punto que alegaba que toda nación debe poseer una doctrina, ya que es el punto de partida de la organización de una colectividad.

Muchos coinciden que desde el punto de vista filosófico, el pensamiento de Perón vino a encarnar una heterodoxia compuesta por la fructífera tradición indo-iberoamericana, definido como pensamiento mestizo.

Además su adhesión al historicismo es manifiesta – ya que para él – los pueblos en su devenir histórico van marcándose objetivos y fines, y forjan mediante su propia experiencia, un estilo de vida, una idiosincrasia particular.

El pueblo, verdadera fuente de creación, era para Perón "algo más" que un simple conglomerado de individuos que conviven "contractualmente" en un mismo sustrato físico y normativo. Un pueblo es, en cierta medida, la resultante de una sucesión de generaciones de hombres y mujeres que, compartiendo similar devenir histórico, van coparticipando de acontecimientos y procesos, configurando un particular modo de ser.

Sin temor a dudas para el General, el pueblo es un fenómeno de carácter histórico donde componentes de una progenie van transmitiendo a sus descendencias prácticas, tradiciones y productos culturales, ideológicos, míticos y religiosos de contenido altamente significativo.

El rol del movimiento obrero organizado en la configuración de ese ideario resulta central y determinante en su pensamiento y en su acción política.

Dicha centralidad es reconocida por el mismo Perón cuando sostuvo: "Yo personalmente me acerqué siempre a las masas obreras, que reconozco han sido mi predilección, porque ellas representan el dolor y el sudor de la Patria. Y porque soy de los que creen que alguien en el gobierno ha de ocuparse de los que sufren cuando todos se ocupan de los que gozan".

En tiempos en que la figura del tres veces presidente de los argentinos ha resurgido con notable vigor, bien vale inmiscuirse minuciosamente en el pensamiento de quien, indiscutiblemente, supo interpretar, como ninguno, a una comunidad que aún ansía un destino promisorio.

El historicismo revisionista como fenómeno histórico cultural*

“Toda la historia es nuestra historia. Todo el pasado es nuestro pasado. Aunque a veces preferimos quedarnos con solo una parte de ese pasado, seleccionando ingenua o engañosamente una época, una línea, unos personajes, y queriendo eludir tiempos, ignorar hechos y omitir actuaciones”.

Gustavo Francisco  Cirigliano

 “Que no te cuenten los libros, lo que está pasando afuera…”

Joan Manuel Serrat

Si definimos al arte como destreza, reproducción de objetos, construcción de formas, expresión de sentimientos, de experiencias y de creatividad, cierto es que, en toda comunidad humana, encontramos cuantiosas manifestaciones que encuadran en tal definición. Cabe establecer una diferencia entre este concepto y el de “cultura”: este último suele abarcar el conjunto de prácticas humanas, económicas, políticas, científicas, jurídicas, religiosas, discursivas, comunicativas y sociales de los integrantes de una comunidad, y los valores y significados que estos atribuyen a esas prácticas. La cultura puede ser también definida como el conjunto de producciones materiales (objetos) y no materiales (signos, significados, normas, creencias y valores) de una sociedad determinada.

La Tercera Posición ideológica*

salvadorferla"Ni Perón ni el peronismo tienen la tercera posición patentada a su nombre", expresa el autor de este ensayo. Pensamientos afines se cultivan en la socialdemocracia de Horacio Sueldo y José Antonio Allende, y en algunos sectores del radicalismo. Esto le da a la tercera posición una trascendencia que va más allá del liderazgo de Perón.

SOBERANIA E IDENTIDAD: DOS PILARES FUNDANTES DEL PENSAMIENTO NACIONAL

panchopestanhaEl fenómeno histórico-cultural tal vez más significativo que aconteció durante el devenir de nuestros pueblos suramericanos es la irrupción en su seno de matrices epistemológicas como la que, en nuestro país, representó y aún representa la corriente de pensamiento que se ha autodenominado como "nacional".

Surgidas al calor de la resistencia anticolonialista, tales matrices, durante el siglo pasado, influyeron con mayor o menor éxito en distintas experiencias políticas acontecidas en el subcontinente, cuya aspiración fue la de obtener los mayores niveles posibles de autonomía soberana.

En la Argentina, sin lugar a dudas, el Pensamiento Nacional ha contribuido a producir la doctrina, y además, ha realizado aportes sustanciales a la cosmovisión que nutrió a los dos grandes movimientos políticos y sociales acaecidos durante el siglo pasado: el yrigoyenismo y el peronismo.

Así, el Pensamiento Nacional, integrado a esa resistencia cultural, que a lo largo del tiempo fue expresando el pensar y el sentir de pueblos sujetos a tentativas de aculturación, constituye, como enseñaba Fermín Chávez, una verdadera epistemología de la periferia que aún, en la actualidad, tiene mucho para aportar a una Argentina que aspira a renacer nuevamente después de haber padecido una extendida segunda década infame.

A pesar de su indudable influencia, la producción teórica de esta corriente no ha sido ni receptada ni profundizada como merece en el seno de nuestros ámbitos académicos, ni siquiera, salvo excepciones, constituida en objeto de estudio. Afortunadamente las nuevas generaciones comienzan a concentrase en ella y a exigir su mención y abordaje en dichos ámbitos. Algunas cátedras, haciéndose eco de tal demanda, han incorporado recientemente ciertas facetas en sus contenidos curriculares. Otras vienen realizando esta labor desde hace un tiempo en forma ciertamente imperceptible.

Si bien el origen de esta matriz de pensamiento no puede circunscribirse de manera alguna a la producción conceptual acontecida durante el siglo pasado, la elección del 13 de noviembre para conmemorarla -fecha del nacimiento de Don Arturo Jauretche- habla de la importancia de la labor de una generación específica que llevó al Pensamiento Nacional a su cenit.

Apelando a cierta cuota de arbitrariedad puede, sin lugar a dudas, establecerse el año 1930 como un hito significativo para comprender el desarrollo de esta corriente, ya que el derrocamiento del gobierno constitucional de don Hipólito Yrigoyen no solo iniciará una larga etapa de presencia política de la fuerzas armadas, en especial del ejercito en el poder, sino que coincidirá con una paulatina y ascendente conflictividad con el Reino Unido de Gran Bretaña, experiencia imperial surgida al calor de la Revolución Industrial, con la que la Argentina mantuvo durante más de siete décadas una relación, al decir de distinguidos autores, de tipo semicolonial.

Son tiempos, además, del surgimiento de una vigorosa y activa militancia nacionalista (aunque este fenómeno puede extenderse hacia principios del siglo XX), que se expresará no solamente en el campo del pensamiento, sino también en la historiografía.

La vertiente nacionalista presentó rasgos sumamente peculiares y diversificados, destacando la circunstancia no menor que alguna de sus voces más resonantes emergieron desde los mismos sectores dominantes.

Siguiendo a Daniel Enrique Antonio Campi , en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial empezaron a resonar fuertemente en nuestro país diatribas contra el orden político imperante, ataques que, en cierto sentido, respondieron al impacto generado por la llegada del yrigoyenismo al poder. Algunos nacionalistas, a fin de construir su ideario, se harán paradójicamente eco de versiones ideológicas importadas acríticamente para fustigar el ascenso de la "chusma" al poder desde una perspectiva ciertamente aristocratizante.

Miguel A. Scenna, citado por Campi, describe esta circunstancia con notable precisión : "Desde 1916 los que se consideraban custodios de la tradición por derecho de herencia estaban desplazados del poder por el radicalismo (...) Surgió entonces una suerte de pensamiento que, renegando del radicalismo y de la inmigración, terminó renegando también de la democracia. Extasiados con Primo de Rivera y con Mussolini y (....) nutridos intelectualmente por Charles Maurass, crearon un ideario que tomó el nombre del nacionalismo" .

Algunos sectores inscriptos en esta corriente centrarán sus reflexiones en una cerrada visión hispanista, fundarán su diatriba afirmando que la Nación existió pero fue derogada después de la batalla de Caseros, y plantearán un inviable retorno hacia el pasado. Perón, en alguna oportunidad, les asignará el mote de "piantavotos de Felipe II" en referencia al monarca español durante cuyo reinado la hegemonía española llegó a su apogeo.

Otros experimentarán un nacionalismo de cierto corte hispanista pero orientado hacia la Doctrina Social Cristiana, corriente que resultó de por sí bastante fecunda. Por su parte, autores como Leopoldo Lugones, desde una perspectiva nativista y persiguiendo una orientación nutrida de tópicos originales, se transformará en uno de los intelectuales emblemáticos del ideario nacionalista, aunque enrolado lamentablemente en un elitismo inconducente y ciertamente ingenuo.

El pacto Roca Runcimann, suscripto en 1933, permitió visibilizar la verdadera relación que anudaba forzosamente el destino de nuestro país al de la metrópoli (Gran Bretaña) ya que legó, en manos de estos últimos, el comercio exterior y otorgó al capital inglés privilegios inaceptables. Además dicho pacto vino a poner en duda la idea misma de una Argentina soberana, impulsando a autores como Julio Irazusta, Ramón Doll y José Luis Torres a inscribirse en un acérrimo anticolonialismo. La obra de Julio Irazusta "La Argentina y el imperialismo británico. Eslabones de una misma cadena 1806-1833" constituye aún hoy un hito revelador en la literatura antiimperialista.

Comenzará, así, la lucha contra el imperialismo real.

Las circunstancias imperantes estimularán a muchos jóvenes a inscribirse en esta batalla, y con el paso del tiempo el anticolonialismo irá generando instancias organizativas altamente significativas, originales y trascendentes como la de FORJA (Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina), orientadas por Manuel Ortiz Pereyra, Homero Manzi, Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortíz. Pero además surgirán otras versiones caracterizadas como nacionalistas de izquierda enrolándose en ellas figuras legendarias como Jorge Abelardo Ramos y Juan José Hernández Arregui. En relación a esta última tendencia, las enseñanzas de Manuel Ugarte resultan altamente significativas y su americanismo inspirará a todo el Pensamiento Nacional.

Pero no solo el anticolonialismo caracterizará la producción de ese nacionalismo popular ya emergente. El Pensamiento Nacional, incorporando al pueblo como elemento nuclear de la Nación, irá inmiscuyéndose en una cuestión que es capital para la comprensión de lo argentino: la cuestión identitaria.

Fermín Chávez, en un opúsculo lamentablemente olvidado, ha sostenido con certeza que Fray Francisco de Paula y Castañeda, Manuel Ortíz Pereyra, Ernesto Quesada, Leopoldo Lugones, Manuel Ugarte, Ricardo Rojas, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Manuel Gálvez, entre otros, abordaron, desde diversos matices, la cuestión nacional citando en esa obra una brillante reflexión de Ugarte datada en 1912: ¡Somos indios, somos españoles, somos latinos, somos negros, pero somos lo que somos. No queremos ser otra cosa!

Estas y otras apreciaciones altamente valorativas sobre nuestra composición mestiza resultarán cruciales en momentos que algunos obtusos denunciaban a la Argentina desintegrada por una inmigración aluvional con su consecuente infortunio: la pérdida de identidad.

Scalabrini Ortiz por su parte rescatará a esta Argentina inclusiva y mestiza, concibiendo un neologismo para describir el proceso de interacción e integración de culturas que se operaba en América y en especial en nuestra Argentina: lo multígeno.

Las razones antedichas llevaron a Fermín Chávez, tiempo después, a acuñar un epigrama definitivo que aún nos desafía a la reflexión: ¡Los indios somos nosotros, los criollos somos nosotros, los gringos somos nosotros!

¡Al final, identidad es lo que nos sobra!

*Francisco José Pestanha es docente, escritor y ensayista. Dirige el seminario de "Introducción al Pensamiento Nacional" en la Universidad nacional de Lanús.


  1. CAMPI: Daniel Enrique Antonio: “El nacionalismo Hispanoamericano de Raúl Scalabrini Ortiz”. En actas del Congreso Internacional de Historia de América. Córdoba Marzo de 1987.
  2. SCENNA, Miguel Ángel; “Los que escribieron nuestra historia”. La bastilla. Buenos aires 1976.
  3. CHAVEZ: Fermín: Lo Argentino como producto Histórico. Opúsculo de difusión gratuita. 2004.

 

 

Movimiento Nacional: La disputa por las categorías *

En la edición del mes de abril próximo pasado sostuvimos que la noción de “movimiento nacional” ha adquirido verdadero status de “categoría conceptual” a la luz de la tradición filosófica latinoamericana”[1].

¿Que significa específicamente tal aseveración? ¿Cuáles son sus verdaderos alcances?  

Ciertamente sabido es que a partir de fines del siglo XV - expansión europea hacia America mediante - el viejo continente entre otras mercancías vinculadas al campo de las materialidades exportó hacia estas regiones ideas y doctrinas, algunas de las cuales - bajo determinadas circunstancias - fueron incorporadas acríticamente por ciertos referentes intelectuales locales.

Rodolfo Kusch: un pensador de la rebeldía y las seducciones del poder

La extraordinaria producción filosófica de Rodolfo Kusch permaneció durante décadas en el cono de sombras de los irreverentes que se atrevieron a desafiar las categorías del pensamiento dominante y de la racionalidad expandida. Muy pocos amigos permanecieron junto al maestro en los terribles años del exilio interior y de la subsistencia primordial. Su prédica insobornable revelando como nadie lo ha hecho, las complejidades del alma americana, fue sistemáticamente excluida de los espacios académicos y de las discusiones filosóficas, denostada como una incómoda presencia que no podía encasillarse en los relatos a la moda y, mucho menos, expresar la cruda realidad de un pensar fruto adocenado de siglos de asimilación a los dictados de las escuelas europeas.

Juan Domingo Perón: un espistemólogo del tercer mundo

Algunos autores como Fermín Chávez han definido alguna vez a Juan Domingo Perón como un verdadero epistemólogo.

La epistemología es la doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico ,y en tanto, el estudio de su producción y validación.

Dicha disciplina aborda, entre otras cuestiones, los factores y las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento, y las razones por las cuales se lo válida o inválida.

Recientes obras como la de Carlos Piñeiro Iñiguez: "Perón: La construcción de un ideario", dan cuenta clara y precisa de que el conductor del justicialismo recibió -desde muy joven- una intensísima formación en diversas disciplinas, en especial, en filosofía.

De sus discursos y de su obra emerge plena convicción de la profundidad de su conocimiento.

Ubicado en una línea de razonamiento claramente historicista, concebía al iluminismo de importación como una fuga, ya que para él la apelación a la utopía con frecuencia "es un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas".

Consciente del fenómeno de importación ideológica enseñaba, además, que en nuestro país existió "una larga tradición en esto de importar ideologías, ya sea en forma parcial o total (...) es contra esa actitud que ha debido enfrentarse permanentemente nuestra conciencia" afirmaba.

El Pensamiento Nacional, para él, sentó bases fértiles para la concepción de "una ideología nacional coherente con nuestro espíritu argentino, ha surgido del mismo seno de nuestra patria".

Para el ex presidente, el pueblo, fuente de permanente creación y auto perfeccionamiento, estaba preparado desde hace muchos años para conformar una ideología nacional.

El rechazo al iluminismo, sea cual fuera la modalidad que éste adoptara, colocaba a Perón ante un realismo político no exento de ideales que enunciaba fervorosamente con aquella famosa máxima: "La única verdad es la realidad", sentencia que presupone el principio de continuidad y preeminencia del fenómeno socio- cultural e histórico.

Hay "que llegar a la realidad de alguna manera, y de allí afirmar las conclusiones", sentenciaba el conductor del justicialismo, advirtiendo, además, que "nuestro modelo político propone el ideal no utópico de realizar dos tareas permanentes: acercar la realidad al ideal y revisar la validez de ese ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro".

El jefe del peronismo concibe a la doctrina como un instrumento orientador hacia fines, a tal punto que alegaba que toda nación debe poseer una doctrina, ya que es el punto de partida de la organización de una colectividad.

Muchos coinciden que desde el punto de vista filosófico, el pensamiento de Perón vino a encarnar una heterodoxia compuesta por la fructífera tradición indo-iberoamericana, definido como pensamiento mestizo.

Además su adhesión al historicismo es manifiesta - ya que para él - los pueblos en su devenir histórico van marcándose objetivos y fines, y forjan mediante su propia experiencia, un estilo de vida, una idiosincrasia particular.

El pueblo, verdadera fuente de creación, era para Perón "algo más" que un simple conglomerado de individuos que conviven "contractualmente" en un mismo sustrato físico y normativo. Un pueblo es, en cierta medida, la resultante de una sucesión de generaciones de hombres y mujeres que, compartiendo similar devenir histórico, van coparticipando de acontecimientos y procesos, configurando un particular modo de ser.

Sin temor a dudas para el General, el pueblo es un fenómeno de carácter histórico donde componentes de una progenie van transmitiendo a sus descendencias prácticas, tradiciones y productos culturales, ideológicos, míticos y religiosos de contenido altamente significativo.

El rol del movimiento obrero organizado en la configuración de ese ideario resulta central y determinante en su pensamiento y en su acción política.

Dicha centralidad es reconocida por el mismo Perón cuando sostuvo: "Yo personalmente me acerqué siempre a las masas obreras, que reconozco han sido mi predilección, porque ellas representan el dolor y el sudor de la Patria. Y porque soy de los que creen que alguien en el gobierno ha de ocuparse de los que sufren cuando todos se ocupan de los que gozan".

En tiempos en que la figura del tres veces presidente de los argentinos ha resurgido con notable vigor, bien vale inmiscuirse minuciosamente en el pensamiento de quien, indiscutiblemente, supo interpretar, como ninguno, a una comunidad que aún ansía un destino promisorio.

 

LLEGÓ MENSAJE DEL GENERAL JUAN DOMINGO PERON DESDE LA QUINTA DE SAN VICENTE

“....no ha sido nunca, ni es ahora, mi intención incursionar en terrenos ajenos, aunque los problemas no distan mucho de ser los mismos en los demás países hermanos del continente, azotados por los mismos males; EL IMPERIALISMO Y LAS OLIGARQUIAS. Trataré de exponer en cambio nuestras ideas Justicialistas, que muchos han pretendido por todos los medios de deformar insidiosamente, sin percatarse que la falsedad tiene las patas cortas y que, el hombre, podrá decir un millón de mentiras, pero no puede en cambio hacer verdad a una sola de ellas.

La doctrina en Perón

"El que no tiene buena cabeza para prever, ha de tener buenas espaldas para aguantar".

Juan Domingo Perón

Una breve descripción de las condiciones en las que asumió el primer peronismo la conducción del estado, pueden orientarnos en la indagación respecto a la idea de doctrina que lo nutrió.

Quien mejor que el mismísimo Perón para hacerla: "En 1946, cuando nos hicimos cargo del gobierno, el panorama que se me presentó a mí, un hombre acostumbrado a realizar trabajos orgánicos fue pavoroso. Llegaba de golpe a un gobierno sin ninguna planificación y sin ninguna organización. Como digo, yo era un hombre racionalmente acostumbrado a encarar la solución mediante estudios previos, estudios bases, planes, etc., y se me presentó el terrible dilema de planificar por realizar. Si hubiera planificado todavía estaría pensando que deberá hacerse en el primer plan quinquenal, aún después de haber terminado el primer gobierno. Realizar sin planificar siempre resulta una tarea un poco irracional y hasta a veces anacrónica...".

¿Que es un escritor nacional?*

juanjosearregui

Una simple recorrida por las librerías de Buenos Aires, atestigua el hecho. tan comentado en los últimos tiempos, del repentino interés de los lectores par los libros que hacen referencia al país. La observación, sociológicamente considerada es verídica.

Pero lo que se soslaya y en la vida social todo esta de alguna manera coordinado - es que - tal "literatura nacional", es protegida, promovida y canalizada por organismos empresarios y universitarios, etc. que de algún modo mantienen e industrializan esa producción, y a un tiempo, preservan los controles culturales sobre el país a través de un amplio sistema de ventas y propaganda.

Es verdad, que esa literatura, se vuelve ahora, hacia una temática argentina y no interesa su contenido de clase, en alguna una forma a pesar de las variantes que puedan encontrarse en tales manifestaciones literarias, ligado al mas grande movimiento de masas de Iberoamérica: el peronismo.

Esto es, a los cambios sociales operados en el país con la industrialización y el peso político de las masas. Junto a estas expresiones, que aún en su cobarde pestilencia de clase, son positivas en tanto miran al país, se mueve otro pensamiento nacional, en el que pre-domina, mas que la literatura, el tema histórico y anticolonialista de combativa orientación critica. Y lo más resaltante es que esta literatura escatimada por los diarios, es leída con avidez por amplios y desconocidos públicos. Esta dicotomía, la existencia de una literatura nacional y otra antinacional, significa, por implicancia, la indagación sobre la esencia del escritor nacional. En esto no se puede andar con melindres,

¿Que es pues, un escritor nacional? Escritor nacional es aquel que se enfrenta Con su propia circunstancia, pensando en el país, y no en si mismo. Este es un hecho también condicionado por la historia donde el azar no cuenta. Si en 1955, con la caída de Perón, no se hubiese producido lo que Arturo Jauretche, en un libro profético, título EL PLAN PREBISCH (Retomo al coloniaje), la mayoría de los verdaderos libros nacionales aparecidos desde entonces y devorados hoy por millares de argentinos, no se hubiesen escrito,

Una literatura propia, larvada o desdeñada por las elites. ha existido siempre pero lo que por primera vez se ha dado, en lo que va de este siglo en la Argentina, es la pasión par los libros esclarecedores de la conciencia nacional. De no haberse operado este aciago retorno al colonialismo mis propios libros no hubiesen nacido.

Y esto testimonia que el escritor - ya se ha dicho-es un reflejo social de 1os impulsos positivos o negativos de las potencias laterales que gravitan sobre el a través del país verdadero. Aquel que se ufana de sus obras es un majadero o como dijera Fichte sobre los escritores. "El deseo de gloria es una vanidad despreciable" Todo libro anticolonialista, cualesquiera sea su éxito, es más bien un fruto acre.

Pues tales libros han manado de la desventura del país y no del narcisismo literario. Y si tal prestigio emerge, como es inevitable, de una obra áspera y critica contra las instituciones Y figuras representativas del coloniaje, mas que valimiento, acarrea sinsabores, odios perdurables y calumnias, solo compensadas por la fe en la patria avasallada,

Una fe, que es el único contrafuerte que puede oponerse al regulado aparato de 1a cultura colonial, cuya concertada y rencorosa reacción, es proporcional al peligro que el pensamiento nacional lleva implícito. Todo escritor nacional ha experimentado alguna vez, la sensación de un muro que lo asfixia y la interrogación concomitante acerca de si la lucha empeñada tiene un sentido que la justifique.

Mas no hay que dejar que la melancolía, haga su nido. en la cabeza. El poder de las ideas nacionales y sus efectos letales son mas destructivos de lo que el escritor nacional piensa. Y entonces, la lucha vuelve a vivirse como un baño saludable del espíritu, como un compromiso -el único tal vez- que compensa la vocación intelectual en un país colonizado. En verdad, el país colonial nos marca a todos. A unos por cobardes e infieles al pensamiento argentino, y a otros por lealtad al país.

Todo libro nacional, en el sentido, expuesto, es necesariamente polémico. Y cuando concuerda con las disyuntivas de un país, internamente sobresaltado por la historia, repercute de múltiples y contradictorias maneras. Pero tales libros van descalabrando a la "intelligentzia" cipaya. Esa "intelligentzia" tanto de derecha como de "izquierda", se irrita ante los escritores genuinamente nacionales que son, en tanto hombres amasados a su pueblo, la mala conciencia que le recuerda, como una voz interior, su deserción de las luchas del pueblo;

Mas que el escritor nacional en si mismo, lo que le resulta inadmisible, es que las masas argentinas representan no solo la alpargata (2) sino la Cultura Nacional. El liberalismo colonial les endilgo que eran ellos, mandarines una ficticia "elite" intelectual, los depositarios de esa cultura. Pero la cultura es colectiva, creación anónima del pueblo. No de los intelectuales. Y aunque es un signo favorable, en la Argentina actual, la creciente nacionalización de las izquierdas, aun no son revolucionarias, aunque algunos de sus intelectuales lean tardíamente EL HOMBRE QUE ESTA SOLO Y ESPERA de Raúl Scalabrini Ortiz. Todavía, aunque de otro modo, ellos, atascados en un callejón sin salida, también están solos y esperan, intermedios, en este tránsito avinagrado de su evolución ideológica, entre el país y sus angustias individuales, nihilistas, solitarias, tras las cuales lo que en realidad se debate es la crisis de la inteligencia argentina. Y pongamos punto final a este tema sobre los escritores.

Hay un pensamiento nacional y un antipensamiento colonial. Un escritor nacional tipo es Raul Scalabririi Ortiz. Un escritor colonial, más perfecto que una esfera musical en la mente de Pitágoras, es Jorge Luis Borges. De un Pitágoras que nunca existió.

Y en esto se parece a Borges, que ha caído en la farolería, de hablar de Pitágoras sin conocer la filosofía griega. En rigor, Borges, pájaro nocturno de la cultura "colonizada, desde el punto de vista del pensamiento argentino es mas fantasmagórico que

el Pitágoras de la leyenda órfica. Un Borges -ese "cadáver vivo de sus fríos versos' que dijera Lope de Vega- hinchado todos los días por la prensa imperialista y que ni siquiera merecería ser citado aquí, si no fuese porque es la entalladura poética de ese "colonialismo literario afeminado" y sin tierra al que hacemos referencia. Poeta del Imperio Británico, condecorado por Isabel II de Inglaterra, ha declarado hace poco: "Si cumpliese con mi deber de argentino debería haber matado a Perón" El desmán seria para reírse, si no fuese, como lo hemos expresado en otra parte, "porque detrás de estas palabras pierrotescas se mueven las miasmas oscuras del coloniaje. Así habla la 'inteligencia pura" este "ancestro hermafrodita de la poesía universal fuera del mundo que, como una orquídea sin alma, llora en la mayoría de sus poemas, su 'muerte propia' a la manera de Rilke. Todos hemos de morir. No es nuevo este tema de la muerte. Ya lo dijo Shakespeare: 'Tu le debes una muerte a la Naturaleza'. Mas es preferible, a la muerte dominical y exhibida, la muerte concebida por Walt Whitmann:

Todo va hacia adelante

y hacia arriba.

Nada perece

Y el morir es una cosa distinta a lo que algunos suponen.

¡Mucho mas agradable!

¡Si! Todos hemos de morir, Borges también. Y con el se irá un andrajo del colonato mental. A diferencia de ellos, bufones literarios de la oligarquía, mensajeros afamados del imperialismo, cuando a los grandes hombres de América les llega la hora de la muerte, en ese mismo supremo instante, la eternidad de la historia, la única y luminosa inmortalidad que le es dable esperar a la criatura humana en su tránsito terreno, Ios amortaja como una estela de gloria con las palabras de los verdaderos poetas nacionales "Hay una lagrima para todos aquellos que mueren, un duelo sobre la tumba mas humilde, pero cuando los grandes patriotas sucumben las naciones lanzan el grito fúnebre y la victoria llora "

Pocos mejor que Perón han destacado esta antitesis de lo nacional y lo antinacional en el pensamiento argentino.

A un gran político no le interesan las ideologías, palabra esta a la que Perón le da mas bien el sentido de teorizaciones muertas separadas de la practica, sino los resultados que una ideología anudada a la cuestión nacional, pueda reportarle al pensamiento argentino. Peron valora tales libros. Pero el juicio de un gran patriota tiene relevancia no con respecto a un escritor determinado, sino con relación a las ideas nacionales - o antinacionales que tales escritores promueven. y las ideas no caen del cielo. Pertenecen al país del cual el escritor las toma.

Perón, en las cartas que me ha enviado, lo que en realidad se ha propuesto es denunciar a la intelectualidad que ha desfigurado la cultura argentina, "hasta entonces -dice textualmente en una de ellas- servida en su mayoría por vendepatrias y cipayos".

Y en otro juicio: "Imperialismo y Cultura" (...) es un libro admirable en el que, por primera vez, se hace una disección realista de la política intelectual argentina, en el que la juventud argentina del presente y del futuro ha de encontrar una fuente pura en que beber, dentro de este mundo de simulación e hipocresía. Nada puede. haber mas importante ni mas imperativo, para un escritor de conciencia, que decir la verdad cuando todos intentan sofisticarla atraídos por las pasiones y los intereses. Los argentinos deberemos agradecer siempre a Ud., esas verdades que tan profundamente deben calar en la juventud de nuestra tierra, que representa el porvenir mismo de la patria".

"Pero la situación de la Republica Argentina no es un problema aislado ni una posición intrínseca: es la situación y el problema del mundo. Desgraciadamente, el mundo que nos esta tocando vivir, se debate, en un clima de falsedades impuesto por el ejemplo y la presión de los imperialismos dominantes que no pueden disimular de otra manera el estado de decadencia en que están cayendo. El mundo occidental que para mayor escarnio de la verdad se le ha llamado también 'el mundo libre', es solo un cúmulo de simulaciones, de valores inexistentes, donde la libertad que debería caracterizarlo es un mito ya insoportable y donde pareciera que lo único que considera sublime de las virtudes es su enunciado."

No faltarán papelistas pringosos, que dada mi conocida posición ideológica, le cuelguen a Perón el sambenito de "marxista". Perón se ríe de las ideologías, Ya lo hemos dicho. Si no hemos vacilado en transcribir sus palabras, es porque tales juicios deben ubicarse en el plano patriótico y no en el literario. y si, en otros trabajos del propio Gral. Perón, vuelve a silenciar mi nombre, tal cosa es accidental y su intención es referirse al pensamiento nacional como uno de los tantos instrumentos de la liberación. Por eso, Perón pone como símbolo de ese pensamiento nacional, a Raul Scalabrini Ortiz. Y a renglón seguido a un historiador, Jose Maria Rosa, de formación ideológica opuesta a la mía, aunque nos una, el mismo sentimiento de identidad, a la tierra.

Prueba evidente -insistimos una vez mas- que Perón mas que de hombres habla del pensamiento nacional en oposición al pensamiento antinacional y que la palabra "marxismo" no lo horripila, cuando de algún modo le sirve a un escritor argentino desprovisto de toda ambición humana, para servir a la patria.

*[De Nacionalismo y Liberación - Metrópolis y colonias en la era del imperialismo, 1969]



1. Recientemente {1969) ha sido designado, a más de caballero británico, doctor "honoris causa" por la Universidad de Oxford. Según Borges, su predilección por Inglaterra "proviene de (su) abuela materna". De este modo el cipayaje mental se disfraza de culto a los antepasados y de ejemplar conducta como aspirante al Premio Nobel galardón en el que hay que empezar a creer dada la orquestada e increíble propaganda desatada alrededor de su nombre.
2. ( refiere a ¡alpargatas si, libros,no!)
3. Enrique Pavon Pereyra: COLOQUIOS CON PERON; Esteban Pelcovich: HOLA PERON.

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